El País

Los progresos del desarrollo humano en el mundo se sobreestiman

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Article d’Amanda Mars publicat a El País

La ONU advierte de que la mejora cuantitativa de muchos indicadores en los últimos años oculta problemas de miseria y desigualdad que se cronifican

Hoy en día hay más niños que nunca yendo al colegio, la escolarización de las niñas, en concreto, ha mejorado ostensiblemente en el mundo en los últimos años. Y la esperanza de vida ha aumentado un lustro desde 2000. Pero, ¿qué ocurre si en la mitad de los 53 países en desarrollo (que disponen de datos) la mayoría de las mujeres adultas que cursaron entre cuatro y seis años de educación primaria son analfabetas? ¿Y si una persona vive 80 años pero tiene una enfermedad crónica desde los 30?

El último Informe de Desarrollo Humano correspondiente a 2016, que el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) presentó este martes en Estocolmo, aborda este tipo de cuestiones, el lado menos brillante de los datos de mejora del bienestar en el mundo. “Nos hemos preocupado mucho por los logros cuantitativos”, admite Selim Jahan, responsable del estudio, pero advirtió de que no sirve de gran cosa mejorar las cifras de escolarización, si en realidad los niños apenas aprenden, o multiplicar el acceso al agua si esta no está en buenas condiciones.

“Prestamos demasiada atención a los promedios a nivel nacional, que a menudo ocultan enormes desigualdades en las condiciones de vida de las personas”, señala Jahan. Para avanzar, recalca, es necesario examinar más de cerca “no solo lo que se ha logrado, sino también quién ha quedado excluido y por qué”.

Porque entre los países que forman parte del triste grupo de cola en desarrollo humano, unos están muchos peor que otros, y dentro de aquellos países que experimentan llamativas mejoras en algunos índices, hay quien apenas participa de ese progreso. “Hemos visto que muchas barreras que tiene el progreso parten sencillamente de leyes discriminatorias”, lamenta Jahan.

En esta línea, el informe, que lleva por título Desarrollo humano para todas las personas, señala una serie de grupos que son excluidos de forma sistemática por obstáculos “que no son simplemente económicos, sino también políticos, sociales y culturales”. Los descolgados son las mujeres y las niñas, los habitantes de las zonas rurales, los pueblos indígenas, las minorías étnicas, las personas con discapacidad, los migrantes y refugiados y la comunidad gay o transgénero.

Jahan recalcó que algunos programas deben reorientarse, que la voz y la autonomía de los ciudadanos en esos procesos de mejora deben ganar importancia tanto en el análisis del bienestar como en las estrategias de progreso de ese bienestar. “La democracia es un valor en sí mismo, más allá de que ayude a la economía o al desarrollo”, insiste.

La gran estadística no muestra saltos relevantes del índice de 2014 al índice de 2015, ya que un barómetro tan estructural y amplio como el desarrollo humano que mide el PNUD experimenta avances y retrocesos lentos. Así que esos países que parecen arcadias felices donde vivir –Noruega, Australia, Suiza, Alemania, Dinamarca y Singapur, por este orden- son más o menos los mismos, con ligeros sorpassos fruto casi siempre de datos macroeconómicos: Noruega mantiene el trono y a Suiza, que el año pasado ocupaba el segundo puesto, le ha adelantado Australia, dejándole en tercer lugar. España ha bajado de la plaza 26 a las 27 por la subida de Italia.

El otro extremo del ranquin dibuja una realidad antagónica en las que conviven también viejos conocidos: la República Centroafricana sigue siendo sufriendo el índice más bajo de desarrollo humano, en el puesto 188, junto con Níger (187) y Chad (186).

Al riesgo de inmovilismo en las mejoras en el desarrollo de las personas se añade el riesgo incluso de retroceso. En un encuentro previo con periodistas, el director del informe fue preguntado por la ola de nacionalismo que experimentan algunos de los países más ricos del mundo, como Estados Unidos, y los efectos que puede tener en el progreso. La Administración de Donald Trump, por ejemplo, ya ha advertido de que aplicará un duro tijeretazo a las ayudas internacionales o Medio Ambiente. “No podemos predecir lo que va a pasar”, dijo Jahan, y evitó cualquier pronunciamiento político, si bien advirtió del peligro global que supone el cambio climático, un motor de epidemias y pobreza.

“El mundo ha recorrido un largo camino en la reducción de la pobreza extrema, la mejora del acceso a la educación, la salud y el saneamiento, y la ampliación de las posibilidades para las mujeres y las niñas”, señaló Helen Clark, responsable del PNUD, pero advirtió de que estos avances son “el preludio del siguiente desafío, posiblemente más difícil, el de velar por que los beneficios del progreso mundial lleguen a todas las personas”.

