Pasqual Maragall

Entrevista a Guillem Martínez: “La gran ilusión”

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guillem1 Ja fa un temps que segueixo les reflexions del periodista català Guillem Martínez. Habitualment comparteixo força les mateixes i si no és el cas valoro com molt interessants i necesssàries aquelles amb les que discrepo. Aquest novembre ha publicat el llibre “La gran ilusión” que malauradament ha estat silenciat per tot l’entorn mediàtic “oficialista” que acompanya el procés independentista. Us deixo una entrevista que li van fer fa uns dies a El confidencial:

Y Guillem Martínez (Cerdanyola, 1965) volvió a coger su fusil. Tras varios años buscando las cosquillas a la Transición y a la errática cultura generada por la misma, el escritor y periodista (‘El País Cataluña’, ‘CTXT’) ha decidido coger el toro independentista por los cuernos… y que sea lo que dios quiera.

En ‘La gran ilusión (Debate, 2016) vuelve a hacer una demostración de heterodoxia al tratar con escepticismo (y humor) el choque de trenes entre España y Cataluña. Como si lo que se cociera por debajo tuviera poco o nada que ver con lo que leemos habitualmente en los inflamados periódicos a ambos lados de la frontera. O el gran teatro político del tormentoso matrimonio hispano-catalán.

PREGUNTA. Escribe que el ‘Procés’ tiene más de propaganda que de realidad. ¿Cómo le explica esto a alguien que viva alarmado por el quilombo mediático y político que genera el ‘Procés’ desde hace varios años?

RESPUESTA. Que, simplemente, se alarma por otra escuela de propaganda. Los ejes comunicativos del Govern y del Gobierno, durante los últimos años son, respectivamente, que existe un ‘Procés’ imparable hacia la independencia, sabiamente gestionado por un Govern -que, por cierto, al menos esta mañana a primera hora aún no ha legislado nada al respecto-. A su vez, por reacción a ese ‘Procés’, España se resquebrajaría ‘à gogó’, si no fuera porque hay un gobierno fuerte que no sólo practica las reformas que España necesita, sino que, por el mismo precio, defiende la democracia, la soberanía -la que no defiende en Bruselas, se supone-, la Unidad Nacional y bla-bla-bla.

Recordemos que, por ejemplo, uno de los argumentos para hacer puré al PSOE y, en ese trance, que apoyara a Rajoy, era que Cataluña se estaba independizando encima. Recuerden, en fin, que la independencia inapelable de Cataluña estaba prevista, por parte de los grandes ideólogos del ‘Procés’, para 2014. Relativicen siempre, en fin, los discursos gubernamentales, y miren con cara de póquer sus elisiones.

P. Casi todo el mundo interpreta el ‘Procés’ como un objeto desestabilizador, pero usted escribe que “ha servido para controlar la crisis de régimen en Cataluña”. O sea, que más que desestabillizar, estabilizaría. ¿En qué sentido?

R. En su sentido más peronista. El ‘Procés’, antes que un movimiento político -para el que, como su nombre indica, son necesarias políticas-, es un movimiento de fe. Consiste en creer, sin pruebas, que el Govern está haciendo lo que dice. Y en dejar de observar lo que hace. ¿Qué hace? Está haciendo, con menor soberanía y poder, lo que cualquier gobierno en el Sur. Austeridad y postdemocracia. Pero con una cohesión social mayor, y una erosión política menor que la que sufren otros Gobiernos. Sí, en la Península, al parecer, no existe la erosión gubernamental -Madrid, Andalucía, o el Gobierno Central pueden ser la prueba-. Pero yo diría que en Cataluña, gracias al aplique ‘Procés’, aún menos.

Quizás la aportación del ‘Procés’ sea eso. Un peronismo inesperado en Europa. Lo que tiene gracia. Todo el mundo observaba a Errejón a ver si se sacaba de la chistera un Perón y chorrocientos descamisados, y van y se lo saca, zas, el catalanismo conservador -sí, participan en él otros catalanismos, pero la música y la letra son del catalanismo conservador-. La ANC -Assemblea Nacional Catalana- es, en ese sentido, una institución única en Europa. Hay algo parecido en Polonia, pero es abiertamente fascista, algo que, desde luego, la ANC no es. Ni siquiera Trump tiene algo parecido a la ANC, una organización progubernamental, bastante popular, que une a la sociedad en torno a un gobierno. Y que evita su desgaste, le da la razón, le disculpa, le apoya. Fabrica días históricos/domingos peronistas.

