Marxisme

Rosa Luxemburgo, la rosa roja del socialismo

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   Articlerl1 de Josefina L. Martínez, historiadora i periodista que forma part de la redacció de La Izquierda Diario i del Colectivo Burbuja, publicat a Ctxt el 15 de gener de 2017.

“Mehring dijo una vez que Luxemburgo era “la más genial discípula de Carlos Marx”. Brillante teórica marxista y polemista aguda, como agitadora de masas lograba conmover a grandes auditorios obreros. Uno de sus lemas favoritos era “primero, la acción”, estaba dotada de una fuerza de voluntad arrolladora. Una mujer que rompió con todos los estereotipos que en la época se esperaban de ella, vivió intensamente su vida personal y política.

Era muy pequeña cuando su familia se muda desde la localidad campesina de Zamosc hacia Varsovia, donde transcurre su niñez. Rozalia sufrió una enfermedad de la cadera, mal diagnosticada, que la deja convaleciente durante un año y le produce una leve renguera que dura toda su vida. Perteneciente a una familia de comerciantes, siente en carne propia el peso de la discriminación, como judía y como polaca en la Polonia rusificada.

La actividad militante de Rosa comienza a los 15 años, cuando se integra al movimiento socialista. Según su biógrafo P. Nettl, tenía esa edad cuando varios dirigentes socialistas fueron condenados a morir en la horca, algo que impactó profundamente en la joven estudiante. “En su último año de escuela era conocida como políticamente activa y se la juzgaba indisciplinada. En consecuencia, no le concedieron la medalla de oro por aprovechamiento académico, a la que era acreedora por sus méritos escolares. Pero la alumna más sobresaliente en los exámenes finales no solo era un problema en las aulas; para entonces era, de seguro, un miembro regular de las células subsistentes del Partido Revolucionario Proletariado”.

Alertada de que había entrado en el foco de la policía, Rosa emprende una huida clandestina hacia Zúrich, donde se convierte en dirigente del movimiento socialista polaco en el exilio. Allí conoce a Leo Jogiches, quien será amante y compañero personal de Rosa durante muchos años, y su camarada hasta al final.

Después de graduarse como Doctora en Ciencias Políticas –algo inusual para una mujer en ese entonces–, finalmente decide trasladarse a Alemania para integrarse en el SPD, el centro político de la Segunda Internacional. Allí conoce a Clara Zetkin, con quien sella una amistad que dura toda la vida.

La batalla por las ideas

En Berlín desde 1898, Rosa se propone medir sus armas teóricas con uno de los integrantes de la vieja guardia socialista, Eduard Bernstein, quien había comenzado una revisión profunda del marxismo. Según él, el capitalismo había logrado superar sus crisis y la socialdemocracia podía cosechar victorias en el marco de una democracia parlamentaria que parecía ensancharse crecientemente, sin revoluciones ni lucha de clases.  El “debate Bernstein” sumó muchas plumas, sin embargo, fue Rosa Luxemburgo quien desplegó la refutación más aguda en el folleto “Reforma o Revolución”.

La Revolución Rusa de 1905, la primera gran explosión social en Europa después de la derrota de la Comuna de París, fue sentida como una bocanada de aire fresco por Luxemburgo. Escribió artículos y recorrió mítines como vocera de la experiencia rusa en Alemania, hasta que logra introducirse de forma clandestina en Varsovia para participar de forma directa en los acontecimientos. Es el “momento en que la evolución se transforma en revolución”, escribe Rosa. “Estamos viendo la Revolución Rusa, y seríamos unos asnos si no aprendiéramos de ella”.

rl2La Revolución de 1905 abrió importantes debates que dividieron a la socialdemocracia. En esta cuestión, Rosa Luxemburgo coincidía con Trotsky y Lenin frente a los mencheviques, defendiendo que la clase trabajadora tenía que jugar un papel protagónico en la futura Revolución Rusa, enfrentada a la burguesía liberal. El debate sobre la huelga política de masas atravesó a la socialdemocracia europea en los años que siguieron. El ala más conservadora de los dirigentes sindicales en Alemania negaba la necesidad de la huelga general mientras que el “centro” del partido la consideraba como una herramienta únicamente defensiva, válida para defender el derecho al sufragio universal. Rosa Luxemburgo cuestiona el conservadurismo y el gradualismo de esa posición en su folleto “Huelga de masas, partido y sindicatos”, escrito desde Finlandia en 1906. Este debate reaparece hacia 1910, cuando Luxemburgo polemiza directamente con su anterior aliado, Karl Kautsky.

Socialismo o regresión a la barbarie

La agitación contra la Primera Guerra Mundial es un momento crucial en su vida, un combate contra la defección histórica de la socialdemocracia alemana que apoya a su propia burguesía, en contra de los compromisos asumidos por todos los Congresos socialistas internacionales.

En su biografía, Paul Frölich señala que cuando Rosa se entera de la votación del bloque de diputados del SPD, cae por un momento en una profunda desesperación. Pero, como mujer de acción que era, rápidamente responde. El mismo día que se votaban los créditos de guerra, en su casa se reunían Mehring, Karski y otros militantes. Clara Zetkin envía su apoyo y poco después se suma Liebcknecht. Juntos editan la revista La Internacional y fundan el grupo Spartacus.

En 1916 Rosa Luxemburgo publica “El folleto de Junius”, escrito durante su estadía en una de las tantas prisiones que se han transformado en residencia casi permanente. En este trabajo plantea una crítica implacable a la socialdemocracia y la necesidad de una nueva Internacional. Retomando una frase de Engels, Luxemburgo afirma que si no se avanza hacia el socialismo solo queda la barbarie. “En este momento basta mirar a nuestro alrededor para comprender qué significa la regresión a la barbarie en la sociedad capitalista. Esta guerra mundial es una regresión a la barbarie.”