 

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Colau y los estereotipos

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Encara que ja fa dies d’aquest debat, crec que cal anar recordant que “El classisme considera que els que no pertanyen a la casta no són dignes d’ocupar el lloc reservat a ella…” tal com ens il·lustra aquest article de Milagros Pérez Oliva a El País del dia 3 d’abril:

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En La opinión pública, un clásico del periodismo y la política en muchos aspectos superado pero en otros aún vigente, el periodista y filósofo norteamericano Walter Lippmann se refería en 1922 a los estereotipos como “una imagen ordenada y más o menos coherente del mundo, a la que se han adaptado nuestros hábitos, gustos, capacidades, consuelos y esperanzas. (…) En ese mundo las personas y las cosas ocupan un lugar inequívoco y su comportamiento responde a lo que esperamos de ellos. (…) Ningún estereotipo es neutral. Son la garantía de nuestro amor propio y la proyección del sentido del mundo que cada uno tiene. Por tanto, los estereotipos arrastran la carga de los sentimientos que llevan asociados”.

Cuando Félix de Azúa, un intelectual que acaba de ingresar en la Real Academia Española, se refiere a la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, como una ignorante que debería estar vendiendo en una pescadería, no solo está catalogando a la persona a la que se refiere. También se cataloga a sí mismo. En esa valoración está implícita toda una exhibición de sus referentes mentales, de su personal sentido del orden de las cosas. El mismo orden que unos días antes había expresado un concejal del PP de Palafolls al afirmar que “en una sociedad seria y sana” Ada Colau no sería alcaldesa sino que “estaría fregando suelos”.

Los estereotipos implícitos en estas frases expresan la concepción del mundo que esas personas tienen. Una visión que parece muy antigua, pero ya sabemos que todo vuelve. Podría pensarse que, en la persistente campaña de acoso y derribo que sufre la alcaldesa, estas manifestaciones no pasan de ser anécdotas estrafalarias. Pero no es así. Tanto el concejal como el académico expresan en realidad algo que muchos de los adversarios políticos de Colau piensan pero esconden porque saben que eso les define y definirse en términos tan clasistas tiene hoy consecuencias. Afortunadamente, las tiene.

El clasismo entraña un sentimiento de superioridad de casta. Los que no pertenecen a la casta no son dignos de ocupar el lugar reservado a ella. Las que friegan suelos o venden en una pescadería, no son casta, ergo no merecen ocupar las posiciones que “en una sociedad seria y sana” corresponden a ciertas élites y que en el espacio público, es el poder, concebido como un instrumento para perpetuar la estratificación social.

En la visión clasista del mundo, nadie que no pertenezca a la casta o esté bendecido por ella, merece ejercer el poder. En ese orden mental, ejercer la alcaldía exige una dignidad de clase de la que carecen las limpiadoras y las vendedoras. Se establece así una jerarquía de personas y de dignidades. Hay una jerarquía de dignidad vinculada a la jerarquía de clase. Cualquiera que se salte el orden natural de esa jerarquía, es un usurpador. Y si es una mujer, doblemente usurpadora. Porque también hay una jerarquía de géneros. Colau, evidentemente, no es hombre y no imagino a ninguno de quienes le han faltado al respeto diciendo algo similar del alcalde de Valencia, de Cádiz o de Santiago, aun cuando por posición e ideología, representen lo mismo que Colau.

Pero en esta lógica, aún hay más: las que friegan suelos o venden pescado en el mercado están donde tienen que estar y no en las alcaldías porque carecen de cultura para comprender la complejidad del mundo. Una vendedora de pescado no puede ser alcaldesa. Y si una mujer que debería vender pescado a pesar de todo consigue ser alcaldesa, es porque la gente que la ha votado se ha equivocado. Un error de la democracia. De ahí a decir que la democracia es un error porque no garantiza la buena elección de quienes han de ocupar el poder, hay un paso muy corto. Peligrosamente corto.

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El propio Lippmann, que profundizó en el papel de los estereotipos y la conformación de la opinión pública, pensó que podía ser mejor dejar el poder en manos de élites bien formadas y preparadas para ejercerlo. En la misma entrevista en la que menosprecia a Colau, el académico y fundador de Ciudadanos muestra su contrariedad con los resultados del 20-D y afirma que la gente que apoyó a ciertos partidos debía “votar borracha”. Que es lo mismo que decir que no sabían lo que votaban. Tampoco debían saberlo, cabe deducir, los que con su voto hicieron posible que Ada Colau, que debía estar vendiendo pescado, gobierne “una ciudad como Barcelona”.

