Santiago Vidal

El gran culebró per Jordi Évole

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dimarts  24 gener 2017 20 02  Bruselas FOTO  ACN   Laura Pous El president de la Generalitat  Carles Puigdemont  durant el seu discurs al Parlament Europeu el 24 de gener a Brussel les  horitzontal

De nou, en Jordi Évole, la clava i diu allò que els mitjans al servei del poder amaguen dia rere dia…

Quines ganes que tinc de baixar-me l’última temporada de la sèrie que ho està petant a Catalunya: ‘El procés’. Estic en suspens. A sobre, aquesta setmana els guionistes s’hi han esforçat molt. Hem vist grans episodis:

–El de ‘Jo pregunto a Puigdemont‘, amb polèmica posterior per saber qui eren els figurants que es van atrevir a preguntar el que van preguntar.

–El del ‘Viatge a Brussel·les del trio ‘La la land’, un èxit de públic i de crítiques.

–El titulat ‘Secrets a crits’, protagonitzat per Santi Vidal, actor que va entrar en el culebró avançada la sèrie, i a qui han hagut de matar per excés de protagonisme, i potser de transparència. El capítol se l’han descarregat molt fora de Catalunya.

–I el més recent, ‘Sí condicional de la CUP‘, els membres de la qual han passat de ser colpejats en manifestacions a ser colpejats en tertúlies, i a qui els guionistes més convergents (i fins i tot alguns republicans) han volgut matar en més d’una ocasió, però els directors de la sèrie no volen perquè tenir-los en pantalla els fa arribar a un públic difícil, dels que no veuen la tele, i ara mateix són imprecindibles per mantenir El procés a la graella televisiva. El més curiós és que els actors de la CUP vulguin seguir participant en una sèrie tan comercial.

EL PROCÉS, TEMA SECUNDARI

A mi l’episodi ‘Jo pregunto a Puigdemont‘ em va agradar pel component imprevisible. Vaig haver de pessigar-me unes quantes vegades per verificar que el que estava veient ho estaven emetent en directe per TV-3. Les meves sensacions van ser semblants –no superades– al dia que TVE va retransmetre la Gala dels Goya del ‘No a la guerra’. En aquest capítol apareixien ciutadans anònims preguntant al president per coses que no tenien res a veure amb el procés. Que si l’atur, que si la sanitat, que si l’educació… Gairebé ni semblava un episodi de la sèrie. És el que té deixar el culebró en mans poc professionals. Això sí, felicito els periodistes de TV-3 que van escaletar els temes dels quals es parlaria i van aconseguir aquest ordre. I em pregunto: ¿algun periodista hauria fet una entrevista a Puigdemont en què el procés fos tema secundari? Potser és que, al no ser –com sí que ho eren alguns dels ciutadans– experts ni en sanitat, ni en educació, quan entrevistem un governant preferim l’argumentari polític, que curiosament és el que interessa al governant.

FINAL D’INFART

Però aquest capítol va ser una raresa. De seguida va venir el de la conferència de Brussel·les, i el que ens va interessar destacar van ser coses com: ¿Quants europarlamentaris hi van assistir? ¿El públic estava comprat? ¿La conferència va ser un èxit o un fracàs? O sigui, els temes que donen ritme al culebró. Diuen que aquesta temporada serà d’infart. Fins i tot que el final és tan fort que potser fins i tot ve un jutge i en prohibeix l’emissió. Una garantia que augmenti la parròquia d’un culebró que no té fi. I que entreté molt, aquí i allà.

“Santiago Vidal” per José Maria Mena

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La molt recomanable “La Lamentable” ha publicat fa un parell de setmanes un article  de José María Mena, Ex Fiscal en cap de Catalunya i un dels fundadors de l’associació Unió Progressista de Fiscals, dedicat a reflexionar sobre la situació del magistrat de Barcelona Santiago Vidal, expulsat de la judicatura per haver redactat una Constitució per a la República de Catalunya independent. Comparteixo plenament la seva reflexió, feta pocs dies abans de la seva expulsió, i per això aquí us la ofereixo…

“El magistrado de Barcelona Santiago Vidal podría ser expulsado de la judicatura por haber redactado una Constitución para la República de Cataluña independiente. En realidad lo que hizo fue participar en el estudio jurídico de los criterios o principios que podrían regir una hipotética Constitución en una imaginaria Cataluña independiente. La repuesta del Consejo General del Poder Judicial ha sido fulminante. Se le ha abierto un expediente disciplinario que podría concluir con su expulsión de la judicatura.