Sobre el componente desestabilizador del ‘Procés’. El tema territorial ha sido la única divergencia, el único mal rollo permitido en los últimos 40 años. En detrimento de otros temas, como la propiedad, la calidad democrática, la corrupción. En tanto que tema único, tiene componentes estabilizadores, pero también  desestabilizadores. Verbigracia: la Unidad Nacional esa está representada en el rey. Si se rompe, el rey pasaría a mejor vida -literalmente: tendría que irse a vivir, como un pachá a, pongamos, Barbados, sin el engorro de tener que inaugurar el Año Judicial después del almuerzo, por ejemplo-. Sería desestabilizador, en fin, un proceso efectivo de indepe o, incluso, de mucho menos, un proceso efectivo de reparto de la soberanía del Estado con otras entidades, como el Estado federado, o el Municipio. Por lo que yo sé, no se está produciendo ninguna de esas dos cosas.

lagranilusionP. ¿Qué papel ha jugado la construcción léxica en el ‘Procés’?

R. Ha sido fundamental. Ha creado un nuevo tipo de emisión y recepción de mensajes políticos. No sé. Yo digo buenos días en un mitin de CDC o de ERC, y no pasa nada. Lo dice un cuadro indepe, y todo el mundo entiende que habla de indepe. Los palabros del ‘Procés’, por otra parte, son únicos en el mundo mundial, lo que tendría que ser una orientación de que no son traducibles, por lo que tienden a ser un bien para el exclusivo consumo interno. Palabras sencillas y nítidas como un botijo, tales como “autodeterminación”, han sido sustituidas por alocuciones largas y de significado, por tanto, dudoso y manipulable desde el poder. Como “derecho a decidir”. ¿Qué diablos debe de significar eso? ¿Decidirlo todo? ¿Lo que te digan?

P. ¿Cuáles son sus palabras favoritas del ‘Procés’?

R. “Crear-estructuras-de-Estado” es la monda. ¿Qué significa? Supongo que lo que te digan. En todo caso, la Generalitat está fabricando, desde 2012, estructuras de etc. como si no hubiera un mañana. Por lo que Cataluña, ahora mismo, debería tener más estructuras de Estado que el Valle de los Reyes.

“Referéndum” pasa a ser “consulta”, un palabro que solo existe en España es decir, glups, en su cultura democrática -de todos, snif, conocida-. “Independencia” pasa a ser “Estado propio” -lo que no es mucho; Baviera, Arkansas lo son; y Jalisco; y Jujuy; Cataluña lo ha sido en varias ocasiones, por cierto; Cartagena, o Jerez, o Cádiz, o Alcoi, pues también-.

“Desconexión” es mi favorita, sin duda. Suple a “independencia”. Es decir, la omite. Y no existe en ningún tratado internacional, por lo que vete a saber lo que significa. Ningún territorio, salvo en algún soneto, ha desconectado de un Estado en la historia de la Humanidad ¿Cómo se desconecta un territorio de un Estado? Al parecer, no por las vías tradicionales por las que se independizan Estados menos civilizados, al parecer, que Cataluña, como EE.UU, la India o Irlanda. El Govern, en todo caso, va señalando lo que es o no desconexión. Es decir, va depurando su significado. Periódicamente, va informando que, si no se produce, no es por culpa suya, sino por culpa del Estado. Lo que tiene guasa. No me imagino a Jefferson diciendo al pueblo norteamericano: lo siento, recojan el té del agua, que el rey George no quiere que nos desconectemos.

“Desobediencia” es otra palabra que está subiendo enteros. Ninguna autoridad catalana ha desobedecido. En el trance de ser llevados a juicio por ese delito, por parte de un Estado un tanto gore, han intentado demostrar que la desobediencia jamás ha estado en su ánimo y acción. Lo que, me temo, es cierto. La desobediencia es el sello, diría, del Procés. Si se produjera -si la Gene y la sociedad, verbigracia, optaran por el impago de impuestos al Estado- sería la señal de que el ‘Procés’ existe. Anyway. La gran palabra de ‘Procés’ es, ahora que lo pienso, ‘Procés’. Se ha convertido en un sinónimo de “independentismo”, cuando no está claro -nada claro- que lo sea. De hecho, la tradición independentista catalana tiene poco que ver, culturalmente, con el ‘Procés.’