La visión clasista del mundo es posible que considere preferible que las alcaldías se adjudiquen por el mismo procedimiento que los sillones de la Real Academia, por cooptación y con discurso de bienvenida. Pero los tiempos, como decía la canción, están cambiando. Si Ada Colau y otras como ella que deberían estar fregando suelos o vendiendo pescado están hoy gobernando las instituciones es porque, en democracia, cada persona vale exactamente lo mismo, un voto. Y aunque la opinión pública puede manipularse, hoy ya no es tan fácil construir estereotipos de base clasista. Al contrario. Ada Colau, que puede fregar suelos, vender pescado y ejercer como alcaldesa con la misma dignidad, ha sabido darle la vuelta al discurso. Se ha ido al mercado y se ha hecho una foto con las vendedoras de pescado: “Orgullo de ser mujeres trabajadoras”, ha tuiteado. Harán bien, las élites con clase, de no despreciar a ciertas alcaldesas.

El patriotisme es nota en la declaració d’Hisenda

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Per això quan desenes de polítics, periodistes, advocats, empresaris, famosillus o esportistes ens omplen de paraules “emotives i sinceres” sobre el seu amor a Espanya, Catalunya, el Barça, el Madrid o  el Corte Inglés, no puc estar-me de tenir mal de panxa…

Quina pàtria tenen els Pujol i fills, Marta Ferrusola, Rodrigo Rato, Lluís Prenafeta, Luís Barcenas, Felipe González, Millet i els amics del Palau (amb Àngel Colom el capdavant), els consellers Planasdemunt, Cullell, Farreras, Roma, Carretero, Ausàs o Alavedra o la màfia valenciana dels Camps, Barberà, Fabra, Cotino, Zaplana, Blasco…?  per no parlar dels Daurella, Molins, Lara, Carulla, Carceller, Godia, Lao i etc…  

Nacionalisme…? patriotisme…?  una colla de corruptes, lladres i mentiders que tapen les seves vergonyes amb banderes mentre tracten al 99% de la població com idiotes… us deixo amb un article de fa un parell de mesos d’Elvira Lindo en referència als papers de Panamà,Unos tanto y otros tampoco“:

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El patriotismo se nota en la declaración de Hacienda. La frase no es mía, sino de mi padre, y ya ha sido citada, no por mí que, algo desconsiderada como todas las hijas, tendía a desconectar cuando en la sobremesa mi progenitor la emprendía con su tema favorito, la corrupción. La frase la suele citar con frecuencia el yerno, que admiraba esos aforismos que, aún relacionados siempre con el oficio de contable, contenían algunas ideas sobre la decencia que tal vez hubieran debido incluirse en esa asignatura que nunca fue, la de Educación para la Ciudadanía. Es irónico que el Partido Popular no permitiera que prosperara, cuando deberían haber sido los primeros interesados en asistir a un curso intensivo en una escuela de adultos.

La declaración de Hacienda. Madre mía, lo que esos documentos contienen y cuentan de nosotros. La vida escrita en números. Esta semana se ha hecho evidente a lo bestia la paradoja española: al mismo tiempo en que la web de la Agencia Tributaria se bloqueaba por la entrada masiva de españoles que intentaban cumplimentar su declaración, se hacía pública la lista de personajes que a lo largo y ancho de este mundo han estado creando sociedades ficticias con el único fin de eludir los impuestos en la patria que dicen amar o representar. Entre los ciudadanos que trataban de entrar en la página del ministerio recaudador se encontraban tecleando muchos jóvenes que, a pesar de ganar unos sueldos ridículos, son vigilados a conciencia por los inspectores. Si encima se trata de pobres autónomos, precisan para colmo de la ayuda de un asesor fiscal para que les diga cómo tienen que gestionar los cuatro euros que ganan. Es lógico que eso cree un resentimiento. Lógico y previsible que quienes viven lampando y son fiscalizados con tanto celo se sientan maltratados.

En España, en donde tan hipócrita relación se ha tenido siempre con el dinero, hasta el punto de negar u ocultar que se tiene cuando se tiene, estas injusticias que claman al cielo han generado un clima de rencor social, que tardará tiempo en despejarse si es que alguna vez amaina. La prensa ha jugado bien su partida sacando a la luz estos papeles, pero también se ha amarilleado a conciencia, haciendo hincapié en los nombres de personas conocidas que dan color al escándalo. Cuentan los medios con que hay una vara diferente de medir a unos y a otros de los que integran esas listas. Si el que se vale de trucos para no pagar impuestos en su país es un futbolista nadie le va a negar el aplauso por un gol. Imposible imaginar que desde las gradas de un estadio se abuchee a una estrella del balón por hacer trampas fiscales. En cuanto a los Putin, los Cameron y demás familia todo queda o quedará en la abstracción inalcanzable de los poderosos. El escándalo pasará por ellos como un vendaval. Luego la calma. ¿Alguien se imagina a Putin dimitiendo por este asuntillo? ¿Alguien sabrá verdaderamente cuánto dinero afanan? Las dimisiones solo ocurren en Islandia.

