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Estados Unidos se queja de que interfieran en sus elecciones cuando lleva años haciendo lo mismo

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Article d’Owen Jones publicat a eldiario.es en col·laboració amb The Guardian:

Mientras escribo, el presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump –que pronto se convertirá en la persona más poderosa del mundo– está teniendo una rabieta en su cuenta de Twitter. Perder la aprobación popular puede ser devastador para el ego de un plutócrata intolerante, y las acusaciones de que el gobierno de Vladímir Putin intervino para ayudarlo a ganar las elecciones le están sentando fatal.

¿Será verdad que Putin intervino en las elecciones estadounidenses? Es absolutamente posible, aunque las pruebas de la CIA (que tiene a su vez un historial sospechoso) y el FBI se deben analizar detalladamente, al margen de lo que pensemos de Trump. Y si el establishment demócrata decide culpar a una potencia extranjera de la presuntamente impensada calamidad de una victoria de Trump, no estarán aprendiendo ninguna lección de su derrota.

Esto no significa que no se deba tomar en serio la supuesta interferencia del gobierno ruso. Putin encabeza un gobierno de derechas, corrupto y autoritario que persigue a la comunidad LGBT, que llevó adelante una guerra sanguinaria en Chechenia y que ha cometido crímenes espantosos en Siria, aliado con la dictadura de Bashar al Asad. Es un modelo a seguir para los populistas de derechas de todo Occidente, desde Trump hasta UKIP, desde el Frente Nacional francés hasta el Partido de la Libertad de Austria. Sus maniobras antidemocráticas deberían ser escudriñadas y condenadas.

Pero si bien los estadounidenses tienen todo el derecho a enfadarse por la presunta interferencia en su proceso político, también es cierto que se han visto en el espejo y la imagen debería inquietarles.

Estados Unidos es un líder mundial en el arte de intervenir en los asuntos internos de otros países. Y su interferencia va mucho más allá de hackear los correos electrónicos de los partidos que llevan las de perder. Según una investigación del politólogo Dov Levin, entre Estados Unidos y la Unión Soviética/Rusia han intervenido no menos de 117 veces en elecciones extranjeras entre 1946 y el año 2000, o “en una de cada nueve elecciones nacionales, competitivas y ejecutivas”.

De hecho, uno no podría comprender las relaciones actuales entre Estados Unidos y Rusia sin reconocer el papel que tuvo Estados Unidos en los asuntos internos de sus enemigos durante la Guerra Fría. Como escribió Stephen Cohen, después del colapso de la Unión Soviética, el trabajo de los asesores estadounidenses “fue nada menos que el de misioneros en una cruzada para transformar la Rusia postcomunista en una copia de la democracia estadounidense y del sistema capitalista”.

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En cuanto asumió Bill Clinton como presidente en 1993, sus expertos hablaron de “formular una política de tutelaje estadounidense” que incluía el desvergonzado apoyo partidista al presidente Boris Yeltsin. “Misioneros y evangelistas políticos, normalmente llamados ‘asesores’, viajaron por toda Rusia a principios y mediados de los años 90″, remarca Cohen. Muchos estaban financiados por el gobierno estadounidense. Zbigniew Brzezinski, antiguo consejero de Seguridad Nacional, decía que Rusia “estaba cada vez más cerca de una quiebra occidental de facto”.

Los resultados fueron, por decirlo suavemente, desastrosos. Entre 1990 y 1994, la esperanza de vida de los hombres y mujeres en Rusia cayó de 64 y 74 años respectivamente a 58 y 71 años. La escalada de la mortalidad fue “más grande que la de cualquier otro país industrializado en tiempos de paz”. Mientras se fortalecían los nuevos oligarcas, la pobreza y el desempleo no paraban de aumentar. Los precios subieron dramáticamente. Las comunidades quedaron devastadas por la desindustrialización, y se desmantelaron las protecciones sociales.

Para horror de Occidente, la popularidad de Yeltsin caía en picado al punto de que no se podía descartar un posible triunfo comunista en las elecciones de 1996. Yeltsin recurrió a los oligarcas, que utilizaron todos sus recursos para llevar adelante una campaña sin escrúpulos. Como escribió Leonid Bershidsky, fue “un suceso trascendental que socavó una democracia débil y llevó al surgimiento del régimen dictatorial de Vladímir Putin”.

Incluso se alega que, en 2011, el principal aliado de Putin –el entonces presidente Dmitry Medvédev– sugirió en privado que las elecciones estaban amañadas. Justo antes de las elecciones, a Rusia le concedieron un enorme préstamo del FMI, respaldado por Estados Unidos, que –como señaló en ese momento el New York Times– se esperaba que “ayudara al presidente Boris Yeltsin a ganar las elecciones”.

Yeltsin confió en los estrategas políticos estadounidenses –incluido un antiguo asesor de Bill Clinton– que tenían línea directa con la Casa Blanca. Cuando finalmente Yeltsin ganó, en la portada de la revista Time se leía: “Los yanquis al rescate: la historia secreta sobre cómo asesores estadounidenses ayudaron a Yeltsin a ganar”.