P. Asegura que CiU hubiera tenido problemas para refundarse/sobrevivir sin el ‘Procés’. ¿Por qué?

R. CiU es un partido que había sido, ojo, ponente constitucional. Su compromiso con el Régimen del 78 ha sido más allá del deber. Posteriormente a 2010, CiU, en el Congreso, votó como una posesa la austeridad y la contrareforma. Paralelamente a ello, los casos de corrupción -si no su tradición corrupta- se fueron desvelando con mayor violencia. En parte -caso Pujol-, por los chivatazos del Estado -si uno lo piensa fríamente, la mayor consecuencia política del Procés es que el Estado ha dado por roto su pacto histórico con CiU, de manera que ha filtrado informaciones sobre CDC que se cuida mucho de filtrar sobre otros partidos-. Por otra parte, CiU, junto con PP y PSOE, está relacionada con el despiece del Estatut de 2006 -la casilla de salida del ‘Procés’-.

De hecho, Mas pactó con ZP en Moncloa pelarse la financiación proto-federal de aquel Estatut y la incorporación del palabro nación, a cambio de que ZP, ese filántropo, le diera una patada a Maragall y asegurara a Mas la presidencia. Cuando por fin accedió a Presi, inició la austeridad antes e, incluso, con mayor violencia social, que el Gobierno. En el momento inicial de los recortes, con la Llei Omnibus -posiblemente inconstitucional, si bien al TC, por lo visto, le ponen otras posibilidades de anticonstitucionalismos-, la sociedad sufrió recortes superiores, en aquel momento, a los de Grecia, que se dice rápido. En 2012, cuando CDC abraza el Procés, era un Gobierno corrupto, quemado y sin futuro. Y mira. Ha tenido tiempo hasta para refundarse precariamente; diría que al cuadro y al votante le va una CDC más católica, dura y liberal que la reformulada; ya llegará, supongo-. Incluso hubiera tenido tiempo de aprender a nadar o sánscrito. El ‘Procés’ le ha quitado presión y responsabilidad.

P. ¿No es Artus Mas un independentista de corazón?

R. De corazón, hasta Miss Alicante está en contra de que los niños lloren de hambre y frío. Por otra parte, la cultura de Mas no encaja con la cosa indepe. Con el conflicto. A menos que la cosa indepe se module para encajar en él. Posiblemente es lo que está pasando. Se ha creado una cultura indepe XS para millones de Mas, que se contentarían con cambio de financiación, con el reconocimiento como nación, y con que las izquierdas tuvieran dolor miserere. Si el Estado no mete la pata -visto lo visto, Cataluña sólo será indepe si el Estado la mete hasta el cuello, algo que está empezado a hacer; se está erosionando al optar por solucionar un problema político por la vía penal, en plan Proceso de Burgos-, me temo que el final del viaje será solucionar ese par de temas. Financiación y ‘nació’. No lo del miserere, que de eso se encarga la Divina Providencia.

No es mucho para un Estado. Pero, por ahora, es un cambio cultural inasumible para este Estado, me parece, obsesionado por conceptos preconstitucionales, que se incorporan a la Consti vía tradición aconstitucional, vía la Ley de Reforma Política. Como es el caso del concepto Soberanía Nacional. O, no viene al tema, o sí, la monarquía.

P. Hace tiempo escribió que la relación de la CUP con la antigua CiU podía acabar en desgracia, a lo novela de Marsé: “Algo pasa entre CUP y Junts pel Sí. Posiblemente, pasa lo que siempre pasa en una novela de Barcelona. Charnego se enrolla con pija y, en el tercer acto, se produce una brutalidad inaudita protagonizada por señores de Barcelona que se han pasado los dos actos anteriores riéndole las gracias al Pijoaparte”. ¿Cuál es la situación ahora del pijoaparte en el Procés?