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Aquí, en España, estamos acostumbrados a que la corrupción no mueva la intención de voto. Puestos a ponernos farrucos nos desahogamos con la gente de la cultura, a la que consideramos que, en el fondo, está donde está por el morro. No disculpo a nadie, ni tampoco juzgo, porque de momento hay un amasijo de nombres y de responsabilidades muy diferentes, pero presiente una más saña con ciertos personajes que con otros. También es cierto que en los noventa, década en la que el dinero circulaba como si no hubiera un mañana, a aquel que ganaba más que la media enseguida les salían expertos, asesores, profesionales de las finanzas que aconsejaban trampas; una legión de cuñados que te venían a susurrar al oído que mientras tú pagabas impuestos otros los estaban derivando a… En fin.

Pero hay algo si cabe más inquietante que ese rencor social, que al final se acaba ejerciendo hacia cualquiera al que le vayan bien las cosas en la vida, y es el discurso catastrofista, el que viene a decir que todo es una mierda, que todo está podrido, que todas las democracias son una farsa. En mi opinión, ese discurso es la cerillita, pequeña pero eficaz, que prende la hojarasca. Una manera de reclamar la presencia de un salvapatrias que, con mano de hierro, venga a salvarnos de esta degeneración y nos obligue a ser decentes por decreto. Como si en las dictaduras no hubiera corrupción y esto fuera un problema endémico del sistema democrático. ¡Anda que no se robaba cuando entonces!

Y a todo esto doña Pilar, sacando los dineros del Reino en el que es Infanta. Acaba una por pensar que el Rey, el de ahora, habría crecido más a salvo en una familia de acogida.

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¿Comunistas ? de Jordi Borja

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La Transición truncada les llevó a cierta marginación. No pidieron nada a cambio. Y cuando han nacido nuevas fuerzas políticas y sociales los apoyan sin pretensión dirigente. Ni esperan halagos ni escuchan insultos

No hay comunismo pero renace el anticomunismo. Los líderes de la derecha, el PP y Ciudadanos, y también el PSOE pero más discretamente, se escandalizan ante la hipotética posibilidad que los “comunistas” y otro “extremistas” lleguen al poder. Y anuncian grandes males, no se sabe cuales. ¿De qué y de quienes tienen miedo? El “comunismo”, identificado con el sistema soviético, ha desaparecido, solo pervive su caricatura en Corea del Norte, pues en Cuba está en una transición sin posible vuelta atrás. En Europa occidental, los partidos comunistas hace décadas que se integraron en los sistemas políticos de democracia representativa y los más importantes, en especial el francés y el italiano, formaron parte de gobiernos en todos los niveles del Estado. El PC francés, bajo la presidencia socialista de Mitterrand, y el PC italiano derivó como Partido Democrático, está en la Internacional Socialista, integró a una gran parte de la Democracia Cristiana y gobierna Italia. Los distinguidos personajes que denuncian el peligro comunista en España suponemos que no se refieren al comunismo internacional inexistente sino al español y al catalán. Y utilizan el término comunista no como un concepto que se puede entender con sus virtudes y defectos sino como un insulto. Cuando Rajoy o Rivera se refieren al comunismo parecen inspirados por Carrero Blanco o cualquier ministro del franquismo. Lamentable y, además, inútil.

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¿Hay una fuerza política comunista en nuestro país? ¿Los que son o fueron comunistas son una amenaza para las libertades y el progreso? Las izquierdas nuevas o renovadas pueden considerarse más o menos radicales o moderadas, pero sus programas, declaraciones o formas de hacer política son más propias del liberalismo progresista y de la socialdemocracia clásica. Con algunos rasgos de los movimientos sociales similares a todos los países europeos o americanos. A los que se añaden los herederos del comunismo forjado en el antifranquismo y arraigado en el movimiento obrero y ciudadano y en las universidades y en los sectores culturales y profesionales. Aportan realismo y experiencia y en su pasado, como en el presente, llevan consigo un ADN profundamente democrático. ¿O acaso no fueron los militantes comunistas luchadores por la democracia, las libertades y la reconciliación nacional y su acción, pacífica y muy costosa, aceptada por amplias capas de la población? Más que temor o inseguridad, la cultura política de los comunistas herederos del antifranquismo es una garantía de orden democrático y de cambios para las mayorías sociales.

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Usar el término “comunista” referido al PSUC y al PCE como un insulto es indigno. Se les denominó “el partido” y fue la organización política más presente y con más iniciativa desde finales de los años 40 hasta la muerte del dictador. Miles de militantes y centenares de dirigentes y cuadros pasaron por las cárceles, el maltrato policial, el exilio, la clandestinidad. No fueron los únicos, pero sí los más numerosos. Estuvieron en múltiples frentes y casi siempre liderando la resistencia democrática. Fueron respetados por la Iglesia de base y por intelectuales y profesionales cualificados que no compartían las mismas ideas pero admiraban a los militantes comunistas. Jorge Semprún criticó duramente el comunismo de aquella época, pero también siempre manifestó su identificación con los militantes. Líderes políticos e intelectuales de ideología liberal expresaron el reconocimiento al protagonismo de los comunistas en la lucha por la democracia, en la consecución de las libertades políticas y la defensa de los derechos sociales y culturales. La Transición truncada les llevó a una relativa marginación. No pidieron nada a cambio. Y cuando han nacido y se han desarrollado nuevas fuerzas políticas y sociales los apoyan sin ninguna pretensión dirigente. Su cultura política es muy clara: promover la democracia a todos los niveles de las instituciones, la economía, la cultura y la vida social. Y ni esperan halagos ni escuchan los insultos.