Sin el caos y las privaciones del gobierno de Yeltsin –apoyado por Estados Unidos–, probablemente no se podría haber consolidado el putinismo. Pero no se trata sólo de Rusia. El historial de intervenciones estadounidenses en los asuntos internos de otros países es largo.

Tomemos como ejemplo Italia en 1948: mientras se desplegaba la Guerra Fría, Estados Unidos temía que en Italia ganara las elecciones la coalición socialista-comunista. Se prohibió a los italianos que “no creyeran en la ideología de Estados Unidos” siquiera entrar al país, se orquestó una campaña de propaganda masiva que incluía hasta cartas a millones de estadounidenses de origen italiano. Y el Departamento de Estado lo dejó claro: si ganaba las elecciones el partido equivocado, “no habría más ayudas de Estados Unidos a Italia”. Los esfuerzos fueron un éxito. Fueron las primeras de muchas elecciones italianas que tuvieron interferencias de Estados Unidos.

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Otro ejemplo es la participación confesa de la CIA en el golpe militar de 1953 que derrocó a Mohamed Mosaddeq, presidente democrático y laico de Irán: el golpe se “llevó a cabo bajo instrucciones de la CIA, como un acto de política exterior estadounidense, concebido y aprobado por las más altas esferas del gobierno”, como luego confesó la agencia de inteligencia. No se puede comprender la revolución iraní de 1979 sin este golpe de Estado. ¿Y el derrocamiento asesino de Salvador Allende en Chile en 1973, a cargo de Augusto Pinochet y respaldado por la CIA?

Y hay ejemplos más recientes: el golpe de Estado contra Manuel Zelaya en Honduras en 2009. La entonces secretaria de Estado, Hillary Clinton, se negó a calificar la destitución de Zelaya como un “golpe militar”, porque eso hubiera significado la suspensión de la ayuda estadounidense que recibían incluso las Fuerzas Armadas hondureñas. En lugar de pedir la restitución del presidente Zelaya, Clinton pidió nuevas elecciones. La ayuda estadounidense, que incluía ayuda militar, siguió llegando a Honduras, aunque los disidentes eran reprimidos brutalmente, resurgían los escuadrones de la muerte y se recrudecía la violencia contra el colectivo LGBT. Y se llevaron a cabo elecciones injustas y boicoteadas a lo largo y ancho del país.

Chilean Army troops positioned on a rooftop fire on the La Moneda Palace 11 September 1973 in Santiago, during the military coup led by General Augusto Pinochet which overthrew Chilean constitutional president Salvador Allende, who died in the attack on the palace. Next 10 December 2007 marks the first anniversary of Pinochet's decease at the Military Hospital in Santiago, where he had been admitted a week before following a heart attack.   AFP PHOTO (Photo credit should read OFF/AFP/Getty Images)

Sin duda, las acusaciones de interferencia rusa en las elecciones presidenciales estadounidenses son alarmantes, pero también hay en juego una doble moral. Pareciera que para Estados Unidos sólo está mal intervenir en los procesos democráticos cuando las víctimas son ellos. Estados Unidos ha intervenido con total impunidad en los asuntos internos de muchos países. El día que se juzgue toda interferencia de igual forma –como un escándalo democrático, indigno de cualquier gran nación– será un gran día de verdad. 

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Cuéntenles a sus hijos quién es Marcos Ana

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Doncs això, avui dia de Reis pot ser un bon dia per trobar un moment descansant de consums, àpats, televisió i tertúlies, per explicar als infants i no tant infants qui era (és i serà en la memòria de desenes de milers de persones) Marcos Ana… per gaudir dels seus mots d’amor i llibertat, per emocionar-se i per recordar… per viure de nou Marcos Ana…

“Cuéntenles a sus hijas e hijos quién es Marcos Ana. Porque de lo contrario, salvo que hayan tenido la suerte de conocerlo en alguna de sus visitas a colegios e institutos, es probable que no sepan quién es. Pese a algunos homenajes y reconocimientos recientes, este jueves (23 de noviembre 2016) eran muchos los que buscaban en Google quién es ese tal Marcos Ana. Y esa ignorancia da la medida de los agujeros que sigue teniendo la memoria colectiva de este país, sobre todo con los antifascistas, y más con los comunistas.

Y si sus hijos no saben quién es Marcos Ana, quizás tampoco sepan que hace ochenta años hubo mujeres y hombres que lucharon contra el fascismo, algunos casi niños, como él. Y que decenas de miles fueron condenados a muerte, fusilados, pasados a garrote. A punto estuvo Ana, condenado a muerte dos veces. Quizás sus hijos han oído algo de la dictadura, pero no conocen cómo eran las durísimas cárceles de la posguerra, donde Marcos Ana se dejó 23 años. Porlier, Ocaña, Burgos. Repítanles la cifra a sus hijos: 23 años. Toda la juventud, entrar adolescente y salir adulto.

 Si tienen edad para ello, cuéntenles también cómo torturaba el franquismo, las palizas que Ana y tantos antifascistas se llevaron en esas cárceles o en la Puerta del Sol madrileña, donde sigue sin haber una placa que los recuerde.

Cuéntenles a sus hijas e hijos quién es Marcos Ana, denles a leer sus memorias, para que conozcan cómo trabajadoras y trabajadores de todo el mundo fueron solidarios con los presos españoles y contra la dictadura. Todos esos países donde acogieron a Ana en los quince años que pasó llevando por el mundo la lucha por la libertad y los derechos humanos en España.