El retorcido argumento del Promotor de la acción disciplinaria (una especie de inquisidor permanente creado por Gallardón) es que Vidal ha incurrido en dos faltas disciplinarias muy graves. Dice el Promotor que “todos los magistrados tienen la obligación de abstenerse de ejecutar cualquier actuación que ponga en peligro valores o principios constitucionales”. Según el criterio inquisidor el estudio teórico de Vidal pone en peligro “la dignidad, integridad e independencia del Poder Judicial” que es un valor constitucional. Obsérvese el retorcido galimatías argumental. Se imputa a Vidal atentar contra la independencia judicial por participar en el estudio jurídico de una hipotética Constitución para un país imaginario que para él es deseable, lo cual es, desde luego, democráticamente respetable y jurídicamente inocuo. Se añade a este pretendido atentado una supuesta indignidad en la función judicial. Esta descalificación sin el más mínimo soporte de datos, tiene un contenido de reproche ético que es de todo punto inaceptable. Es un insulto gratuito. El magistrado Vidal en esta ocasión, y a lo largo de su trayectoria profesional, ha dado muestras permanentes de una absoluta dignidad que nadie puede salpicar con imputaciones vacías.

Como el argumento fundamental es absolutamente difuso, impreciso, ideológico y predeterminado a su objetivo inquisitorial, se ha buscado otro argumento más simple y burocrático. Además, según el Promotor, todo esto lo habría hecho Vidal sin pedir la preceptiva autorización al Consejo General del Poder Judicial. En efecto, para realizar estudios jurídicos los jueces y magistrados deben pedir la autorización del Consejo. Pero eludir esta autorización constituye una falta que no lleva aparejada la expulsión. Por eso han tenido que ingeniar la principal acusación: Un juez español no puede ni siquiera pensar en una Cataluña independiente.

Sin embargo, otros magistrados también realizan estudios jurídicos sin previa autorización del Consejo General del Poder Judicial, y no pasa nada. El Presidente del Tribunal Superior de justicia de Madrid, y unos cuantos jueces más, han participado en un estudio sobre informatización de su oficina judicial, a cambio de unas suculentas retribuciones de una empresa privada, según informan los medios de comunicación. Sólo a partir del escándalo que provocó la noticia, el Consejo se ha visto obligado a pedir información sobre algo que ya sabían todos, porque era notorio y además ansiado por muchos.

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El referido presidente tiene entre sus funciones, como Presidente de la Sala de Gobierno del Tribunal, la de estudiar y proponer las medidas necesarias para la mejora de la Administración de Justicia. O sea, que los estudios para la informatización de los tribunales y juzgados madrileños eran y son una parte fundamental de sus funciones. Para eso le paga el Estado. No puede pagarle un sueldo complementario una empresa privada por una actividad oficial.
Resumiendo: a unos magistrados se les ha tolerado una actividad de estudio jurídico directamente relacionado con su función y su cargo, retribuido por una empresa privada, sin que esto se tache de indignidad, y todo ello sin la previa autorización del Consejo. A otro magistrado se le fulmina por realizar un estudio jurídico teórico sobre una materia que no roza su función jurisdiccional, ni es imaginable que pueda afectar a su imparcialidad en los casos concretos que debe juzgar.

La diferencia entre ambos casos es palmaria, y casi avergüenza tener que escribirla: Si Santiago Vidal hubiera participado en la redacción de una reforma constitucional de contenido no independentista, por muy radical que fuera, por muy federalista que fuera, lo más que le habrían imputado es la falta burocrática por no pedir la preceptiva autorización previa. Pero su gran pecado, el imperdonable por el que se permite el inquisidor imputarle indignidad y violación de la independencia judicial, es la reflexión jurídica y democrática sobre la hipótesis de una Cataluña independiente, en la que, como él, sueña también una respetable cantidad de ciudadanos de Cataluña.

Es inaceptable cualquier persecución por causa de las utopías, los sueños, las ideas, aunque discrepemos de ellas, cuando se expresan de forma pacífica, civilizada y democrática. Santiago Vidal, con su estudio, y con su ideal independentista, no ha quebrantado su lealtad a la suprema ley hoy vigente en España, no ha violado su deber de independencia judicial, no ha cometido ninguna conducta indigna. La grave amenaza que se cierne sobre él es injusta, contraria a los principios democráticos, y además, inútil”.