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Rosa Luxemburgo, la rosa roja del socialismo

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   Articlerl1 de Josefina L. Martínez, historiadora i periodista que forma part de la redacció de La Izquierda Diario i del Colectivo Burbuja, publicat a Ctxt el 15 de gener de 2017.

“Mehring dijo una vez que Luxemburgo era “la más genial discípula de Carlos Marx”. Brillante teórica marxista y polemista aguda, como agitadora de masas lograba conmover a grandes auditorios obreros. Uno de sus lemas favoritos era “primero, la acción”, estaba dotada de una fuerza de voluntad arrolladora. Una mujer que rompió con todos los estereotipos que en la época se esperaban de ella, vivió intensamente su vida personal y política.

Era muy pequeña cuando su familia se muda desde la localidad campesina de Zamosc hacia Varsovia, donde transcurre su niñez. Rozalia sufrió una enfermedad de la cadera, mal diagnosticada, que la deja convaleciente durante un año y le produce una leve renguera que dura toda su vida. Perteneciente a una familia de comerciantes, siente en carne propia el peso de la discriminación, como judía y como polaca en la Polonia rusificada.

La actividad militante de Rosa comienza a los 15 años, cuando se integra al movimiento socialista. Según su biógrafo P. Nettl, tenía esa edad cuando varios dirigentes socialistas fueron condenados a morir en la horca, algo que impactó profundamente en la joven estudiante. “En su último año de escuela era conocida como políticamente activa y se la juzgaba indisciplinada. En consecuencia, no le concedieron la medalla de oro por aprovechamiento académico, a la que era acreedora por sus méritos escolares. Pero la alumna más sobresaliente en los exámenes finales no solo era un problema en las aulas; para entonces era, de seguro, un miembro regular de las células subsistentes del Partido Revolucionario Proletariado”.

Alertada de que había entrado en el foco de la policía, Rosa emprende una huida clandestina hacia Zúrich, donde se convierte en dirigente del movimiento socialista polaco en el exilio. Allí conoce a Leo Jogiches, quien será amante y compañero personal de Rosa durante muchos años, y su camarada hasta al final.

Después de graduarse como Doctora en Ciencias Políticas –algo inusual para una mujer en ese entonces–, finalmente decide trasladarse a Alemania para integrarse en el SPD, el centro político de la Segunda Internacional. Allí conoce a Clara Zetkin, con quien sella una amistad que dura toda la vida.

La batalla por las ideas

En Berlín desde 1898, Rosa se propone medir sus armas teóricas con uno de los integrantes de la vieja guardia socialista, Eduard Bernstein, quien había comenzado una revisión profunda del marxismo. Según él, el capitalismo había logrado superar sus crisis y la socialdemocracia podía cosechar victorias en el marco de una democracia parlamentaria que parecía ensancharse crecientemente, sin revoluciones ni lucha de clases.  El “debate Bernstein” sumó muchas plumas, sin embargo, fue Rosa Luxemburgo quien desplegó la refutación más aguda en el folleto “Reforma o Revolución”.

La Revolución Rusa de 1905, la primera gran explosión social en Europa después de la derrota de la Comuna de París, fue sentida como una bocanada de aire fresco por Luxemburgo. Escribió artículos y recorrió mítines como vocera de la experiencia rusa en Alemania, hasta que logra introducirse de forma clandestina en Varsovia para participar de forma directa en los acontecimientos. Es el “momento en que la evolución se transforma en revolución”, escribe Rosa. “Estamos viendo la Revolución Rusa, y seríamos unos asnos si no aprendiéramos de ella”.

rl2La Revolución de 1905 abrió importantes debates que dividieron a la socialdemocracia. En esta cuestión, Rosa Luxemburgo coincidía con Trotsky y Lenin frente a los mencheviques, defendiendo que la clase trabajadora tenía que jugar un papel protagónico en la futura Revolución Rusa, enfrentada a la burguesía liberal. El debate sobre la huelga política de masas atravesó a la socialdemocracia europea en los años que siguieron. El ala más conservadora de los dirigentes sindicales en Alemania negaba la necesidad de la huelga general mientras que el “centro” del partido la consideraba como una herramienta únicamente defensiva, válida para defender el derecho al sufragio universal. Rosa Luxemburgo cuestiona el conservadurismo y el gradualismo de esa posición en su folleto “Huelga de masas, partido y sindicatos”, escrito desde Finlandia en 1906. Este debate reaparece hacia 1910, cuando Luxemburgo polemiza directamente con su anterior aliado, Karl Kautsky.