R. Si esto fuera una novela de Barcelona, a la CUP le rompieron las piernas cuando la investidura de Puigdemont, de manera que ahora camina como un ‘breakdancer’. ¿Cuál es la situación de la CUP? En el trance de permitir gobernar a guién permitió gobernar, perdió -es preciso señalarlo- menos dignidad que el PSOE. No obstante, diría que ahora está de oyente. Endiña algún preciosismo testimonial de izquierdas en el discurso oficial y, parece ser, votará los presupuestos. Y aquí se ha de señalar que no es importante votar los presupuestos en una autonomía, mucho menos si está intervenida. En defensa de la CUP se debe de señalar que tiene el mismo problema que otras izquierdas peninsulares. No le sienta bien la institucionalización. No se orienta. Choca con el tempo institucional. O no lo comprende. No ha encontrado en las instituciones el mojo. Lo que es un asunto que nos debería inquietar a los que esperamos algún cambio político-institucional en nuestra biografía. O, al menos, cada 90 años.

P. Colau y los comunes se han lanzado a disputar el relato del independentismo. ¿Quién va ganando esa batalla?

R. Por ahora, no es una batalla, diría. Es una ‘drôle de guerre’. Nadie se emplea a fondo en ella aún. Quizás un poco más ERC, la sucesora, no se sabe hasta qué punto -deiológico- de CDC. Sería deseable que la batalla no fuera por el Procés. Sino contra él. La situación catalana sólo se soluciona con un referéndum. Y el 80% de la sociedad catalana está, al parecer, por él. Hay más pro-referéndum, se diría, que indepes. El propio hecho del referéndum sería una ruptura política, la jubilación de conceptos como el de Soberanía nacional, que arrastramos desde la I Restauración. Sería deseable que la batalla fuera por ese referéndum. Contra el Estado que lo niega, y contra el Processisme que lo instrumentaliza y lo rentabiliza, que sabe que nunca jamás habrá referéndum bajo sus elementos de presión, que son meramente folclóricos -manis de varios millones un día al año, consumo de productos con estelada-.

Es preciso que los políticos expliquen si ese referéndum es posible, que expliquen cómo acceder a él, y si quieren acceder a él. Que expliquen su precio. Que dejen de decir, cada 18 meses, que eso se soluciona en 18 meses. Que digan, si es el caso, que son 18 años. Que digan, si es el caso, que no pueden, o no quieren. Que dejen de decir que si todos lo deseamos con fuerza, se hará realidad, como en una peli de baseball, que traten a la sociedad como adulta. El Procés es una bicoca para los políticos. Les otorga honor y estabilidad a cambio de nada, de palabras, de una declaración reiterada de intenciones. Sería deseable que lo comunes no se incorporan a esa dinámica, que no asumieran el Procés como política, sino como su aplazamiento. Que renunciaran a esa zona de confort para los políticos, esos mamíferos que buscan, de manera innata, zonas de confort.

La movilización mediática en contra de Podemos

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Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 17 de marzo de 2016.

Este artículo denuncia la movilización de prácticamente todos los mayores medios de información del país para desacreditar y destruir a Podemos, atribuyéndole el hecho de que hoy no haya un gobierno de coalición alternativo al gobierno Rajoy.​

Hemos estado viendo estos días una enorme movilización de los mayores medios de información del país en contra del partido Podemos, en una campaña de descredito (en la que la mentira y la manipulación son prácticas comunes) que carece de las mínimas reglas de deontología que deberían caracterizar la labor de estos medios.

Es cierto que esta campaña no es nueva. Desde que apareció Podemos, tal partido ha tenido muy mala prensa. En realidad, la mayoría de esos medios consisten en diarios de escasísima diversidad, lo que muestra que España ha alcanzado unos niveles intolerables de casi dictadura mediática.

Soy consciente de que la utilización de este término –dictadura mediática- para definir la situación en este país será percibida, en amplios sectores de la intelectualidad española, como una exageración, subrayando que la situación en España es comparable a la de los países de la Unión Europea o Norteamérica, observación que parece mostrar su desconocimiento, cuando no ignorancia, de lo que ocurre en aquellos países.

