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Estados Unidos se queja de que interfieran en sus elecciones cuando lleva años haciendo lo mismo

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Article d’Owen Jones publicat a eldiario.es en col·laboració amb The Guardian:

Mientras escribo, el presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump –que pronto se convertirá en la persona más poderosa del mundo– está teniendo una rabieta en su cuenta de Twitter. Perder la aprobación popular puede ser devastador para el ego de un plutócrata intolerante, y las acusaciones de que el gobierno de Vladímir Putin intervino para ayudarlo a ganar las elecciones le están sentando fatal.

¿Será verdad que Putin intervino en las elecciones estadounidenses? Es absolutamente posible, aunque las pruebas de la CIA (que tiene a su vez un historial sospechoso) y el FBI se deben analizar detalladamente, al margen de lo que pensemos de Trump. Y si el establishment demócrata decide culpar a una potencia extranjera de la presuntamente impensada calamidad de una victoria de Trump, no estarán aprendiendo ninguna lección de su derrota.

Esto no significa que no se deba tomar en serio la supuesta interferencia del gobierno ruso. Putin encabeza un gobierno de derechas, corrupto y autoritario que persigue a la comunidad LGBT, que llevó adelante una guerra sanguinaria en Chechenia y que ha cometido crímenes espantosos en Siria, aliado con la dictadura de Bashar al Asad. Es un modelo a seguir para los populistas de derechas de todo Occidente, desde Trump hasta UKIP, desde el Frente Nacional francés hasta el Partido de la Libertad de Austria. Sus maniobras antidemocráticas deberían ser escudriñadas y condenadas.

Pero si bien los estadounidenses tienen todo el derecho a enfadarse por la presunta interferencia en su proceso político, también es cierto que se han visto en el espejo y la imagen debería inquietarles.

Estados Unidos es un líder mundial en el arte de intervenir en los asuntos internos de otros países. Y su interferencia va mucho más allá de hackear los correos electrónicos de los partidos que llevan las de perder. Según una investigación del politólogo Dov Levin, entre Estados Unidos y la Unión Soviética/Rusia han intervenido no menos de 117 veces en elecciones extranjeras entre 1946 y el año 2000, o “en una de cada nueve elecciones nacionales, competitivas y ejecutivas”.

De hecho, uno no podría comprender las relaciones actuales entre Estados Unidos y Rusia sin reconocer el papel que tuvo Estados Unidos en los asuntos internos de sus enemigos durante la Guerra Fría. Como escribió Stephen Cohen, después del colapso de la Unión Soviética, el trabajo de los asesores estadounidenses “fue nada menos que el de misioneros en una cruzada para transformar la Rusia postcomunista en una copia de la democracia estadounidense y del sistema capitalista”.

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En cuanto asumió Bill Clinton como presidente en 1993, sus expertos hablaron de “formular una política de tutelaje estadounidense” que incluía el desvergonzado apoyo partidista al presidente Boris Yeltsin. “Misioneros y evangelistas políticos, normalmente llamados ‘asesores’, viajaron por toda Rusia a principios y mediados de los años 90″, remarca Cohen. Muchos estaban financiados por el gobierno estadounidense. Zbigniew Brzezinski, antiguo consejero de Seguridad Nacional, decía que Rusia “estaba cada vez más cerca de una quiebra occidental de facto”.

Los resultados fueron, por decirlo suavemente, desastrosos. Entre 1990 y 1994, la esperanza de vida de los hombres y mujeres en Rusia cayó de 64 y 74 años respectivamente a 58 y 71 años. La escalada de la mortalidad fue “más grande que la de cualquier otro país industrializado en tiempos de paz”. Mientras se fortalecían los nuevos oligarcas, la pobreza y el desempleo no paraban de aumentar. Los precios subieron dramáticamente. Las comunidades quedaron devastadas por la desindustrialización, y se desmantelaron las protecciones sociales.

Para horror de Occidente, la popularidad de Yeltsin caía en picado al punto de que no se podía descartar un posible triunfo comunista en las elecciones de 1996. Yeltsin recurrió a los oligarcas, que utilizaron todos sus recursos para llevar adelante una campaña sin escrúpulos. Como escribió Leonid Bershidsky, fue “un suceso trascendental que socavó una democracia débil y llevó al surgimiento del régimen dictatorial de Vladímir Putin”.