En mayo de 1916, Spartacus encabeza un mitin del 1 de mayo contra la guerra, donde Liebknecht es arrestado, pero su condena a prisión provoca movilizaciones masivas. Se anuncia un tiempo nuevo.

rl31917: atreverse a la revolución

La revolución rusa de 1917 encontró en Rosa Luxemburgo una firme defensora. Sin dejar de plantear sus diferencias y críticas sobre el derecho a la autodeterminación o acerca de la relación entre la asamblea constituyente y los mecanismos de la democracia obrera –sobre esta última cuestión cambia de posición después de salir de la cárcel en 1918–, Luxemburgo escribe que “los bolcheviques representaron todo el honor y la capacidad revolucionaria de que carecía la socialdemocracia occidental. Su Insurrección de Octubre no sólo salvó realmente la Revolución Rusa; también salvó el honor del socialismo internacional.”

Cuando la sacudida de la revolución rusa impacta directamente en Alemania en 1918 con el surgimiento de consejos obreros, la caída del káiser y la proclamación de la República, Rosa aguarda impaciente la posibilidad de participar directamente de ese gran momento de la historia.

El Gobierno queda en manos de los dirigentes de la socialdemocracia más conservadora, Noske y Ebert, dirigentes del PSD –este partido se había escindido con la ruptura de los socialdemócratas independientes, el USPD–. En noviembre de ese año, el gobierno socialdemócrata llega a un pacto con el Estado mayor militar y los Freikorps para liquidar el alzamiento de los obreros y las organizaciones revolucionarias. Rosa y sus camaradas, fundadores de la Liga Espartaco, núcleo inicial del Partido Comunista Alemán desde diciembre de 1918, son duramente perseguidos.

El 15 de enero, un grupo de soldados detuvieron a Karl Liebknecht y a Rosa Luxemburgo cerca de las nueve de la noche. Rosa “llenó una pequeña valija y tomó algunos libros”, pensando que se trataba de otra temporada en la cárcel.  Enterado del arresto, el gobierno de Noske dejó a Rosa y a Karl en manos de los enfurecidos Freikorps –cuerpo paramilitar de exveteranos del ejército del Kaiser–. Se organizó una puesta en escena: al salir de las puertas del Hotel Eden, los dirigentes Espartaquistas fueron golpeados en la cabeza con la culata de un rifle, arrastrados y rematados a tiros. El cuerpo de Rosa fue tirado al río desde el puente de Landwehr a sus sombrías aguas. Fue encontrado tres meses después.

rl4Un año antes, en una carta desde la prisión dirigida a Sophie Liebknecht, en la víspera del 24 de diciembre de 1917, Rosa escribía con un profundo optimismo sobre la vida: “Es mi tercera navidad tras las rejas, pero no lo tome a tragedia. Yo estoy tan tranquila y serena como siempre. (…) Ahí estoy yo acostada, quieta y sola, envuelta en estos múltiples paños negros de las tinieblas, del aburrimiento, del cautiverio en invierno (…) y en ese momento late mi corazón con una felicidad interna indefinible y desconocida. (…) Yo creo que el secreto no es otra cosa más que la vida misma: la profunda penumbra de la noche es tan bella y suave como el terciopelo, si una sabe mirarla.”

Clara Zetkin, tal vez quien más la conocía, escribió sobre su gran amiga y camarada Rosa Luxemburgo, compartiendo ese optimismo después de su muerte: “En el espíritu de Rosa Luxemburgo el ideal socialista era una pasión avasalladora que todo lo arrollaba; una pasión, a la par, del cerebro y del corazón, que la devoraba y la acuciaba a crear. La única ambición grande y pura de esta mujer sin par, la obra de toda su vida, fue la de preparar la revolución que había de dejar el paso franco al socialismo. El poder vivir la revolución y tomar parte en sus batallas, era para ella la suprema dicha (…) Rosa puso al servicio del socialismo todo lo que era, todo lo que valía, su persona y su vida. La ofrenda de su vida, a la idea, no la hizo tan sólo el día de su muerte; se la había dado ya trozo a trozo, en cada minuto de su existencia de lucha y de trabajo. Por esto podía legítimamente exigir también de los demás que lo entregaran todo, su vida incluso, en aras del socialismo. Rosa Luxemburgo simboliza la espada y la llama de la revolución, y su nombre quedará grabado en los siglos como el de una de las más grandiosas e insignes figuras del socialismo internacional”.

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Cuéntenles a sus hijos quién es Marcos Ana

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Doncs això, avui dia de Reis pot ser un bon dia per trobar un moment descansant de consums, àpats, televisió i tertúlies, per explicar als infants i no tant infants qui era (és i serà en la memòria de desenes de milers de persones) Marcos Ana… per gaudir dels seus mots d’amor i llibertat, per emocionar-se i per recordar… per viure de nou Marcos Ana…

“Cuéntenles a sus hijas e hijos quién es Marcos Ana. Porque de lo contrario, salvo que hayan tenido la suerte de conocerlo en alguna de sus visitas a colegios e institutos, es probable que no sepan quién es. Pese a algunos homenajes y reconocimientos recientes, este jueves (23 de noviembre 2016) eran muchos los que buscaban en Google quién es ese tal Marcos Ana. Y esa ignorancia da la medida de los agujeros que sigue teniendo la memoria colectiva de este país, sobre todo con los antifascistas, y más con los comunistas.