Article de Jordi Borja al País del 17 de maig

Entre lo posible y lo necesario, de Joan Subirats

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La exigencia de cambios profundos atraviesa todo tipo de países, aunque la dirección no esté clara. Las grandes transformaciones sociales no suelen poder predecirse

Article de Joan Subirats a El País

Vamos viendo como surgen propuestas aquí y allá que para los más avezados analistas políticos resultan ingenuas, infantiles, irrealizables. Me refiero, por ejemplo, a los fenómenos de Corbyn en Gran Bretaña o de Sanders en los Estados Unidos. Dos personajes de largo recorrido, que durante años han sido vistos en sus partidos como figuras más bien exóticas, que repetían cosas de otra época. Y lo más curioso es que sus propuestas han obtenido la mayor audiencia y apoyo precisamente entre los más jóvenes. Unos jóvenes con grandes incertidumbres sobre su futuro y menos moldeados por la realpolitik.

Los portavoces del realismo político se expresan en todas partes más o menos así: “La política es un asunto complicado; los avances se dan gracias a la gente de dentro del tinglado que sabe cómo manejar las cosas; si quieres conseguir algo, has de aceptar las reglas de juego y los límites que vas a encontrar en cada cuestión”. Al final, lo que queda es la frase de siempre en el mundo de la política y la gestión pública. “Olvídate, el cambio o es incremental o no es”. Si atendemos a cómo se ha leído el tema Syriza-Varoufakis parecería que los hechos dan la razón a los más curtidos en “la política tal cual es”. Pero, lo cierto es que no parece que sin Varoufakis la cosa nos vaya mucho mejor.

Parece extraño que Sanders insista en usar la expresión “socialismo democrático” como el mejor resumen de sus propuestas. Y lo es porque “socialismo” es la palabra más contraproducente para conseguir apoyos en lo que ha sido el imaginario político norteamericano. De hecho, Sanders sabe bien que Eugene Victor Debs, el máximo representante del socialismo en la historia política norteamericana, se presentó cinco veces como candidato del Partido Socialista a las elecciones presidenciales y nunca pasó del 6% de los votos (1912). A pesar de eso, Sanders sigue esa estela y la conecta con la tradición, esa sí mucho más mayoritaria, de Franklin D. Roosevelt o Lyndon B. Johnson, en el sentido de defender que la intervención pública y la lucha por la igualdad social son ideas tan legítimas como las propias del liberalismo y mucho más necesarias que nunca. Y los jóvenes coinciden en ello, más allá de prejuicios y etiquetas.

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La exigencia de cambios profundos atraviesa todo tipo de países, aunque la dirección de ese cambio no esté clara. Las situaciones que generan transformaciones sociales significativas no acostumbran a poder predecirse. La coincidencia de una fuerte movilización o conflicto con otras circunstancias quizás ajenas, abre la oportunidad de cambiar cosas que un día antes parecían totalmente inamovibles. Es difícil imaginar que situaciones de este tipo surjan de técnicos y expertos que acostumbran a buscar salidas practicables en el clima político de cada momento. Son los movimientos sociales los que muchas veces pueden cambiar ese clima presionando y luchando por lo que muchos consideran propuestas impracticables e ilusorias. Las barreras son inmensas pues sus propuestas alteran las zonas de confort de muchos actores e intereses.

Lo normal es considerar que este tipo de movilizaciones son arriesgadas y contraproducentes. Es lo que Hirschman denominó como “retórica intransigente””, que apela a tres temas fundamentales: el riesgo, la futilidad y los efectos perversos. El riesgo supone exponer que cada vez que intentamos cambiar algo se corre el riesgo de perder lo que ya se tiene, y que por tanto, la inactividad es la postura más prudente. La futilidad expresa que no existen oportunidades de cambio, y desde esta óptica cualquier tipo de acción no es sino una pérdida de tiempo y recursos. Y los efectos perversos están relacionados con la idea de que cualquier tipo de actuación pensada para el cambio no hará sino empeorar las cosas. Lo que hemos visto en estos últimos años, con ejemplos distintos como la PAH o la ANC, es que frente esta “retórica intransigente” es posible levantar una “retórica de la movilización” que convierta en más realizable lo que poco antes parecía imposible.