Incluso se alega que, en 2011, el principal aliado de Putin –el entonces presidente Dmitry Medvédev– sugirió en privado que las elecciones estaban amañadas. Justo antes de las elecciones, a Rusia le concedieron un enorme préstamo del FMI, respaldado por Estados Unidos, que –como señaló en ese momento el New York Times– se esperaba que “ayudara al presidente Boris Yeltsin a ganar las elecciones”.

Yeltsin confió en los estrategas políticos estadounidenses –incluido un antiguo asesor de Bill Clinton– que tenían línea directa con la Casa Blanca. Cuando finalmente Yeltsin ganó, en la portada de la revista Time se leía: “Los yanquis al rescate: la historia secreta sobre cómo asesores estadounidenses ayudaron a Yeltsin a ganar”.

Sin el caos y las privaciones del gobierno de Yeltsin –apoyado por Estados Unidos–, probablemente no se podría haber consolidado el putinismo. Pero no se trata sólo de Rusia. El historial de intervenciones estadounidenses en los asuntos internos de otros países es largo.

Tomemos como ejemplo Italia en 1948: mientras se desplegaba la Guerra Fría, Estados Unidos temía que en Italia ganara las elecciones la coalición socialista-comunista. Se prohibió a los italianos que “no creyeran en la ideología de Estados Unidos” siquiera entrar al país, se orquestó una campaña de propaganda masiva que incluía hasta cartas a millones de estadounidenses de origen italiano. Y el Departamento de Estado lo dejó claro: si ganaba las elecciones el partido equivocado, “no habría más ayudas de Estados Unidos a Italia”. Los esfuerzos fueron un éxito. Fueron las primeras de muchas elecciones italianas que tuvieron interferencias de Estados Unidos.

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Otro ejemplo es la participación confesa de la CIA en el golpe militar de 1953 que derrocó a Mohamed Mosaddeq, presidente democrático y laico de Irán: el golpe se “llevó a cabo bajo instrucciones de la CIA, como un acto de política exterior estadounidense, concebido y aprobado por las más altas esferas del gobierno”, como luego confesó la agencia de inteligencia. No se puede comprender la revolución iraní de 1979 sin este golpe de Estado. ¿Y el derrocamiento asesino de Salvador Allende en Chile en 1973, a cargo de Augusto Pinochet y respaldado por la CIA?

Y hay ejemplos más recientes: el golpe de Estado contra Manuel Zelaya en Honduras en 2009. La entonces secretaria de Estado, Hillary Clinton, se negó a calificar la destitución de Zelaya como un “golpe militar”, porque eso hubiera significado la suspensión de la ayuda estadounidense que recibían incluso las Fuerzas Armadas hondureñas. En lugar de pedir la restitución del presidente Zelaya, Clinton pidió nuevas elecciones. La ayuda estadounidense, que incluía ayuda militar, siguió llegando a Honduras, aunque los disidentes eran reprimidos brutalmente, resurgían los escuadrones de la muerte y se recrudecía la violencia contra el colectivo LGBT. Y se llevaron a cabo elecciones injustas y boicoteadas a lo largo y ancho del país.

Chilean Army troops positioned on a rooftop fire on the La Moneda Palace 11 September 1973 in Santiago, during the military coup led by General Augusto Pinochet which overthrew Chilean constitutional president Salvador Allende, who died in the attack on the palace. Next 10 December 2007 marks the first anniversary of Pinochet's decease at the Military Hospital in Santiago, where he had been admitted a week before following a heart attack.   AFP PHOTO (Photo credit should read OFF/AFP/Getty Images)

Sin duda, las acusaciones de interferencia rusa en las elecciones presidenciales estadounidenses son alarmantes, pero también hay en juego una doble moral. Pareciera que para Estados Unidos sólo está mal intervenir en los procesos democráticos cuando las víctimas son ellos. Estados Unidos ha intervenido con total impunidad en los asuntos internos de muchos países. El día que se juzgue toda interferencia de igual forma –como un escándalo democrático, indigno de cualquier gran nación– será un gran día de verdad. 