Y si sus hijos no saben quién es Marcos Ana, quizás tampoco sepan que hace ochenta años hubo mujeres y hombres que lucharon contra el fascismo, algunos casi niños, como él. Y que decenas de miles fueron condenados a muerte, fusilados, pasados a garrote. A punto estuvo Ana, condenado a muerte dos veces. Quizás sus hijos han oído algo de la dictadura, pero no conocen cómo eran las durísimas cárceles de la posguerra, donde Marcos Ana se dejó 23 años. Porlier, Ocaña, Burgos. Repítanles la cifra a sus hijos: 23 años. Toda la juventud, entrar adolescente y salir adulto.

 Si tienen edad para ello, cuéntenles también cómo torturaba el franquismo, las palizas que Ana y tantos antifascistas se llevaron en esas cárceles o en la Puerta del Sol madrileña, donde sigue sin haber una placa que los recuerde.

Cuéntenles a sus hijas e hijos quién es Marcos Ana, denles a leer sus memorias, para que conozcan cómo trabajadoras y trabajadores de todo el mundo fueron solidarios con los presos españoles y contra la dictadura. Todos esos países donde acogieron a Ana en los quince años que pasó llevando por el mundo la lucha por la libertad y los derechos humanos en España.

Aunque quizás sus hijas, sus hijos, les sorprenden: claro que saben quién es Marcos Ana. El revolucionario, el comunista, el poeta. Lo conocieron en Sol, cuando el 15M. Lo han visto en manifestaciones, en concentraciones, en huelgas, en actos solidarios. Puede que hasta hayan ido a su casa, su piso en Retiro que siempre ha estado abierto, donde si vas coincides siempre con varias visitas a la vez, jóvenes sobre todo. La casa abierta de quien estuvo 23 años encerrado y decidió que “si salgo un día a la vida / mi casa no tendrá llaves”.

No solo a sus hijos: cuenten a todo el mundo quién es Marcos Ana, porque vamos a necesitar mucha gente para mantener viva toda la memoria que llevaba encima. La suya, la de sus padres, Marcos y Ana. La de sus camaradas caídos. La de tantas mujeres y hombres que conoció en la guerra, en la ratonera trágica del puerto de Alicante, en el terrible Campo de los Almendros, en las cárceles donde había sacas diarias y frío, hambre, enfermedad y palizas; en el exilio del que muchos ya no tuvieron tiempo para volver.

De todos es memoria Marcos Ana, de todos lleva décadas hablando en plural, siendo “nosotros”, leal y generoso. Hoy ha muerto, ya no podrá seguir recuperando los años que le quitó la cárcel. Y vamos a necesitar mucha gente buena para mantener viva su resistencia, que es la de miles de mujeres y hombres desde hace un siglo…”

Article d’Isaac Rosa a eldiario.es

 

Marx llevaba bastante razón

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Articulo de Vicenç Navarro, Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y ex Catedrático de Economía. Universidad de Barcelona, en el diario Público.

Como consecuencia del enorme dominio que las fuerzas conservadoras tienen en los mayores medios de difusión y comunicación, incluso académicos, en España (incluyendo Catalunya), el grado de desconocimiento de las distintas teorías económicas derivadas de los escritos de Karl Marx en estos medios es abrumador. Por ejemplo, si alguien sugiere que para salir de la Gran Recesión se necesita estimular la demanda, inmediatamente le ponen a uno la etiqueta de ser un keynesiano, neo-keynesiano o “lo que fuera” keynesiano. En realidad, tal medida pertenece no tanto a Keynes, sino a las teorías de Kalecki, el gran pensador polaco, claramente enraizado en la tradición marxista, que, según el economista keynesiano más conocido hoy en el mundo, Paul Krugman, es el pensador que ha analizado y predicho mejor el capitalismo, y cuyos trabajos sirven mejor para entender no solo la Gran Depresión, sino también la Gran Recesión. En realidad, según Joan Robinson, profesora de Economía en la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido, y discípula predilecta de Keynes, este conocía y, según Robinson, fue influenciado en gran medida por los trabajos de Kalecki.

Ahora bien, como Keynes es más tolerado que Marx en el mundo académico universitario, a muchos académicos les asusta estar o ser percibidos como marxistas y prefieren camuflarse bajo el término de keynesianos. El camuflaje es una forma de lucha por la supervivencia en ambientes tan profundamente derechistas, como ocurre en España, incluyendo Catalunya, donde cuarenta años de dictadura fascista y otros tantos de democracia supervisada por los poderes fácticos de siempre han dejado su marca. Al lector que se crea que exagero le invito a la siguiente reflexión. Suponga que yo, en una entrevista televisiva (que es más que improbable que ocurra en los medios altamente controlados que nos rodean), dijera que “la lucha de clases, con la victoria de la clase capitalista sobre la clase trabajadora, es esencial para entender la situación social y económica en España y en Catalunya”; es más que probable que el entrevistador y el oyente me mirasen con cara de incredulidad, pensando que lo que estaría diciendo sería tan anticuado que sería penoso que yo todavía estuviera diciendo tales sandeces. Ahora bien, en el lenguaje del establishment español (incluyendo el catalán) se suele confundir antiguo con anticuado, sin darse cuenta de que una idea o un principio pueden ser muy antiguos, pero no necesariamente anticuados. La ley de la gravedad es muy, pero que muy antigua, y sin embargo, no es anticuada. Si no se lo cree, salte de un cuarto piso y lo verá.