Aunque quizás sus hijas, sus hijos, les sorprenden: claro que saben quién es Marcos Ana. El revolucionario, el comunista, el poeta. Lo conocieron en Sol, cuando el 15M. Lo han visto en manifestaciones, en concentraciones, en huelgas, en actos solidarios. Puede que hasta hayan ido a su casa, su piso en Retiro que siempre ha estado abierto, donde si vas coincides siempre con varias visitas a la vez, jóvenes sobre todo. La casa abierta de quien estuvo 23 años encerrado y decidió que “si salgo un día a la vida / mi casa no tendrá llaves”.

No solo a sus hijos: cuenten a todo el mundo quién es Marcos Ana, porque vamos a necesitar mucha gente para mantener viva toda la memoria que llevaba encima. La suya, la de sus padres, Marcos y Ana. La de sus camaradas caídos. La de tantas mujeres y hombres que conoció en la guerra, en la ratonera trágica del puerto de Alicante, en el terrible Campo de los Almendros, en las cárceles donde había sacas diarias y frío, hambre, enfermedad y palizas; en el exilio del que muchos ya no tuvieron tiempo para volver.

De todos es memoria Marcos Ana, de todos lleva décadas hablando en plural, siendo “nosotros”, leal y generoso. Hoy ha muerto, ya no podrá seguir recuperando los años que le quitó la cárcel. Y vamos a necesitar mucha gente buena para mantener viva su resistencia, que es la de miles de mujeres y hombres desde hace un siglo…”

Article d’Isaac Rosa a eldiario.es

 

“Mis padres de la Constitución” por Pablo Iglesias

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Article aparegut avui al eldiario.es.

“Difícilmente los padres del 135 y los recortes van a poder asumir el desafío histórico que reclaman las gentes de nuestro país más allá de lo que voten”, afirma el autor

“Debemos también sacar el debate a la sociedad para empezar a construir un espíritu constituyente que ya se intuye en los reclamos populares”, escribre Iglesias

“Los avances sociales que recogen las constituciones no son el resultado del trabajo de especialistas y parlamentarios, sino del empuje democrático de los pueblos”, defiende

“La democracia es el resultado del avance los pueblos sobre las élites, del avance de los derechos sobre los privilegios”, explica el secretario general de Podemos.

La primera vez que me fijé en la palabra Constitución fue escuchando cantar a mi padre. Haciendo sonar una vieja guitarra que le regaló Paco Luque, un compañero de la tercera galería de Carabanchel donde estaban los presos políticos de base (los jefes estaban en la sexta) entonaba mi padre una poco conocida estrofa del himno de Riego que dice: “Si Riego murió en el cadalso no murió como infame traidor, que murió con la espada en la mano, defendiendo la Constitución”. No sabía nada yo entonces del heroísmo de nuestros militares liberales del XIX ni de la agitada historia de nuestro constitucionalismo.

Años después, estudiando segundo de BUP, empuñé por primera vez la Constitución del 78 como arma política. Acababa de ser elegido representante estudiantil en el Instituto Juana de Castilla de Moratalaz, y la dirección del centro nos impedía colocar carteles políticos aduciendo nuestra minoría de edad. Reuní a mis compañeros en casa y con mi madre, abogada en ejercicio, asesorándonos, estudiamos los artículos de la Constitución relativos a la libertad de expresión, reunión y asociación. Y allá que nos fuimos a la reunión del consejo escolar a decir que la Constitución estaba por encima de cualquier decisión de la dirección de nuestro instituto. Ganamos el derecho a pegar carteles pero no tanto por la Constitución y por nuestra oratoria persuasiva de entonces, sino por unos profesores y padres que valoraron nuestro esfuerzo y tenacidad contra una directora, a la sazón profesora de alemán, doña Rosa Recuenco, que defendió hasta el final que se restringieran nuestros derechos al tiempo que favorecía actos extra escolares del profesor de religión católica.

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Poco después, ya siendo un adolescente enormemente politizado, conocí a Rafa Mayoral, quizá el mayor responsable de que me decidiera a estudiar la carrera de Derecho. El que fuera abogado de la PAH y hoy nuestro diputado, tenía a los 19 años aún más vehemencia que ahora y le recuerdo, con las pupilas encendidas, repitiéndome la clase de Derecho Constitucional que le habían dado, explicándome que el Derecho es fundamental para entender cómo funciona el sistema y que la Constitución es la expresión jurídica de la correlación de fuerzas.

Mi primer profesor en la facultad de Derecho de la Complutense fue el gran Pablo Santolaya Machetti. Recuerdo los maravillosos debates que favorecía en clase. Santolaya me dio mi primera matrícula de honor; decía que por mi madurez aunque hoy pienso que respondía más a mi pesadez. Me fascinaba el Derecho Constitucional entre otras cosas porque ofrecía enormes ventajas para entender muchas claves de la política que después explicábamos a los compañeros militantes que estudiaban otras carreras. De la profesora García Escudero, letrada de la Cortes, adquirí mis primeras nociones de Derecho parlamentario (esto no me entusiasmó ya tanto).