Desde que, por razones políticas, tuve que dejar España en el año 1962, viví en Suecia, en el Reino Unido y en EEUU, habiendo viajado e impartido docencia en muchos otros países a los dos lados del Atlántico Norte. Y si bien es cierto que en la mayoría de tales países los medios de información escrita suelen estar en el espectro político desde el centro a la derecha, también es cierto que en casi todos ellos hay también una minoría que son de centroizquierda o izquierda, lo que asegura la calidad de la información, pues tal variedad ideológica permite contrastar dicha información, garantizando una vigilancia y crítica de la manipulación y falta de veracidad en los medíos. No así en España. En realidad, la diversidad ideológica de los medios es limitadísima, mucho más limitada, por cierto, que la que hay en la supuestamente “horrible dictadura” impuesta por el gobierno venezolano, la cual, según el Sr. Felipe González, es peor que la dictadura del General Pinochet en Chile. Y, sin embargo, hay más prensa escrita de derechas (la mayoría) en Venezuela que prensa escrita de izquierdas en España (ni una).

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El caso de El País

El País en sus orígenes intentó ser un rotativo progresista de centro, abierto a las izquierdas. Pero hace ya tiempo que dejó de serlo, pasando a ser un instrumento propagandístico con clara animosidad hacia las izquierdas, alcanzando niveles que rompen con las mínimas reglas de decencia periodística en sus informaciones. Y yo lo he vivido en carne propia.

Cuando el dirigente de Podemos, Pablo Iglesias, vino a dar su primer discurso en la Vall d’Hebron, en un pabellón lleno a rebosar, sorprendió ver en la audiencia nada menos que a Pasqual Maragall, que había sido alcalde de Barcelona y más tarde Presidente de la Generalitat, y con el cual me une una gran amistad que se remonta a los años cincuenta. Su entrada en el auditorio generó una enorme ovación, que duró varios minutos. Y la sentí y la vi, pues estaba sentado próximo a Pasqual Maragall. Así lo oyeron los asistentes al acto, que abarrotaban el pabellón, y que son testigos de lo que ocurrió.

Pues bien, aquella ovación –con miles de catalanes presentes como testigos- se convirtió, en el reportaje de El País, en pitidos y abucheos. Así, El País informó que había sido abucheado en tal acto. Nunca había visto, ni siquiera en la prensa amarilla, este nivel de manipulación. Y como era de esperar, la derecha catalana pujolista, que sí que tiene acceso a El País, inmediatamente distribuyó tal noticia por toda Catalunya. Escribí una carta de protesta y clarificación, subrayando que no era cierta la noticia de que Pasqual Maragall había sido abucheado (todo lo contrario, había sido ovacionado) y exigiendo que se publicara una rectificación que nunca ocurrió (ver “Manipulaciones y mentiras en El País”, Público, 30.12.14).

El otro caso fue cuando, con el Catedrático de Economía de la Universidad de Sevilla, Juan Torres, publicamos las líneas estratégicas de lo que debería ser la política económica de un gobierno progresista, documento que preparamos a petición de Podemos y que tal partido hizo suyo, utilizándolo como un documento básico para preparar más tarde su programa económico. Solo horas después de salir, El País publicó un artículo del economista próximo a la derecha liberal dentro del PSOE, el Sr. José Carlos Díez (su gurú en temas económicos), mintiendo, asignando al documento posturas que no sosteníamos, acusándonos, además, de conocer poco cómo funcionaba, entre otros, el ICO, lo cual desmentimos en una carta señalando que ni decíamos lo que se nos atribuía ni desconocíamos cómo funcionaba el ICO (ver “Respuestas a los ataques neoliberales contra el documento preparado a propuesta de Podemos”, Público, 02.12.14), mostrando artículos que yo había escrito con anterioridad, detallando lo que no hacía y debería hacer tal institución financiera estatal. Predeciblemente no la publicaron. Sí que publicaron, en cambio, un largo número de artículos criticando el documento que Juan Torres y yo habíamos hecho. Y, por si fuera poco, El País hizo una entrevista al presidente del Bundesbank, el banco central alemán, que indicó que la aplicación de nuestras propuestas tendría un efecto muy nocivo en la economía española (ver mi artículo “Cómo el Banco Central Alemán está dañando a España”, Público, 16.12.14). El País tampoco permitió que respondiéramos a tanta crítica (por cierto, el Sr. Wolfgang Munchau, director asociado del Financial Times, escribió que, en contra de lo que dijo más tarde el presidente del Bundesbank, las medidas eran las que España necesitaba, tal como señalé en el artículo “El director asociado del ‘Financial Times’ apoya las políticas económicas de Podemos”, Público, 25.11.14).