Socialismo o regresión a la barbarie

La agitación contra la Primera Guerra Mundial es un momento crucial en su vida, un combate contra la defección histórica de la socialdemocracia alemana que apoya a su propia burguesía, en contra de los compromisos asumidos por todos los Congresos socialistas internacionales.

En su biografía, Paul Frölich señala que cuando Rosa se entera de la votación del bloque de diputados del SPD, cae por un momento en una profunda desesperación. Pero, como mujer de acción que era, rápidamente responde. El mismo día que se votaban los créditos de guerra, en su casa se reunían Mehring, Karski y otros militantes. Clara Zetkin envía su apoyo y poco después se suma Liebcknecht. Juntos editan la revista La Internacional y fundan el grupo Spartacus.

En 1916 Rosa Luxemburgo publica “El folleto de Junius”, escrito durante su estadía en una de las tantas prisiones que se han transformado en residencia casi permanente. En este trabajo plantea una crítica implacable a la socialdemocracia y la necesidad de una nueva Internacional. Retomando una frase de Engels, Luxemburgo afirma que si no se avanza hacia el socialismo solo queda la barbarie. “En este momento basta mirar a nuestro alrededor para comprender qué significa la regresión a la barbarie en la sociedad capitalista. Esta guerra mundial es una regresión a la barbarie.”

En mayo de 1916, Spartacus encabeza un mitin del 1 de mayo contra la guerra, donde Liebknecht es arrestado, pero su condena a prisión provoca movilizaciones masivas. Se anuncia un tiempo nuevo.

rl31917: atreverse a la revolución

La revolución rusa de 1917 encontró en Rosa Luxemburgo una firme defensora. Sin dejar de plantear sus diferencias y críticas sobre el derecho a la autodeterminación o acerca de la relación entre la asamblea constituyente y los mecanismos de la democracia obrera –sobre esta última cuestión cambia de posición después de salir de la cárcel en 1918–, Luxemburgo escribe que “los bolcheviques representaron todo el honor y la capacidad revolucionaria de que carecía la socialdemocracia occidental. Su Insurrección de Octubre no sólo salvó realmente la Revolución Rusa; también salvó el honor del socialismo internacional.”

Cuando la sacudida de la revolución rusa impacta directamente en Alemania en 1918 con el surgimiento de consejos obreros, la caída del káiser y la proclamación de la República, Rosa aguarda impaciente la posibilidad de participar directamente de ese gran momento de la historia.

El Gobierno queda en manos de los dirigentes de la socialdemocracia más conservadora, Noske y Ebert, dirigentes del PSD –este partido se había escindido con la ruptura de los socialdemócratas independientes, el USPD–. En noviembre de ese año, el gobierno socialdemócrata llega a un pacto con el Estado mayor militar y los Freikorps para liquidar el alzamiento de los obreros y las organizaciones revolucionarias. Rosa y sus camaradas, fundadores de la Liga Espartaco, núcleo inicial del Partido Comunista Alemán desde diciembre de 1918, son duramente perseguidos.

El 15 de enero, un grupo de soldados detuvieron a Karl Liebknecht y a Rosa Luxemburgo cerca de las nueve de la noche. Rosa “llenó una pequeña valija y tomó algunos libros”, pensando que se trataba de otra temporada en la cárcel.  Enterado del arresto, el gobierno de Noske dejó a Rosa y a Karl en manos de los enfurecidos Freikorps –cuerpo paramilitar de exveteranos del ejército del Kaiser–. Se organizó una puesta en escena: al salir de las puertas del Hotel Eden, los dirigentes Espartaquistas fueron golpeados en la cabeza con la culata de un rifle, arrastrados y rematados a tiros. El cuerpo de Rosa fue tirado al río desde el puente de Landwehr a sus sombrías aguas. Fue encontrado tres meses después.

rl4Un año antes, en una carta desde la prisión dirigida a Sophie Liebknecht, en la víspera del 24 de diciembre de 1917, Rosa escribía con un profundo optimismo sobre la vida: “Es mi tercera navidad tras las rejas, pero no lo tome a tragedia. Yo estoy tan tranquila y serena como siempre. (…) Ahí estoy yo acostada, quieta y sola, envuelta en estos múltiples paños negros de las tinieblas, del aburrimiento, del cautiverio en invierno (…) y en ese momento late mi corazón con una felicidad interna indefinible y desconocida. (…) Yo creo que el secreto no es otra cosa más que la vida misma: la profunda penumbra de la noche es tan bella y suave como el terciopelo, si una sabe mirarla.”