La lucha de clases existe

Pues bien, la existencia de clases es un principio muy antiguo en todas las tradiciones analíticas sociológicas. Repito, en todas. Y lo mismo en cuanto al conflicto de clases. Todos, repito, todos los mayores pensadores que han analizado la estructura social de nuestras sociedades –desde Weber a Marx- hablan de lucha de clases. La única diferencia entre Weber y Marx es que, mientras que en Weber el conflicto entre clases es coyuntural, en Marx, en cambio, es estructural, y es intrínseco a la existencia del capitalismo. En otras palabras, mientras Weber habla de dominio de una clase por la otra, Marx habla de explotación. Un agente (sea una clase, una raza, un género o una nación) explota a otro cuando vive mejor a costa de que el otro viva peor. Es todo un reto negar que haya enormes explotaciones en las sociedades en las que vivimos. Pero decir que hay lucha de clases no quiere decir que uno sea o deje de ser marxista. Todas las tradiciones sociológicas sostienen su existencia.

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Las teorías de Kalecki

Kalecki es el que indicó que, como señaló Marx, la propia dinámica del conflicto Capital-Trabajo lleva a la situación que creó la Gran Depresión, pues la victoria del capital lleva a una reducción de las rentas del trabajo que crea graves problemas de demanda. No soy muy favorable a la cultura talmúdica de recurrir a citas de los grandes textos, pero me veo en la necesidad de hacerlo en esta ocasión. Marx escribió en El Capital lo siguiente: “Los trabajadores son importantes para los mercados como compradores de bienes y servicios. Ahora bien, la dinámica del capitalismo lleva a que los salarios –el precio de un trabajo- bajen cada vez más, motivo por el que se crea un problema de falta de demanda de aquellos bienes y servicios producidos por el sistema capitalista, con lo cual hay un problema, no solo en la producción, sino en la realización de los bienes y servicios. Y este es el problema fundamental en la dinámica capitalista que lleva a un empobrecimiento de la población, que obstaculiza a la vez la realización de la producción y su realización”. Más claro, el agua. Esto no es Keynes, es Karl Marx. De ahí la necesidad de trascender el capitalismo estableciendo una dinámica opuesta en la que la producción respondiera a una lógica distinta, en realidad, opuesta, encaminada a satisfacer las necesidades de la población, determinadas no por el mercado y por la acumulación del capital, sino por la voluntad política de los trabajadores.

De ahí se derivan varios principios. Uno de ellos, revertir las políticas derivadas del domino del capital (tema sobre el cual Keynes no habla nada), aumentando los salarios, en lugar de reducirlos, a fin de crear un aumento de la demanda (de lo cual Keynes sí que habla) a través del aumento de las rentas del trabajo, vía crecimiento de los salarios o del gasto público social, que incluye el Estado del bienestar y la protección social que Kalecki define como el salario social.

Mirando los datos se ve claramente que hoy las políticas neoliberales realizadas para el beneficio del capital han sido responsables de que desde los años ochenta las rentas del capital hayan aumentado a costa de disminuir las rentas del trabajo (ver mi artículo “Capital-Trabajo: el origen de la crisis actualen Le Monde Diplomatique, julio 2013), lo cual ha creado un grave problema de demanda, que tardó en expresarse en forma de crisis debido al enorme endeudamiento de la clase trabajadora y otros componentes de las clases populares (y de las pequeñas y medianas empresas). Tal endeudamiento creó la gran expansión del capital financiero (la banca), la cual invirtió en actividades especulativas, pues sus inversiones financieras en las áreas de la economía productiva (donde se producen los bienes y servicios de consumo) eran de baja rentabilidad precisamente como consecuencia de la escasa demanda. Las inversiones especulativas crearon las burbujas que, al estallar, crearon la crisis actual conocida como la Gran Depresión. Esta es la evidencia de lo que ha estado ocurriendo (ver mi libro Ataque a la democracia y al bienestar. Crítica al pensamiento económico dominante, Anagrama, 2015)

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De ahí que la salida de la Gran Crisis (en la que todavía estamos inmersos) pase por una reversión de tales políticas, empoderando a las rentas del trabajo a costa de las rentas del capital. Esta es la gran contribución de Kalecki, que muestra no solo lo que está pasando, sino por dónde deberían orientar las fuerzas progresistas sus propuestas de salida de esta crisis, y que requieren un gran cambio en las relaciones de fuerza Capital-Trabajo en cada país. El hecho de que no se hable mucho de ello responde a que las fuerzas conservadoras dominan el mundo del pensamiento económico y no permiten la exposición de visiones alternativas. Y así estamos, yendo de mal en peor. Las cifras económicas últimas son las peores que hemos visto últimamente.

“Jack London, el olvidado” de Gregorio Morán

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Este 2016 debería ser declarado el año de Jack London. Había nacido en 1876 en San Francisco y se suicidó en 1916. Nació en enero y cerró la tienda en noviembre. Vivió 40 años y escribió 50 libros y dejó una obra fotográfica monumental de 12.000 clichés. Fue el autor más famoso y mejor pagado de su época. Un desastre humano, nacido para matarse y sin embargo lo tenía todo: una pluma fácil y brillante, un físico de atleta, estatura mediana y un cuerpo hecho para la pelea.

Me acerqué a la literatura gracias a Jack London. Las descripciones farragosas de Emilio Salgari me aburrían, a Julio Verne no lo soportaba. La primera novela negra, según se diría ahora, cayó en mis manos con un comienzo que me dejó tan anonadado que aún lo recuerdo. “Se puso el sobretodo y se dirigió al macadam”. Eran traducciones argentinas o chilenas. Pero si uno no alcanza a entender ni la primera frase, lo mejor que puede hacer es esperar a hacerse mayor y ampliar el lenguaje. No tenía ni idea de qué era “un sobretodo” y menos aún “el macadam”. Me limité entonces a las novelas de vaqueros escritas en general por presos políticos del franquismo, recién salidos de la trena que adoptaban un seudónimo gringo, tenían un gran mapa del oeste de Estados Unidos clavado en la pared y a los que explotaba Bruguera.