Un año de Erasmus en Bolonia me permitió conocer la constitución antifascista italiana, esa que como dice Enric Juliana [periodista de La Vanguardia] pactaron el partido del Papa (la DC) y el partido de Stalin (el PCI) y que los italianos acaban de defender frente al intento de Matteo Renzi de devenir en nuevo César todopoderoso desatado del parlamento.

Más tarde gané una beca de colaboración en el Departamento de Derecho Constitucional. Aunque ya entonces tenía claro que tras acabar la carrera me matricularía en Ciencias Políticas, allí conocí a algunos de los grandes nombres del Derecho Constitucional español.

Admiré a Jorge de Esteban, un gentleman de otra época, a pesar de nuestras diferencias políticas. Conocí al ya desparecido Pablo Lucas Verdú, anciano entrañable y muy conservador, que siempre me recordaba que fue profesor de Xabier Arzalluz –ex presidente del PNV– y que me conducía por las estanterías traduciéndome títulos del alemán, bajo la atenta mirada de Rocío, mi jefa, desesperada ante la posibilidad de que yo no fuera capaz de ordenar los títulos alemanes que desordenaba el profesor Lucas Verdú (pero quien ha sido becario de biblioteca sabe que las signaturas libran al peor de los políglotas de cualquier problema). Recuerdo que ante mi fascinación por Italia, Lucas Verdú me decía: “Hay que ver con los italianos; eran fascistas y luego se hicieron todos comunistas”. Yo pensaba para mis adentros: “Pues como tantos profesores españoles: eran franquistas y luego se hicieron demócratas”.

Conocí allí también al gran Raúl Morodo, a Carlos de Cabo, uno de los grandes constitucionalistas marxistas, a su hijo Antonio, que además de ser un excelente constitucionalista es un tipo extraordinariamente culto con el que he compartido militancias después. Conocí también a un profesor, a medio camino entre el fascismo y lo estrafalario, Hillers de Luque, que a pesar de todo era cualquier cosa menos un cobarde.

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Gracias al que quizá sea el mejor profesor de Derecho que tuve, Enrique Olivas, supe de una apisonadora mental llamada Ordóñez. Ya en Políticas, recuerdo que entre algunos profesores se recordaba un mítico tête à tête en el que un jovencísimo Juan Carlos Monedero (aunque parezca imposible Juan Carlos Monedero fue joven) desafió al viejo león Ordóñez. Aunque el viejo león prevaleciera entonces, entre los honores intelectuales de Juan Carlos, está haber podido tener aquel debate.

Después, en la Fundación CEPS, conocí a los maestros que me enseñaron cómo el Derecho Constitucional puede servir para transformar la sociedad, prestando sus servicios en los procesos constituyentes. De Roberto Viciano, Rubén Martínez Dalmau, Albert Noguera o Marcos Criado no sólo aprendí constitucionalismo latinoamericano, sino la importancia política de las Constituciones para consolidar y proteger los avances sociales. También conocí por aquella época de la mano de Jaume Asens a Gerardo Pisarello. Ellos y Amaya Olivas me enseñaron del uso alternativo del Derecho.

Hoy, a 38 años de la promulgación de una Constitución que plasmó una dificilísima correlación de fuerzas en la que la oposición democrática tuvo que ceder más de lo que pudo arrancar a las élites de la dictadura, quiero homenajear a esos maestros que me enseñaron a entender la situación actual.

Hoy, los autoproclamados constitucionalistas (la triple alianza PP-PSOE-Ciudadanos) pretenden usar la Constitución del 78 para bunkerizarse y frenar los avances sociales que reclama nuestra sociedad. Si la reforma del artículo 135 fue una deshonrosa claudicación ante poderes exteriores, como reconocería incluso el destituido secretario general del PSOE, el atrincheramiento de la triple alianza para negar la necesidad de dar encaje constitucional a la plurinacionalidad y de avanzar en las cuestiones fundamentales que demanda la sociedad, revela que sólo entienden la Constitución como candado y no un texto resultado de una coyuntura histórica difícil (la metamorfosis de una dictadura) y de reformas discutibles, que es manifiestamente mejorable.

Hace exactamente un año propusimos cinco mejoras a la Constitución que seguimos defendiendo. Es necesario blindar en ella los derechos sociales, garantizar la independencia judicial, prohibir las puertas giratorias, cambiar el sistema electoral y dar encaje constitucional a la plurinacional constitutiva de nuestra patria. Frente a los que se atrincheran y se bunkerizan es necesario avanzar y modernizarse.

En esta legislatura es posible que los partidos del búnker busquen algún tipo de reforma. Estaremos como es lógico abiertos al debate pero no somos ingenuos. difícilmente los padres del 135 y los recortes van a poder asumir el desafío histórico que reclaman las gentes de nuestro país más allá de lo que voten. Por eso nuestro papel no debe limitarse a asegurar con nuestra fuerza en el Parlamento que cualquier reforma de la Constitución deberá ser sometida mediante referéndum a la voluntad del pueblo español, sino que debemos también sacar el debate a la sociedad para empezar a construir un espíritu constituyente que ya se intuye en los reclamos populares.