La dialéctica instituciones y movimientos sociales debe seguir manteniendo dinámicas de colaboración y conflicto, de practicabilidad de lo que se propone, pero también de exigencia de lo que muchos consideran necesario y justo. Lo peor sería caer en lo que ya advirtió Debs cuando algunos dudaban de votar a alguien como él con pocas posibilidades de victoria: “mejor votar por lo que quieres y no obtenerlo que votar por lo que no quieres y conseguirlo”.

Democratic presidential candidate, Sen. Bernie Sanders, I-Vt., reacts to supporters during a concert hosted by his campaign, Friday, Oct. 23, 2015, in Davenport, Iowa. (AP Photo/Charlie Neibergall)

La movilización mediática en contra de Podemos

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Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 17 de marzo de 2016.

Este artículo denuncia la movilización de prácticamente todos los mayores medios de información del país para desacreditar y destruir a Podemos, atribuyéndole el hecho de que hoy no haya un gobierno de coalición alternativo al gobierno Rajoy.​

Hemos estado viendo estos días una enorme movilización de los mayores medios de información del país en contra del partido Podemos, en una campaña de descredito (en la que la mentira y la manipulación son prácticas comunes) que carece de las mínimas reglas de deontología que deberían caracterizar la labor de estos medios.

Es cierto que esta campaña no es nueva. Desde que apareció Podemos, tal partido ha tenido muy mala prensa. En realidad, la mayoría de esos medios consisten en diarios de escasísima diversidad, lo que muestra que España ha alcanzado unos niveles intolerables de casi dictadura mediática.

Soy consciente de que la utilización de este término –dictadura mediática- para definir la situación en este país será percibida, en amplios sectores de la intelectualidad española, como una exageración, subrayando que la situación en España es comparable a la de los países de la Unión Europea o Norteamérica, observación que parece mostrar su desconocimiento, cuando no ignorancia, de lo que ocurre en aquellos países.

Desde que, por razones políticas, tuve que dejar España en el año 1962, viví en Suecia, en el Reino Unido y en EEUU, habiendo viajado e impartido docencia en muchos otros países a los dos lados del Atlántico Norte. Y si bien es cierto que en la mayoría de tales países los medios de información escrita suelen estar en el espectro político desde el centro a la derecha, también es cierto que en casi todos ellos hay también una minoría que son de centroizquierda o izquierda, lo que asegura la calidad de la información, pues tal variedad ideológica permite contrastar dicha información, garantizando una vigilancia y crítica de la manipulación y falta de veracidad en los medíos. No así en España. En realidad, la diversidad ideológica de los medios es limitadísima, mucho más limitada, por cierto, que la que hay en la supuestamente “horrible dictadura” impuesta por el gobierno venezolano, la cual, según el Sr. Felipe González, es peor que la dictadura del General Pinochet en Chile. Y, sin embargo, hay más prensa escrita de derechas (la mayoría) en Venezuela que prensa escrita de izquierdas en España (ni una).

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El caso de El País

El País en sus orígenes intentó ser un rotativo progresista de centro, abierto a las izquierdas. Pero hace ya tiempo que dejó de serlo, pasando a ser un instrumento propagandístico con clara animosidad hacia las izquierdas, alcanzando niveles que rompen con las mínimas reglas de decencia periodística en sus informaciones. Y yo lo he vivido en carne propia.

Cuando el dirigente de Podemos, Pablo Iglesias, vino a dar su primer discurso en la Vall d’Hebron, en un pabellón lleno a rebosar, sorprendió ver en la audiencia nada menos que a Pasqual Maragall, que había sido alcalde de Barcelona y más tarde Presidente de la Generalitat, y con el cual me une una gran amistad que se remonta a los años cincuenta. Su entrada en el auditorio generó una enorme ovación, que duró varios minutos. Y la sentí y la vi, pues estaba sentado próximo a Pasqual Maragall. Así lo oyeron los asistentes al acto, que abarrotaban el pabellón, y que son testigos de lo que ocurrió.

Pues bien, aquella ovación –con miles de catalanes presentes como testigos- se convirtió, en el reportaje de El País, en pitidos y abucheos. Así, El País informó que había sido abucheado en tal acto. Nunca había visto, ni siquiera en la prensa amarilla, este nivel de manipulación. Y como era de esperar, la derecha catalana pujolista, que sí que tiene acceso a El País, inmediatamente distribuyó tal noticia por toda Catalunya. Escribí una carta de protesta y clarificación, subrayando que no era cierta la noticia de que Pasqual Maragall había sido abucheado (todo lo contrario, había sido ovacionado) y exigiendo que se publicara una rectificación que nunca ocurrió (ver “Manipulaciones y mentiras en El País”, Público, 30.12.14).