2A mí me llevó a la literatura Jack London. Empecé con un texto de 1909, Por un bife. El boxeador tronado que debe escoger entre comer el bistec –traducción del argentino bife– antes del combate para coger fuerzas o ahorrar para el transporte y cansarse. No la volví a ver nunca, como las antiguas pasiones.

Jack London fue además de un escritor brillante e irregular, un tipo humano inasumible para nuestra época. Quizá eso explique el silencio. Se acaba de reeditar La llamada de lo salvaje (Nórdica) un texto soberbio de sensibilidad y ritmo, por más que la edición contenga detalles tan incomprensibles como designar a London “como una mezcla de socialista y fascista ingenuo”, lo que demuestra que los tiempos han cambiado y hasta los buenos editores pueden escribir barbaridades. Jack London no tuvo la más mínima veleidad fascista: fue hasta el último año de su vida un militante socialista y un escritor radical, incluso por encima de sus modos de vida absolutamente atrabiliarios. Pero que el currículo del ilustrador, que ni ha entendido el libro ni creo que le inspire nada Jack London, ocupe el mismo espacio del autor, es un signo que te llena de congoja. Un texto en blanco nieve y rojo sangre de perro-lobo se convierte en dibujos negro funeraria. Olvídense de las tonterías editoriales y descubran a un autor en lo mejor de su edad.

La primera década del siglo XX tiene en Jack London a un referente literario y ­humano. Un hombre tan ponderado como Anatole France le llamará “socialista re­volucionario” en el prólogo de uno de los libros que conmocionaran el mundo ra­dical de comienzos del siglo XX, El talón de hierro. Probablemente haya pocos textos tan leídos por la clase obrera que entonces aspiraba a conquistar los cielos. 400.000 ejemplares de salida. Estamos en el mundo gringo, donde los escritores ­ganan cantidades astronómicas gracias a los semanarios que reparten sus libros en capítulos.

3Jack London quiere convertirse en granjero. No le bastan los espacios infinitos del río Yukón, de Alaska, de las nieves vírgenes donde sobreviven lobos y perros, y seres humanos muy poco diferentes. Llegará a decir que prefiere los perros a las damas, lo que no obsta para que llevara una vida amorosa ajetreada. Construye barcos de vela para recorrer los lugares más insólitos hasta que descubre Hawái y sus islas. Serán los momentos más creativos y locos de su vida.

Teñido por el alcohol, sin límites ni paliativos. Quiere granjas en EE.UU. y un barco para surcar el paraíso hawaiano, no hay escritor que aguante todo eso sin ­acabar en ruina. Es un mundo para ­banqueros, no para escritores. Las aven­turas empresariales de London, incluidas las comunas, las fábricas, las grandes extensiones de territorio para sus centenares de cabezas de animales, las plantaciones más exóticas y singulares, todo se va al traste. Pero sigue siendo el gran Jack London y mientras le quede un resquicio de capacidad literaria, entre las nueve de la mañana a las doce del mediodía, seguirá con su propia e inigualable empresa de construir relatos.

Su prestigio recorre el mundo y su de­terioro, entre farras y alegrías que duran semanas, entre amigos, mujeres, nego­ciaciones financieras para las que no está dotado, le va acercando a la quiebra. ­Resulta significativo el interés de grandes escritores norteamericanos por conseguir fondos por los procedimientos más insólitos. La vida entera de Mark Twain está preñada de charlas idiotas, representa­ciones dignas de un payaso prestidigitador, y demás métodos para sacar fondos, lo que llama la atención tratándose de autores que vendían miles y miles de ejemplares, y que quizá explicaría la obsesión de Faulkner por hacerse granjero, muchos años después, como si esa fuera la única garantía frente a la fragilidad del mundo de las ­letras.

No conozco otra biografía de Jack London que la de Richard O’Connor, aparecida en traducción castellana en México, hacia 1967, un documento de 500 páginas que ilumina de manera más que brillante y muy minuciosa la trayectoria de este gran escritor que fue Jack London, que vivió 40 años y publicó 50 libros. Algunos de ellos obras maestras –mis favoritos son La llamada de lo salvaje (recién editada por Nórdica), Martin Eden, aquel libro que recordaba Che Guevara en sus momentos de mayor aprensión. Y la tortuosa belleza de Colmillo blanco, del que no dispongo ejemplar porque lo presté y lo perdí, no sé si se habrá reeditado en castellano: Por un bistec, o Por un filete, que sería lo suyo.

Cuenta Nadia Kruskaia, la mujer de Lenin, que cuando el líder de la revolución de octubre estaba en las últimas y apenas si hablaba, le indicó que le leyera algo de Jack London. Ella, buena lectora, como lo eran los maestros antiguos, escogió Amor a la vida, una narración conmovedora de los años brillantes de London (1905-1907), en el que se cuenta la agonía de un hombre y un lobo. Ella dice que a Vladímir Ilich le gustó y a su muerte quedó depositado para siempre en la mesita de noche. Lo dudo mucho.

Hace ya algunos años compré en París un precioso catálogo fotográfico: Jack London, fotógrafo –París, 2011. Traducción de la norteamericana Universidad de Georgia Press–. Son los viajes de London vistos por la agudeza visual de London, pero no viajes en barco sólo sino a la miseria de la clase obrera de su país, de sus adorados hawaianos, de la revolución mexicana, allí donde se encontrará con otro personaje de leyenda, el periodista y narrador Ambrose Bierce, que desaparecería en el lugar que más odiaba, México, entre Pancho Villa y Emiliano Zapata. Como si uno hubiera escogido el infierno como el lugar más apropiado para morirse.