Futbol i Revolució: “La dignitat soviètica contra Pinochet”

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FUTBOL PER LA LLIBERTATFastiguejat pel brutal negoci que aquests dies té lloc a Brasil i a la campanya mediàtica realitzada en els darrers mesos per esborrar crítiques al gran esdeveniment del món del futbol, volia recordar el llibre ‘Futbol per la llibertat’ de Ramon Usall (Barcelona, 1977), una interessant  reflexió sobre el paper que aquest esport ha jugat en el combat per la llibertat dels pobles, la justícia social i contra el colonialisme. En concret, gràcies a diferents capítols d’aquest llibre voldria en les properes setmanes dedicar algunes entrades a evidenciar que el futbol no només ha estat al servei dels totalitarismes sinó que, en més ocasions de les que a priori podríem pensar, s’ha posat al servei de causes justes i nobles com ho són la lluita contra el racisme, contra el colonialisme,  la revolució o per la llibertat dels pobles.

Comencem per “La dignitat soviètica contra Pinochet“, article del mateix Ramon Usall aparegut a l’Esportiu a l’any 2012:

“El 1970, Salvador Allende, el candidat de la Unitat Popular, arribava a la presidència de Xile. Era el primer govern marxista que accedia al poder mitjançant unes eleccions democràtiques en una Amèrica Llatina enlluernada pel far que havia representat la revolució cubana del 1959. La Unitat Popular, malgrat l’oposició dels poders fàctics, va començar a canviar la cara del país i, fins i tot, va aconseguir recuperar la grandesa perduda del futbol xilè.

L’última gran fita xilena en matèria futbolística datava del 1962, quan en el mundial que es va disputar al seu territori, Xile va aconseguir arribar a les semifinals. Des d’aleshores, el futbol nacional no havia tingut cap participació mundialista ni cap fita ressenyable en l’àmbit de clubs. La cosa va canviar el 1973. El Colo-Colo de Santiago, l’equip més popular del país, va arribar a la final de la copa Libertadores, que va perdre contra el gran Independiente argentí després d’un partit de desempat disputat a Montevideo, i la selecció xilena estava a les portes de classificar-se per a un altre mundial després d’haver derrotat el Perú i haver-se guanyat el dret a disputar una darrera eliminatòria contra l’URSS que havia de dirimir qui obtenia l’última plaça que donava accés a la disputa de la fase final de la copa del món del 1974.urssxile5

Les reformes radicals impulsades pel govern de la Unitat Popular, i que havien tingut un impacte innegable en el futbol, es van veure, però, truncades l’11 de setembre del 1973. Després de mesos de tensió entre partidaris i detractors del govern, que es manifestaven de manera recurrent pels carrers de Santiago, el setembre del 1973 el general Augusto Pinochet va encapçalar un cop d’estat d’extrema dreta liderat pels sectors més conservadors de l’exèrcit i beneït per l’administració nord-americana. Al Palacio de la Moneda, al cor de Santiago, el president Allende preferia suïcidar-se a veure’s forçat a la rendició i l’exili davant els militars facciosos.

El nou govern colpista, encapçalat pel general Pinochet, es va estrenar amb una persecució sistemàtica contra la dissidència. Comunistes, sindicalistes, activistes polítics, demòcrates, opositors al cop d’estat… tots van ser víctimes de la repressió desencadenada per l’exèrcit xilè. El règim concentrava les desenes de milers de detinguts polítics en camps de concentració com l’Estadio Nacional, el més important dels centres de reclusió d’opositors.

Aquest estadi havia estat un fidel reflex de l’evolució de Santiago, on va ser construït el 1938, i del conjunt de Xile. Poc després de la seva estrena havia servit com a centre d’acollida de refugiats europeus que fugien de la Segona Guerra Mundial i, a posteriori, havia acollit actes de tota mena. Des de concerts a esdeveniments polítics passant per la seva funció principal, la de terreny de joc de la selecció xilena i del club Universidad de Chile, rival ciutadà del Colo-Colo.

urssxile4Durant les vuit setmanes posteriors al cop d’estat de Pinochet, l’Estadio Nacional va servir de camp de concentració i de centre de tortura dels opositors al cop d’estat feixista. Milers de persones hi van ser congregades (les fonts assenyalen que van ser entre 12.000 i 20.000 els presoners que s’hi van aplegar) en condicions de vida infrahumanes, subjectes a la tortura sistemàtica per part dels militars colpistes, mentre familiars i amics s’aplegaven fora per tenir notícies dels seus éssers estimats desapareguts.