El otro caso fue cuando, con el Catedrático de Economía de la Universidad de Sevilla, Juan Torres, publicamos las líneas estratégicas de lo que debería ser la política económica de un gobierno progresista, documento que preparamos a petición de Podemos y que tal partido hizo suyo, utilizándolo como un documento básico para preparar más tarde su programa económico. Solo horas después de salir, El País publicó un artículo del economista próximo a la derecha liberal dentro del PSOE, el Sr. José Carlos Díez (su gurú en temas económicos), mintiendo, asignando al documento posturas que no sosteníamos, acusándonos, además, de conocer poco cómo funcionaba, entre otros, el ICO, lo cual desmentimos en una carta señalando que ni decíamos lo que se nos atribuía ni desconocíamos cómo funcionaba el ICO (ver “Respuestas a los ataques neoliberales contra el documento preparado a propuesta de Podemos”, Público, 02.12.14), mostrando artículos que yo había escrito con anterioridad, detallando lo que no hacía y debería hacer tal institución financiera estatal. Predeciblemente no la publicaron. Sí que publicaron, en cambio, un largo número de artículos criticando el documento que Juan Torres y yo habíamos hecho. Y, por si fuera poco, El País hizo una entrevista al presidente del Bundesbank, el banco central alemán, que indicó que la aplicación de nuestras propuestas tendría un efecto muy nocivo en la economía española (ver mi artículo “Cómo el Banco Central Alemán está dañando a España”, Público, 16.12.14). El País tampoco permitió que respondiéramos a tanta crítica (por cierto, el Sr. Wolfgang Munchau, director asociado del Financial Times, escribió que, en contra de lo que dijo más tarde el presidente del Bundesbank, las medidas eran las que España necesitaba, tal como señalé en el artículo “El director asociado del ‘Financial Times’ apoya las políticas económicas de Podemos”, Público, 25.11.14).

podemos1La agresividad alcanza ahora niveles extremos

Hoy la avalancha mediática contra Podemos está alcanzando un nivel histriónico, intentando convencer a la población de que Podemos es la fuerza política responsable de que no haya un nuevo gobierno transversal que sustituya al gobierno conservador-neoliberal del Sr. Rajoy. Se repite (y muy en particular en El País), de manera insistente, que es Podemos el responsable de que continúe Rajoy. Y para llegar a tal conclusión, tergiversan la realidad, señalando la supuesta rigidez y arrogancia del equipo de dirección, y muy en particular de Pablo Iglesias, que en sus presuntas “ansias de pureza ideológica no quiere contaminarse y bajar a nivel de suelo para negociar con el PSOE para llegar a un acuerdo”. Y, por desgracia, se publican también voces de izquierdas que piden a Podemos “que deje ya de hacer tonterías”, desconociendo o ignorando el porqué no hay hoy una propuesta de coalición de izquierdas que gobierne con el apoyo de partidos sensibles a la necesidad de cambio.

La evidencia existente del porqué no hay tal propuesta es abrumadora, e incluye que: 1) la dirección del PSOE no quiere ni quería una alianza con Podemos. Las declaraciones de figuras de gran influencia y poder en el PSOE lo han dejado muy claro; 2) el equipo económico del PSOE es mucho más cercano al equipo económico de Ciudadanos que al de Podemos, pues comparten los puntos esenciales de la ideología neoliberal que domina hoy las instituciones de gobernanza del euro, y de la Unión Europea. Los escritos y declaraciones de ambos están ahí y son fácilmente accesibles. Por favor, que se lo lean. Y el pacto entre PSOE y Ciudadanos lo muestra, como he indicado en varios artículos (ver “¿Por qué no se establece un pacto de izquierdas?, Público, 25.02.16). Naturalmente que tal pacto es una mejora sobre lo existente. Pero esto no puede ser una justificación para aceptarlo, pues hay otras alternativas que existen y se quieren evitar por parte de la dirección del PSOE, las cuales establecerían unas políticas de cambio mucho, mucho más beneficiosas para las clases populares de este país; 3) naturalmente que hay que ceder en cualquier negociación y habrá que aliarse con partidos que no son de izquierdas, pero ¿con cuáles? Y hay ahí también diferencias notables en políticas económicas y sociales; y 4) el PSOE no negoció con buena fe con las izquierdas. Los participantes en las negociaciones de Compromís e IU pueden dar testimonio de ello.

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¿Por qué, entonces, toda la animosidad de tales medios es hacia Podemos? Y la respuesta es clara y obvia, por mucho que intente ocultarse. Los intereses financiero-económicos que tienen una enorme influencia sobre los establishments político-mediáticos no quieren hacer los cambios que el país necesita, ya que se están beneficiando de ello. La intención fue siempre destruir a Podemos, y al día siguiente de la fallida investidura se movilizó la batalla mediática, detrás de la cual está el establishment económico y financiero (que controla o influencia a los medios), que incluía El País, para cargarse a Podemos, descubriendo tensiones, inventando muchas y presentando como nuevas otras que habían pasado antes desapercibidas. Es lamentable el espectáculo de voces de izquierdas que, consciente o inconscientemente, están haciendo el juego a estas fuerzas conservadoras y neoliberales, y también, por cierto, es sorprendente y decepcionante que haya tan pocas voces que denuncien la falta de diversidad de los medios de información, como queda constancia en estos momentos históricos que vivimos. En España hay un silencio ensordecedor sobre tal falta de diversidad de los medios de información, que son predominantemente de persuasión y propaganda. Es uno de los mayores problemas que tiene la democracia española, contribuyendo a su enorme pobreza y a la baja calidad de las instituciones representativas y del debate político en el país.