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El perro y el lobo, sobre los que no hacía demasiadas diferencias en su sensibilidad de hombre que había logrado la gloria pero no la felicidad, tenían para él tanta importancia. Eran tan familiares como su ADN literario. Su exlibris, pintado por él mismo –otra actividad sobre la que insistió, aunque no se le diera bien– consiste en una cabeza de lobo perruno que te mira.

Hizo de la humanización de la natura­leza salvaje la razón de una vida dispara­tada. Pero nunca dejó de ser un radical ­socialista en un mundo que cada vez más se alejaba de aquello que se llamó la clase obrera norteamericana. Murió una noche de noviembre de 1916, después de calcular la dosis de morfina y la atropina que le ­serían letales. Su mujer exigió a los mé­dicos que firmaran que la muerte había ­sido natural. Sólo firmó uno. El propio London lo había dicho: el hombre posee un derecho inalienable, “el de adelantar el día de su muerte”.

Article de Gregorio Moran, publicat al mes de març a La Vanguardia

Papá cuéntame otra vez

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Perquè “Ahora mueren en Siria los que morían en Vietnam…”

Papá cuéntame otra vez ese cuento tan bonito
de gendarmes y fascistas, y estudiantes con flequillo,
y dulce guerrilla urbana en pantalones de campana,
y canciones de los Rolling, y niñas en minifalda.

Papá cuéntame otra vez todo lo que os divertisteis
estropeando la vejez a oxidados dictadores,
y cómo cantaste Al Vent y ocupasteis la Sorbona
en aquel mayo francés en los días de vino y rosas.

Papá cuéntame otra vez esa historia tan bonita
de aquel guerrillero loco que mataron en Bolivia,
y cuyo fusil ya nadie se atrevió a tomar de nuevo,
y como desde aquel día todo parece más feo.

Papá cuéntame otra vez que tras tanta barricada
y tras tanto puño en alto y tanta sangre derramada,
al final de la partida no pudisteis hacer nada,
y bajo los adoquines no había arena de playa.

Fue muy dura la derrota: todo lo que se soñaba
se pudrió en los rincones, se cubrió de telarañas,
y ya nadie canta Al Vent, ya no hay locos ya no hay parias,
pero tiene que llover aún sigue sucia la plaza.

Queda lejos aquel mayo, queda lejos Saint Denis,
que lejos queda Jean Paul Sartre, muy lejos aquel París,
sin embargo a veces pienso que al final todo dio igual:
las ostias siguen cayendo sobre quien habla de más.

Y siguen los mismos muertos podridos de crueldad.
Ahora mueren en Bosnia los que morían en Vietnam.
Ahora mueren en Bosnia los que morían en Vietnam.
Ahora mueren en Bosnia los que morían en Vietnam.

Futbol i Revolució: “La dignitat soviètica contra Pinochet”

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FUTBOL PER LA LLIBERTATFastiguejat pel brutal negoci que aquests dies té lloc a Brasil i a la campanya mediàtica realitzada en els darrers mesos per esborrar crítiques al gran esdeveniment del món del futbol, volia recordar el llibre ‘Futbol per la llibertat’ de Ramon Usall (Barcelona, 1977), una interessant  reflexió sobre el paper que aquest esport ha jugat en el combat per la llibertat dels pobles, la justícia social i contra el colonialisme. En concret, gràcies a diferents capítols d’aquest llibre voldria en les properes setmanes dedicar algunes entrades a evidenciar que el futbol no només ha estat al servei dels totalitarismes sinó que, en més ocasions de les que a priori podríem pensar, s’ha posat al servei de causes justes i nobles com ho són la lluita contra el racisme, contra el colonialisme,  la revolució o per la llibertat dels pobles.

Comencem per “La dignitat soviètica contra Pinochet“, article del mateix Ramon Usall aparegut a l’Esportiu a l’any 2012:

“El 1970, Salvador Allende, el candidat de la Unitat Popular, arribava a la presidència de Xile. Era el primer govern marxista que accedia al poder mitjançant unes eleccions democràtiques en una Amèrica Llatina enlluernada pel far que havia representat la revolució cubana del 1959. La Unitat Popular, malgrat l’oposició dels poders fàctics, va començar a canviar la cara del país i, fins i tot, va aconseguir recuperar la grandesa perduda del futbol xilè.

L’última gran fita xilena en matèria futbolística datava del 1962, quan en el mundial que es va disputar al seu territori, Xile va aconseguir arribar a les semifinals. Des d’aleshores, el futbol nacional no havia tingut cap participació mundialista ni cap fita ressenyable en l’àmbit de clubs. La cosa va canviar el 1973. El Colo-Colo de Santiago, l’equip més popular del país, va arribar a la final de la copa Libertadores, que va perdre contra el gran Independiente argentí després d’un partit de desempat disputat a Montevideo, i la selecció xilena estava a les portes de classificar-se per a un altre mundial després d’haver derrotat el Perú i haver-se guanyat el dret a disputar una darrera eliminatòria contra l’URSS que havia de dirimir qui obtenia l’última plaça que donava accés a la disputa de la fase final de la copa del món del 1974.urssxile5

Les reformes radicals impulsades pel govern de la Unitat Popular, i que havien tingut un impacte innegable en el futbol, es van veure, però, truncades l’11 de setembre del 1973. Després de mesos de tensió entre partidaris i detractors del govern, que es manifestaven de manera recurrent pels carrers de Santiago, el setembre del 1973 el general Augusto Pinochet va encapçalar un cop d’estat d’extrema dreta liderat pels sectors més conservadors de l’exèrcit i beneït per l’administració nord-americana. Al Palacio de la Moneda, al cor de Santiago, el president Allende preferia suïcidar-se a veure’s forçat a la rendició i l’exili davant els militars facciosos.