podemos1La agresividad alcanza ahora niveles extremos

Hoy la avalancha mediática contra Podemos está alcanzando un nivel histriónico, intentando convencer a la población de que Podemos es la fuerza política responsable de que no haya un nuevo gobierno transversal que sustituya al gobierno conservador-neoliberal del Sr. Rajoy. Se repite (y muy en particular en El País), de manera insistente, que es Podemos el responsable de que continúe Rajoy. Y para llegar a tal conclusión, tergiversan la realidad, señalando la supuesta rigidez y arrogancia del equipo de dirección, y muy en particular de Pablo Iglesias, que en sus presuntas “ansias de pureza ideológica no quiere contaminarse y bajar a nivel de suelo para negociar con el PSOE para llegar a un acuerdo”. Y, por desgracia, se publican también voces de izquierdas que piden a Podemos “que deje ya de hacer tonterías”, desconociendo o ignorando el porqué no hay hoy una propuesta de coalición de izquierdas que gobierne con el apoyo de partidos sensibles a la necesidad de cambio.

La evidencia existente del porqué no hay tal propuesta es abrumadora, e incluye que: 1) la dirección del PSOE no quiere ni quería una alianza con Podemos. Las declaraciones de figuras de gran influencia y poder en el PSOE lo han dejado muy claro; 2) el equipo económico del PSOE es mucho más cercano al equipo económico de Ciudadanos que al de Podemos, pues comparten los puntos esenciales de la ideología neoliberal que domina hoy las instituciones de gobernanza del euro, y de la Unión Europea. Los escritos y declaraciones de ambos están ahí y son fácilmente accesibles. Por favor, que se lo lean. Y el pacto entre PSOE y Ciudadanos lo muestra, como he indicado en varios artículos (ver “¿Por qué no se establece un pacto de izquierdas?, Público, 25.02.16). Naturalmente que tal pacto es una mejora sobre lo existente. Pero esto no puede ser una justificación para aceptarlo, pues hay otras alternativas que existen y se quieren evitar por parte de la dirección del PSOE, las cuales establecerían unas políticas de cambio mucho, mucho más beneficiosas para las clases populares de este país; 3) naturalmente que hay que ceder en cualquier negociación y habrá que aliarse con partidos que no son de izquierdas, pero ¿con cuáles? Y hay ahí también diferencias notables en políticas económicas y sociales; y 4) el PSOE no negoció con buena fe con las izquierdas. Los participantes en las negociaciones de Compromís e IU pueden dar testimonio de ello.

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¿Por qué, entonces, toda la animosidad de tales medios es hacia Podemos? Y la respuesta es clara y obvia, por mucho que intente ocultarse. Los intereses financiero-económicos que tienen una enorme influencia sobre los establishments político-mediáticos no quieren hacer los cambios que el país necesita, ya que se están beneficiando de ello. La intención fue siempre destruir a Podemos, y al día siguiente de la fallida investidura se movilizó la batalla mediática, detrás de la cual está el establishment económico y financiero (que controla o influencia a los medios), que incluía El País, para cargarse a Podemos, descubriendo tensiones, inventando muchas y presentando como nuevas otras que habían pasado antes desapercibidas. Es lamentable el espectáculo de voces de izquierdas que, consciente o inconscientemente, están haciendo el juego a estas fuerzas conservadoras y neoliberales, y también, por cierto, es sorprendente y decepcionante que haya tan pocas voces que denuncien la falta de diversidad de los medios de información, como queda constancia en estos momentos históricos que vivimos. En España hay un silencio ensordecedor sobre tal falta de diversidad de los medios de información, que son predominantemente de persuasión y propaganda. Es uno de los mayores problemas que tiene la democracia española, contribuyendo a su enorme pobreza y a la baja calidad de las instituciones representativas y del debate político en el país.