El Nacional no va ser, però, l’únic estadi que va servir de camp de concentració. L’Estadio Chile, també situat a Santiago, va desenvolupar la mateixa funció i allà hi va ser detingut, torturat i assassinat el cantautor Víctor Jara, que des del 2004 dóna nom a l’estadi on va patir el seu martiri. Enmig d’aquest clima de repressió, la selecció xilena, que havia obtingut el dret a lluitar per l’última plaça que donava accés al mundial del 1974 durant la presidència d’Allende, va disputar l’última eliminatòria contra l’URSS.

urssxile3El partit tenia una càrrega política evident, ja que la Unió Soviètica havia estat una ferma aliada de la Unitat Popular de Salvador Allende i, el mateix 1973, havia proveït el govern xilè amb abundant material militar de fabricació soviètica. El partit d’anada, que es va jugar a l’Estadi Lenin de Moscou el 26 de setembre del 1973, amb el cop d’estat feixista a Santiago encara calent i amb un clima de repressió desmesurada, es va saldar amb un empat a zero. La voluntat del govern de Pinochet de disputar el partit de tornada a l’Estadio Nacional de Santiago va desfermar la indignació internacional, ja que aquest mateix recinte servia encara de camp de concentració i de centre de tortura a les forces colpistes. La Unió Soviètica, la RDA, i alguns dels seus aliats a l’Àfrica i l’Àsia van reclamar a la FIFA que traslladés el partit, previst per al 21 de novembre, a un terreny neutral per la situació de vulneració flagrant dels drets humans que es vivia a Xile.

L’octubre del 1973, la FIFA va enviar una missió a Santiago de Xile que va realitzar un dels informes més vergonyosos que ha encarregat mai aquesta institució. Els enviats de la FIFA, en una complicitat evident amb les autoritats colpistes xilenes, van redactar: “[A l’Estadio Nacional] no hi ha presoners sinó únicament detinguts de qui cal aclarir la identitat. L’estadi està sota custòdia militar i només s’hi pot entrar amb un passi especial. A l’estadi tot té una aparença normal i els jardiners estan treballant als jardins. Els seients i el terreny de joc estan buits i els detinguts que hi queden estan als vestidors i a les altres dependències interiors. La gespa està en perfectes condicions així com les grades. Fora de l’estadi hi havia aproximadament 50-100 persones esperant notícies dels seus familiars encara detinguts.”

Fruit d’aquest informe, la FIFA, fent gala de la seva tradicional sensibilitat, va decidir mantenir el partit a l’Estadio Nacional per al 21 de novembre del 1973.

La Unió Soviètica va urssxile2manifestar de manera molt clara la seva posició en un telegrama al president de la FIFA, Stanley Rous, el 27 d’octubre del 1973 en què anunciava que els futbolistes soviètics no jugarien en una gespa tacada de sang com ho estava la del Nacional: “És sabut que com a resultat del cop d’estat feixista contra el govern legal d’unitat nacional, a Xile s’hi viu una atmosfera sagnant de terrorisme i repressió, l’Estadio Nacional on suposadament s’ha de jugar el partit ha estat convertit per la junta militar en un camp de concentració escenari de tortures i execucions de patriotes xilens. Els esportistes soviètics no poden jugar en un estadi tacat amb la sang de patriotes xilens.”

La resposta de la FIFA va estar mancada de tota sensibilitat, ja que es va limitar a recordar als soviètics que en cas que una selecció no es presentés a un partit sense causa justificada se li donaria per perdut.

L’URSS, per dignitat antifeiurssxilexista i per solidaritat amb el poble xilè, va decidir no presentar-s’hi. Malgrat tot, la federació xilena va organitzar una farsa de partit a l’Estadio Nacional, el 21 de novembre de l1973, on a pesar que l’equip soviètic no hi era els xilens van sortir a jugar i van marcar un gol vergonyós sense rival, que va permetre a Xile obtenir el passaport per al mundial del 1974. La dictadura feixista de Pinochet, doncs, seria present en la copa del món d’Alemanya. Allà, els seus partits van ser escenari de múltiples protestes protagonitzades per exiliats xilens i militants internacionalistes contraris al cop d’estat. En aquell mundial, els xilens van perdre contra l’Alemanya federal, van empatar amb la RDA i Austràlia, i van tornar a casa gairebé només començar…”