El nou govern colpista, encapçalat pel general Pinochet, es va estrenar amb una persecució sistemàtica contra la dissidència. Comunistes, sindicalistes, activistes polítics, demòcrates, opositors al cop d’estat… tots van ser víctimes de la repressió desencadenada per l’exèrcit xilè. El règim concentrava les desenes de milers de detinguts polítics en camps de concentració com l’Estadio Nacional, el més important dels centres de reclusió d’opositors.

Aquest estadi havia estat un fidel reflex de l’evolució de Santiago, on va ser construït el 1938, i del conjunt de Xile. Poc després de la seva estrena havia servit com a centre d’acollida de refugiats europeus que fugien de la Segona Guerra Mundial i, a posteriori, havia acollit actes de tota mena. Des de concerts a esdeveniments polítics passant per la seva funció principal, la de terreny de joc de la selecció xilena i del club Universidad de Chile, rival ciutadà del Colo-Colo.

urssxile4Durant les vuit setmanes posteriors al cop d’estat de Pinochet, l’Estadio Nacional va servir de camp de concentració i de centre de tortura dels opositors al cop d’estat feixista. Milers de persones hi van ser congregades (les fonts assenyalen que van ser entre 12.000 i 20.000 els presoners que s’hi van aplegar) en condicions de vida infrahumanes, subjectes a la tortura sistemàtica per part dels militars colpistes, mentre familiars i amics s’aplegaven fora per tenir notícies dels seus éssers estimats desapareguts.

El Nacional no va ser, però, l’únic estadi que va servir de camp de concentració. L’Estadio Chile, també situat a Santiago, va desenvolupar la mateixa funció i allà hi va ser detingut, torturat i assassinat el cantautor Víctor Jara, que des del 2004 dóna nom a l’estadi on va patir el seu martiri. Enmig d’aquest clima de repressió, la selecció xilena, que havia obtingut el dret a lluitar per l’última plaça que donava accés al mundial del 1974 durant la presidència d’Allende, va disputar l’última eliminatòria contra l’URSS.

urssxile3El partit tenia una càrrega política evident, ja que la Unió Soviètica havia estat una ferma aliada de la Unitat Popular de Salvador Allende i, el mateix 1973, havia proveït el govern xilè amb abundant material militar de fabricació soviètica. El partit d’anada, que es va jugar a l’Estadi Lenin de Moscou el 26 de setembre del 1973, amb el cop d’estat feixista a Santiago encara calent i amb un clima de repressió desmesurada, es va saldar amb un empat a zero. La voluntat del govern de Pinochet de disputar el partit de tornada a l’Estadio Nacional de Santiago va desfermar la indignació internacional, ja que aquest mateix recinte servia encara de camp de concentració i de centre de tortura a les forces colpistes. La Unió Soviètica, la RDA, i alguns dels seus aliats a l’Àfrica i l’Àsia van reclamar a la FIFA que traslladés el partit, previst per al 21 de novembre, a un terreny neutral per la situació de vulneració flagrant dels drets humans que es vivia a Xile.

L’octubre del 1973, la FIFA va enviar una missió a Santiago de Xile que va realitzar un dels informes més vergonyosos que ha encarregat mai aquesta institució. Els enviats de la FIFA, en una complicitat evident amb les autoritats colpistes xilenes, van redactar: “[A l’Estadio Nacional] no hi ha presoners sinó únicament detinguts de qui cal aclarir la identitat. L’estadi està sota custòdia militar i només s’hi pot entrar amb un passi especial. A l’estadi tot té una aparença normal i els jardiners estan treballant als jardins. Els seients i el terreny de joc estan buits i els detinguts que hi queden estan als vestidors i a les altres dependències interiors. La gespa està en perfectes condicions així com les grades. Fora de l’estadi hi havia aproximadament 50-100 persones esperant notícies dels seus familiars encara detinguts.”

Fruit d’aquest informe, la FIFA, fent gala de la seva tradicional sensibilitat, va decidir mantenir el partit a l’Estadio Nacional per al 21 de novembre del 1973.

La Unió Soviètica va urssxile2manifestar de manera molt clara la seva posició en un telegrama al president de la FIFA, Stanley Rous, el 27 d’octubre del 1973 en què anunciava que els futbolistes soviètics no jugarien en una gespa tacada de sang com ho estava la del Nacional: “És sabut que com a resultat del cop d’estat feixista contra el govern legal d’unitat nacional, a Xile s’hi viu una atmosfera sagnant de terrorisme i repressió, l’Estadio Nacional on suposadament s’ha de jugar el partit ha estat convertit per la junta militar en un camp de concentració escenari de tortures i execucions de patriotes xilens. Els esportistes soviètics no poden jugar en un estadi tacat amb la sang de patriotes xilens.”

La resposta de la FIFA va estar mancada de tota sensibilitat, ja que es va limitar a recordar als soviètics que en cas que una selecció no es presentés a un partit sense causa justificada se li donaria per perdut.