Atrapat al seu laberint

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Atrapat al seu laberint és un nou article de Josep Ramoneda publicat en el diari El País avui mateix:

“Mas va respondre a la intransigència de Madrid amb dues acceleracions precipitades que van deixar alguns aliats al marge. Ara és ell qui es pot quedar pel camí

Qui podia imaginar quan, la tardor del 2012, Mas va convocar eleccions per obtenir el lideratge del procés sobiranista que tres anys més tard estaria lluitant per no quedar exclòs d’un procés electoral que només ell pot convocar? És la deriva d’un procés que el president va voler fer seu, però que no va controlar mai, perquè no va encertar ni en els temps ni en el càlcul de les relacions de forces.

Artur Mas mai s’ha sostret a un clima polític amb tendències maníaco-depressives, en què es passa amb molta facilitat de l’eufòria al pessimisme. Després del moment culminant del 9-N, va abaixar el to col·lectiu. Molta gent és sensible al projecte independentista a condició que no tingui costos i la sensació que l’esforç per arribar al capdamunt no tenia recompensa va produir desmobilització i desencantament.

Artur Mas va intentar alçar els ànims amb la seva proposta de llista única entorn de la seva figura, emparada en una doctrina, molt repetida al seu entorn, que sosté que aquests processos sempre necessiten el poder d’arrossegament d’un lideratge fort i que la unitat suprapartidaria dóna un plus electoral determinant. Però els lideratges ni s’imposen ni es decreten, es conquisten. A mesura que s’acostava el 27-S, es va estendre la idea que el procés anava a la deriva. I Artur Mas va aprofitar la circumstància per recuperar la seva vella idea de la llista única.

En un gest d’aparent generositat a favor de l’interès superior, es va declarar disposat a no encapçalar-la. I en un sorprenent desistiment de responsabilitats, va transferir a l’ANC i a Òmnium la tasca d’organitzar la llista. Ara està atrapat al laberint que ell mateix ha construït: llista única sí, però sense polítics. I es posa en evidència: “No poso condicions per encapçalar la llista. Una altra cosa és que ni tan sols en formi part. Jo no faré qualsevol cosa”.

Artur Mas va veure en el procés l’oportunitat de renovar l’hegemonia del nacionalisme moderat. La intransigència de Madrid li va reduir els espais i Mas va respondre amb dues acceleracions precipitades que van deixar alguns aliats al marge. Ara és ell qui es pot quedar pel camí. Mas ha estat sempre en el punt de mira. Descavalcar-lo va ser l’objectiu del Govern espanyol d’ençà que va comprendre que no estàvem davant un episodi més de l’estratègia pujolista i que el que calia pagar perquè renunciés a la seva aposta era massa car. Es va imposar la falsa idea que si es carregaven Mas el procés s’acabava.

Els envits van disminuir quan, a principis d’aquest any, es va estendre a Madrid la idea que el sobiranisme anava de mal borràs, però les amenaces judicials segueixen aquí. Artur Mas va buscar reforçar-se amb el lideratge del procés, provocant els recels i les resistències dels seus propis socis. Amb la seva aposta per la llista amb el president, s’ha posat la soga al coll. I ara lluita patèticament per treure-l’hi.

El sobiranisme està en fase de desconcert, amb una considerable confusió de papers entre partits polítics i organitzacions civils. Com sortir de l’embolic? Les CUP han rebutjat entrar en “la dinàmica de les cimeres espectacle” i Artur Mas s’ha vist obligat a suspendre la reunió que havia d’afrontar el conflicte de les llistes. La política catalana ha emprès una deriva que només aporta desprestigi i desorientació.

Darrere de les sobreactuaciones de Mas s’aprecia un allunyament creixent de la realitat. Política o joc? En un cafè parisenc, Sartre observa el noi que serveix les taules: “Té un gest viu i sostingut, una mica massa precís, una mica massa ràpid, va cap als consumidors amb un pas una mica accelerat, s’inclina amb massa pressa, la seva veu, els seus ulls expressen una sol·licitud excessiva pel que ordena el client, en fi, aquí està, tractant d’imitar en la seva acció el rigor inflexible d’algun autòmat, mentre porta la seva safata amb la temeritat del somnàmbul”. “Tota la seva conducta sembla un joc”, subratlla Sartre. “Però, a què juga? No cal observar-lo gaire per adonar-se’n: juga a ser cambrer”. Així exemplifica el filòsof el que ell anomenava “la mauvaise foi”.”