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La indignación frente a los abusos de las eléctricas que cortan suministros a compatriotas; las luchas de la clase trabajadora por sus derechos (telemarketing, Coca-Cola); la defensa de las pensiones; la histórica reclamación del 15M del fin de las puertas giratorias y de un sistema electoral más proporcional; la justa reclamación del pueblo catalán de su derecho a votar y decidir; las reclamaciones de sectores populares con identidades que han padecido durante décadas la subalternización de un centralismo miope y antiguo; y la reivindicación de una justicia libre de amenazas e intromisiones del poder político y económico son temas que difícilmente van a asumir los partidos de la triple alianza parlamentaria si en España y sus pueblos no se construyen contrapoderes que den vida a un nuevo espíritu constituyente modernizador, tolerante y avanzado.

De mis padres de la Constitución aprendí muchas cosas, pero quizá la fundamental es que los avances sociales que recogen las constituciones no son el resultado del trabajo de especialistas y parlamentarios, sino del empuje democrático de los pueblos. Todo lo bueno de la Constitución del 78 tiene que ver con ese empuje, mientras que la mayor parte de sus deficiencias tiene que ver con la resistencia de las élites al cambio. Y si algo nos ha enseñado la Historia es que la democracia es el resultado del avance los pueblos sobre las élites, del avance de los derechos sobre los privilegios.

Irmela Mensah-Schramm desde hace tres décadas borra pintadas neonazis de las calles alemanas

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Article publicat al  eldiario.es: “La abuela grafitera que borra pintadas neonazis de las calles alemanas”

Irmela Mensah-Schramm tiene 70 años y desde hace tres décadas recorre las calles alemanas para acabar con los grafitis y pegatinas de la extrema derecha. Mientras recibe premios por su labor, la han atacado varias veces y ha sido denunciada por estropear el mobiliario público. “Siento que el tiempo que estamos viviendo es el más peligroso desde la Segunda Guerra Mundial”, dice la mujer de 70 años.

El dedo índice apunta a una parada de autobús. “¡Ahí hay otra!”, exclama Irmela Mensah-Schramm. La jubilada alemana, que ya ha cumplido 70 años y tiene algún que otro achaque de la edad, camina imparable por las calles del barrio berlinés de Lichtenberg. Situado en el este de la ciudad, se le considera una de las zonas en las que se encuentra el mayor número de neonazis. Las pegatinas y los grafitis que se encuentran en la calle lo atestiguan. Por eso Irmela nos ha citado aquí.

Abre su bolsa de lona, en la que puede leerse “Contra los nazis”, y saca una espátula. En un abrir y cerrar de ojos el cristal de la parada de autobús está limpio de nuevo. La pegatina que acaba de retirar Irmela era de un grupo claramente anticonstitucional. “Resistencia nacionalsocialista. ¡Formad bandas!”, rezaba el lema. Unos jóvenes con uniforme, muy parecido al de las SS, completaban el cuadro.

 “Esta era una propaganda de los conocidos como nazis autónomos, que son un grupo especialmente peligroso y violento”, explica Irmela, que toma la pegatina y la guarda en un cuaderno. “Es para mi colección”, apunta.

Nada menos que 68 carpetas ha ido llenando a lo largo de tres décadas con adhesivos de este tipo. Una recopilación tan detallada que el Museo Histórico Alemán, que se encuentra en Berlín, le ha dedicado este año una sala a su colección, así como a su historia.

Mensah-Schramm comenzó a limpiar las calles de Berlín después de que un día de camino a su trabajo como pedagoga viese una pegatina racista. En ese momento no hizo nada, pero, según cuenta, no pudo quitárselo de la mente en todo el día. Al salir del trabajo, regresó al mismo punto para arrancarla.

En aquel momento decidió que no saldría de casa sin una espátula, a la que más tarde se sumaría un bote de spray para tachar (o modificar) graffitis y un bote de disolvente.

Cerca de la parada de tren llamada como el barrio, Lichtenberg, las pegatinas aparecen por todas partes: “Barrio nazi”, dice un tipo de adhesivo que tiene especial presencia. En un breve paseo Irmela encuentra al menos una decena de estas. “Llevo treinta años haciendo ésto, pero siento que el tiempo que estamos viviendo es más peligroso que nunca desde la Segunda Guerra Mundial. La propaganda es de una crudeza brutal”, señala preocupada.

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En lo alto de un poste hay una pegatina del llamado “movimiento identitario”. Irmela la fotografía para su colección, pero como está muy arriba, no puede despegarla. Ha aprendido. “Una vez me subí en un carro de un supermercado para quitar una pegartina que estaba colocada muy arriba y me caí, casi me parto la cabeza”, relata.

Nada en ella delata su apasionado hobby. A primera vista, Irmela Mensah-Schramm parece la típica jubilada alemana. Su corte de pelo tradicional, la ropa típica de su edad. Según cuenta, su familia no fue especialmente política. Su padre se vio obligado a luchar con el ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial en la antigua Stalingrado, pero resultó herido y pronto fue enviado a casa. Después de la guerra se casaría con una mujer judía. “Mi padre estaría orgulloso de mi trabajo”, asegura.