L’URSS, per dignitat antifeiurssxilexista i per solidaritat amb el poble xilè, va decidir no presentar-s’hi. Malgrat tot, la federació xilena va organitzar una farsa de partit a l’Estadio Nacional, el 21 de novembre de l1973, on a pesar que l’equip soviètic no hi era els xilens van sortir a jugar i van marcar un gol vergonyós sense rival, que va permetre a Xile obtenir el passaport per al mundial del 1974. La dictadura feixista de Pinochet, doncs, seria present en la copa del món d’Alemanya. Allà, els seus partits van ser escenari de múltiples protestes protagonitzades per exiliats xilens i militants internacionalistes contraris al cop d’estat. En aquell mundial, els xilens van perdre contra l’Alemanya federal, van empatar amb la RDA i Austràlia, i van tornar a casa gairebé només començar…”

 

“L’esquerranisme, malaltia infantil del comunisme” de V.I. Lenin

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leninV.I. Lenin va escriure el llibre «L’esquerranisme, malaltia infantil del comunisme» a principis de 1920.  La tesi del llibre queda clara en el títol i ha estat un dels textos del lider comunista més importants i al mateix temps més qüestionats.

Avui us convido a la reflexió sobre aquesta obra i la seva actualitat de la mà de Jesús Castillo amb el seu article “Marxisme per a anticapitalistes. Un clàssic contra el sectarisme” publicat fa uns mesos a En Lluita.

En quins sindicats hem de participar els revolucionaris? Com enfocar les nostres relacions amb les bases del PSOE, IU, CCOO i UGT? Ens hem de presentar a les eleccions? Quan i per què pactar amb governs socialdemòcrates?

Totes aquestes preguntes actuals tenen resposta en el text de La malaltia infantil de l’esquerranisme en el comunisme que Lenin va escriure a inicis de la dècada dels anys vint. I la resposta fonamental és que no hi ha una resposta universal, que “no hi ha receptes generals” ni dogmes, tan sols no hi ha “guies per a l’acció” que canviaran en funció de les circumstàncies. Això sí, sempre haurem de tenir en compte que volem arribar a ser una organització de masses per poder superar el capitalisme des de baix de forma radical i democràtica. Amb aquest objectiu de fons hem d’actuar de manera que tinguem, en cada moment, la major influència possible en la classe treballadora; aquesta ha de ser la nostra estratègia i, com es remarca en el text, les tàctiques per assolir-la variaran necessàriament en funció de la situació socio-política del moment.

Lenin va escriure aquest text contra el sectarisme en una situació política europea molt diferent de la que tenim ara: la Revolució Russa havia triomfat, encara que s’estava quedant aïllada internacionalment; Alemanya estava en una situació revolucionària; i els treballadors italians estaven ocupant desenes de fàbriques. Davant aquest ambient de radicalització social, diversos partits comunistes europeus, com l’alemany o l’holandès, es negaven a participar en els sindicats majoritaris “reaccionaris” que agrupaven la major part de la classe treballadora més conscienciada, així com a participar a les eleccions burgeses. A Anglaterra, aquestes mateixes qüestions dificultaven el reagrupament de l’esquerra radical en un Partit Comunista.

Així, davant un ambient de radicalització social, molts revolucionaris actuaven de forma sectària, buscant espais purs i realment revolucionaris per a l’acció (ja fos al marc sindical o polític), el que els feia allunyar-se de la classe treballadora. Encara que la situació política era molt diferent llavors, els mateixos comportaments sectaris els veiem ara dia a dia.

Per enfrontar aquest sectarisme que frenava la revolució a Europa, Lenin escriu aquest text al Tercer Congrés de la Internacional Comunista. Davant l’agrupament dels revolucionaris amb una minoria, els treballadors totalment convençuts de la revolució, Lenin argumenta que cal ser allà on hi hagi la major part de la classe treballadora més conscienciada, encara que no sigui encara revolucionària. Cal ser conscient que el material humà per construir el socialisme és producte del capitalisme, per la qual cosa molts treballadors estan plens d’idees del sistema, de prejudicis. Davant aquests treballadors, que són la majoria, negar des de l’inici la participació en els seus sindicats (majoritaris) i en les eleccions parlamentàries és com “voler ensenyar matemàtiques superiors a un nen de quatre anys”.

Els revolucionaris han d’utilitzar els espais de la democràcia burgesa en interès de la classe treballadora, sense ocultar mai les seves idees anticapitalistes i les seves crítiques. Així, pot ser interessant actuar legalment participant a eleccions o a sindicats majoritaris burocratitzats sempre que això permeti que les idees anticapitalistes arribin a molts treballadors en contexts de lluita. Fins i tot es podrà arribar a compromisos puntuals amb capitalistes o polítics no revolucionaris amb el mateix objectiu. Alhora que utilitzen aquestes vies legals, els revolucionaris han d’utilitzar també les vies il·legals a favor de la superació del capitalisme. Quan els revolucionaris no siguin gaire forts han d’esperar el moment, construir-se i reforçar-se i per a això les vies legals burgeses poden ser útils. Quan la classe treballadora estgui més organitzada i radicalitzada i les seves demandes puguin guanyar-se mitjançant lluites, llavors caldrà repudiar les institucions burgeses, no participar-hi i substituir-les pel poder democràtic de la gent construït des de baix en les lluites antisistema.

No és d’estranyar que aquest text de Lenin sigui un dels menys comentats, malgrat la seva importància teòrico-pràctica. Des de l’ortodòxia estalinista no agrada per la seva flexibilitat, i molts grups trotskistes el rebutgen ja que denuncia clarament el sectarisme que ells mateixos han conreat durant dècades. Tanmateix, per al Corrent de Socialisme Internacional a què pertany En lluita és un text fonamental a l’hora de comprendre com hem de moure’ns els revolucionaris i ser capaços d’adaptar-nos a circumstàncies canviants, sempre amb l’objectiu de superar el capitalisme des de baix i quan abans millor.

En aquest enllaç “L’esquerranisme, malaltia infantil del comunisme” podeu llegir l’obra.