Por cada pegatina que borra, anota en una libreta una raya. Al final del recorrido abre su cuaderno de nuevo y dice asombrada: “¡Hoy he llegado a las 74.000 pegatinas!”. Una mezcla de sensaciones la asalta en ese momento. Por un lado está feliz de haber limpiado tanta propaganda neonazi. “Y eso solo en la última década, desde que empecé a contarlo, en realidad llevo muchísimas más”. Por otro lado le abruma tanta cantidad de odio desperdigada en sus calles.

Irmela es valiente. Además de haber sido amenazada, ha sido agredida en varias ocasiones. Muchas personas en el país la conocen desde que la Fiscalía alemana la acusase de dañar el mobiliario público el pasado mayo. “Me han denunciado en muchas ocasiones, sobre todo cuando uso spray para tapar un graffiti racista. En varias ocasiones fue la misma policía la que puso la denuncia”, explica. Hasta ahora, todas las denuncias habían sido archivadas.

Sin embargo, en esta ocasión, la denuncia prosperó e Irmela ha sido advertida oficialmente de no volver a pintar sobre otro graffiti bajo. Si repite su conducto, reza la sentencia, deberá pagar una multa de 1.800 euros.

En concreto la pintada rezaba “¡Fuera Merkel!”, una frase repetida hasta la saciedad en las manifestaciones neonazis y del movimiento PEGIDA, en refencia a la política de inmigración y asilo de la gran coalición. Irmela transformó la frasé. El color rosa del spray de la mujer jubilida pesa ahora sobre el negro de la pintada de la extrema derecha: “¡Recuérdalo! ¡Abajo el odio!”, escribió. Desde entonces, la prensa nacional se ha interesado mas que antes por su trabajo.

La semana pasada Irmela estuvo en el pueblo de Bautzen, después de que un grupo de refugiados fuese agredido y, de nuevo, volvió a casa con una multa bajo el brazo. Por borrar consignas racistas. Días antes, se había enfrentado en Dresden a la multitud de manifestantes de PEGIDA con un cartel en el que les tachaba de racistas. Irmela, además, lleva a cabo una labor con jóvenes en diferentes escuelas e institutos.

Por su trabajo como activista antiracista y antifascista fue condecorada en 1996 con la Orden del Mérito de la República Federal y, desde entonces, ha recibido otros cinco premios, entre ellos el Premio de la Paz de la ciudad de Gotinga en 2015.

“Mientras pueda, voy a seguir haciendo lo que creo que es correcto, que es borrar la propaganda neonazi e informar a la juventud”, insiste. Las posibles consecuencias judiciales no le asustan.

Lectures d’estiu (1): “¿Y tú qué miras?” de Mariola Cubells

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Portada-Mariola-Cubells-eldiarioes-Libros_EDIIMA20131011_0600_1¿Y tú que miras?, de Mariola Cubells, es un libro sobre la televisión y sus tripas. Sus entresijos. Sus trampas, sus trucos, sus miserias

Escrito en forma de crónica, este libro recoge frescos de la realidad televisiva para contar cómo está ahora mismo el panorama de la tele y, sobre todo, cómo se lleva a cabo, cuáles son sus trucos, sus trampas, sus miserias, y cómo nos influye. Y qué podemos hacer para combatirla cuando sea el caso, o para que nos haga feliz.

El libro pretende dar toda la información necesaria, la que siempre permanece oculta, para que el espectador tenga claves a las que asirse para no embrutecerse, sepa descodificar determinados mensajes subterráneos que le llegan y conozca por dentro las tripas de la tele.

 Un recuento del panorama actual de la televisión (con epígrafes desenfadados dedicados a cada una de las cadenas, explicando brevemente qué son, qué quieren y quién las gobierna), algo así como un viaje por sus entrañas, por los despachos, por los platós y explicar lo que se ve y lo que no se ve.

En el libro se detalla cuánto valen algunos espacios cuánto cobran algunos presentadores, directivos, cómo han llegado a ese estado, cómo se lleva a cabo un fichaje y cómo los grandes poderosos mediáticos, Paolo Vasile (Mediaset) y Maurizio Carlotti (Atresmedia), deciden qué vemos por televisión.

A estos elementos hay que sumar que la disminución de la publicidad y la proliferación de canales a raíz de la TDT han creado un modelo de tele low cost. Los ejemplos y cifras aportados por la autora demuestran que dinero, fama, y poder causan estragos. Y que para conseguir dicha peligrosa combinación, la audiencia es sagrada.

Mariola Cubells es periodista. Trabajó durante años en televisión, dirigiendo diferentes formatos. Es autora de los libros sobre televisión, ¡Mírame, tonto!, Mentiras en directo y ¿Quién cocina la tele que comemos? También ha escrito el libro Mis padres no lo saben. Actualmente trabaja con la cadena Ser, en La Ventana, de Carles Francino y colabora con diversos medios de comunicación,eldiario.es entre ellos.

Gràcies Delmer Berg !!!!

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Gràcies !!! Delmer Berg el darrer membre de la Brigada Lincoln va deixar-nos el passat febrerç… aquí un article de eldiario.es sobre la seva persona:

“Nadie se lo había pedido, pero en enero de 1938, a los 22 años,  Delmer Berg dejó su casa en California y usó un pasaporte que decía “Not Valid for Travel to Spain” para hacer precisamente lo contrario. Cogió un autobús a Nueva York, un barco a Francia y cruzó los Pirineos a pie para unirse al frente republicano en la Guerra Civil española. Hoy tiene 99 años y es el último brigadista vivo del Batallón Lincoln, la unidad compuesta por combatientes estadounidenses que formó parte de la XV Brigada Internacional, también conocida a veces como Brigada Lincoln.

6“Había un amplio movimiento en el país y en todo el mundo para ayudar a gente española a combatir el fascismo en España. Poco a poco me convertí en parte de él y se convirtió en parte de mi vida”, explica Berg a la Abraham Lincoln Brigade Archives, asociación fundada por los brigadistas a su regreso a EEUU.

Berg había crecido en una “familia de granjeros pobres” y la reforma agraria republicana había despertado simpatías en él. “Era un sentimiento muy humano: la idea de que se estaba quitando tierra a los grandes propietarios para dársela a pequeños granjeros. Me dije: ¡Yo quiero ayudar a hacer eso!”.

Mientras transcurría la guerra, Berg trabajaba fregando platos en un hotel de Hollywood. Cuando vio un cartel de la asociación de los amigos de la Brigada Abraham Lincoln, decidió saltarse la restricción de viajar a España que el Gobierno norteamericano había establecido.

Su unidad estuvo destinada en una batería antiaérea en Barcelona, en la defensa de Teruel y en la batalla del Ebro, donde colaboró en la voladura de uno de los puentes (Berg bromea diciendo que Hemingway no tenía ni idea de lo que estaba hablando cuando describió la explosión de Por quién doblan las campanas). Más tarde fue enviado a Valencia, donde fue herido en un bombardeo de la aviación italiana.

El 4 de febrero de 1939, dos meses antes de la derrota republicana y el final de la guerra, regresó a Estados Unidos. Entre 1936 y 1939, unas 40.000 mujeres y hombres de más de 50 países abandonaron sus hogares para formar parte de las Brigadas Internacionales y luchar en una guerra extranjera. La mayor parte lo hizo por motivos ideológicos: defender el gobierno democrático de la Segunda República y frenar la expansión fascista en Europa. Alrededor de 2.800 eran estadounidenses. Un tercio de ellos perdió la vida en la contienda.

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“Para mí es el ejemplo máximo de responsabilidad y libertad”, dice Marina Garde, actual directora de ALBA, cuya misión es preservar el legado ideológico del Batallón Lincoln. “Son unos individuos que voluntariamente decidieron viajar a otro continente y poner sus vidas en riesgo por sus ideales”.

Precisamente a causa de esas convicciones la vida de los supervivientes no fue sencilla en Estados Unidos. En la década de los 50, la filiación comunista de muchos brigadistas les valió el envite de la caza de brujas macartista. “Para ellos éramos una panda de bastardos”, dice Berg. “Fueron de un lado para el otro hablando con todo el mundo a quien conocía y con quien trabajaba: estaban buscando a ese “hijo de puta”, esa “rata”, “traidor”… y toda esa mierda, ya sabes, elmacartismo.” “Estaban en la lista negra, perseguidos por el FBI y muchos no pudieron ejercer sus profesiones”, añade Garde.
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Pero desde su California natal Berg siguió compaginando su trabajo en la agricultura con la militancia en diversas causas: fue miembro de la Unión de Campesinos, se hizo amigo de la activista agraria Dolores Huerta, se opuso a la Guerra de Vietnam y se convirtió en el único miembro blanco de la delegación local de la la primera asociación en defensa de los derechos civiles de los negros en América, la NAACP.

Berg vive hoy junto a su mujer en la casa que él mismo construyó cerca de Columbia, en Sierra Nevada. Su compromiso político sigue intacto y su estado de salud es estable, aunque tiene dificultades para oír. Tras la muerte el pasado invierno del brigadista John Hovan en Rhode Island, se convirtió en el último veterano americano vivo de la Guerra Civil española (quedan otros cinco brigadistas internacionales, dos combatientes republicanos y tres franquistas).

2 Garde sabe lo que es despedir a un brigadista desde su comienzo en ALBA, que coincidió con la muerte de Matti Mattson, uno de los miembros más longevos del batallón. Era su primer día y la noticia le sirvió para identificar la que sigue siendo la parte más dolorosa de su trabajo: esperar el goteo de llamadas que informan de la desaparición de los supervivientes. Cuando llegue el turno de Berg, será la última vez que suceda.

“Yo lo llevo muy mal”, dice Garde. “Pero también me doy cuenta de que tengo una gran responsabilidad: preservar y mantener vivo este legado que nos han dejado. Las personas se van, los cuerpos ya no están, pero su legado sí nos queda”.

Nota: entrevista a Delmer Berg por Maria Opett y Nelson G. Navarrete

Los lobbies económicos y los ciegos porque no quieren ver

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El drama del asesinato de Berta Cáceres personifica al de una víctima aún mayor: los pueblos, la naturaleza y el Planeta.

Que los lobbies económicos son capaces de cualquier cosa ya lo sabemos. Que son mafias de guante blanco en los despachos y de mano ensangrentada en donde ponen en práctica sus decisiones ya los sabemos. Que son capaces de mentir, de extorsionar y hasta de matar. Lo sabemos.

Hace pocos días fue asesinada en Honduras Berta Cáceres por su activismo ecologista y por ser indigenista, feminista y defensora de los derechos humanos. Ella misma advirtió unos meses atrás de que estaba amenazada. Se podría decir que a Berta Cáceres la asesinaron el Gobierno hondureño, el Banco Mundial y la empresa estatal china Sinohydro, transnacional de la construcción: ella había liderado la oposición popular a la construcción de una represa en el río Gualcarque, que arrasaría con núcleos de población, recursos naturales y paisaje. Los militares también la habían rondado en 2009, cuando se opuso al golpe de Estado que derrocó al presidente Manuel Zelaya.

El drama del asesinato de Berta Cáceres personifica al de una víctima aún mayor: los pueblos, la naturaleza y el Planeta. Son muchas e importantes las voces que se alzan en una última llamada contra los abusos de quienes fomentan y provocan la llamada crisis ecológica y claman por la asunción de alternativas socioeconómicas que no favorezcan los intereses de la banca, de las élites y de las corporaciones, sino que combatan la desigualdad, trabajen por el desarrollo de un modelo de producción y consumo más justo y sostenible, y luchen por la regeneración ecológica. Frente a esas voces se emplean sin límites los lobbies económicos, y la muerte de Berta Cáceres nos demuestra hasta dónde son capaces de llegar.

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En estos mismos días nos enteramos también de que  la industria cárnica maniobró en España para contrarrestar el informe que la ONU publicó en octubre de 2015, en el que se advierte sobre los efectos cancerígenos del consumo de carne. Las cuatro principales empresas del sector cárnico español (Interporc, Provacuno, Asici e Interovic)  contrataron los servicios de la consultora británica SPRIM para lanzar una campaña de comunicación y marketing que negara lo que había dicho la ONU. La mejor manera era dar una “respuesta científica”, y decidieron hacerlo a través de “expertos en salud y nutrición”, profesionales que se mostraron públicamente críticos con el informe y avalaron con su (ahora nulo) prestigio un documento de “refuerzo de la imagen positiva de la carne”, que habría de trasladarse a organizaciones de protección del consumidor y medios de comunicación. La consultora llega a llamarlo “evangelización” en defensa del sector.

El escándalo mayúsculo es que consiguen la colaboración, incluso en algunos casos a cambio de 500 euros, de Carmen Vidal Carou, catedrática de Nutrición y Bromatología de la Universidad de Barcelona; Abel Mariné, catedrático de Nutrición y Bromatología de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Barcelona; Carmen Gómez Candela, jefa de la Unidad de Nutrición Clínica y Dietética del Hospital de La Paz, en Madrid; Antonio Villarino, presidente de la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación (SEDCA); y Susana Monereo, jefa del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Gregorio Marañón (Madrid). La campaña “científica” de la consultora contratada por los carnistas llega a conseguir que se pronuncien los pediatras a favor del consumo de la carne. Los que tienen en sus expertas manos a nuestros niños y niñas.

Una vez destapado el escándalo, estos presuntos expertos, así como los empresarios de la carne para los que actuaron de sicarios, debieran haber sido detenidos como un titiritero cualquiera y haber sido enviados a prisión preventiva del grave daño que causan a la sociedad, a la comunidad científica y a sus respectivos colectivos profesionales. No ha sido así, pues las fuerzas judiciales y del orden estaban ocupadas en detener e incomunicar a unos pacíficos antitaurinos que saltaron a la plaza de toros de Vistalegre para protestar contra la tortura pública y legal que se aplica a los animales en este país, y que a los medios no les resultó de interés, a pesar de que los activistas recibieron una paliza allí mismo por parte de unos taurinos que no fueron detenidos.

Pero más preocupante aún que las violencias de los lobbies económicos es la ceguera de esas víctimas suyas que no quieren ver que lo son. No hay más que remitirse a los  comentarios de muchos lectores a esa noticia, que habría de ser una bomba mediática si no fuera porque las propias víctimas de su onda expansiva se resisten a aceptar que lo son, ya que, de reconocerlo, habrían de cambiar sus hábitos de consumo: si en octubre todo fueron chistes con el chorizo, ahora tocaba negar la mayor aunque las cartas estuvieran boca arriba. Cabe destacar que quien firma este artículo es sistemáticamente acusada, precisamente, de querer “evangelizar” sobre ese consumo, cuando resulta que quien trata de evangelizar, como literalmente demuestran los documentos filtrados, es el lobby de la industria cárnica.

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Afortunadamente, aún queda un rastro de sensatez y dignidad, y  la Confederación de Organizaciones de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios (Ceaccu) pide a la Agencia Española de Seguridad Alimentaria que refuerce su papel como portavoz para evitar el uso “torticero” de la “figura de los expertos”. No ha tenido mucho eco su protesta (ni siquiera hay comentarios en la noticia), pero demuestra que solo en nuestras manos está la posibilidad de hacer frente al monstruo que nos devora: el de los lobbies y sus intereses, que no son los nuestros. De un modo u otro, nos va la vida en ello, como siempre nos recordará la muerte de Berta Cáceres.