Clara Zetkin, tal vez quien más la conocía, escribió sobre su gran amiga y camarada Rosa Luxemburgo, compartiendo ese optimismo después de su muerte: “En el espíritu de Rosa Luxemburgo el ideal socialista era una pasión avasalladora que todo lo arrollaba; una pasión, a la par, del cerebro y del corazón, que la devoraba y la acuciaba a crear. La única ambición grande y pura de esta mujer sin par, la obra de toda su vida, fue la de preparar la revolución que había de dejar el paso franco al socialismo. El poder vivir la revolución y tomar parte en sus batallas, era para ella la suprema dicha (…) Rosa puso al servicio del socialismo todo lo que era, todo lo que valía, su persona y su vida. La ofrenda de su vida, a la idea, no la hizo tan sólo el día de su muerte; se la había dado ya trozo a trozo, en cada minuto de su existencia de lucha y de trabajo. Por esto podía legítimamente exigir también de los demás que lo entregaran todo, su vida incluso, en aras del socialismo. Rosa Luxemburgo simboliza la espada y la llama de la revolución, y su nombre quedará grabado en los siglos como el de una de las más grandiosas e insignes figuras del socialismo internacional”.

Estados Unidos se queja de que interfieran en sus elecciones cuando lleva años haciendo lo mismo

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Article d’Owen Jones publicat a eldiario.es en col·laboració amb The Guardian:

Mientras escribo, el presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump –que pronto se convertirá en la persona más poderosa del mundo– está teniendo una rabieta en su cuenta de Twitter. Perder la aprobación popular puede ser devastador para el ego de un plutócrata intolerante, y las acusaciones de que el gobierno de Vladímir Putin intervino para ayudarlo a ganar las elecciones le están sentando fatal.

¿Será verdad que Putin intervino en las elecciones estadounidenses? Es absolutamente posible, aunque las pruebas de la CIA (que tiene a su vez un historial sospechoso) y el FBI se deben analizar detalladamente, al margen de lo que pensemos de Trump. Y si el establishment demócrata decide culpar a una potencia extranjera de la presuntamente impensada calamidad de una victoria de Trump, no estarán aprendiendo ninguna lección de su derrota.

Esto no significa que no se deba tomar en serio la supuesta interferencia del gobierno ruso. Putin encabeza un gobierno de derechas, corrupto y autoritario que persigue a la comunidad LGBT, que llevó adelante una guerra sanguinaria en Chechenia y que ha cometido crímenes espantosos en Siria, aliado con la dictadura de Bashar al Asad. Es un modelo a seguir para los populistas de derechas de todo Occidente, desde Trump hasta UKIP, desde el Frente Nacional francés hasta el Partido de la Libertad de Austria. Sus maniobras antidemocráticas deberían ser escudriñadas y condenadas.

Pero si bien los estadounidenses tienen todo el derecho a enfadarse por la presunta interferencia en su proceso político, también es cierto que se han visto en el espejo y la imagen debería inquietarles.

Estados Unidos es un líder mundial en el arte de intervenir en los asuntos internos de otros países. Y su interferencia va mucho más allá de hackear los correos electrónicos de los partidos que llevan las de perder. Según una investigación del politólogo Dov Levin, entre Estados Unidos y la Unión Soviética/Rusia han intervenido no menos de 117 veces en elecciones extranjeras entre 1946 y el año 2000, o “en una de cada nueve elecciones nacionales, competitivas y ejecutivas”.

De hecho, uno no podría comprender las relaciones actuales entre Estados Unidos y Rusia sin reconocer el papel que tuvo Estados Unidos en los asuntos internos de sus enemigos durante la Guerra Fría. Como escribió Stephen Cohen, después del colapso de la Unión Soviética, el trabajo de los asesores estadounidenses “fue nada menos que el de misioneros en una cruzada para transformar la Rusia postcomunista en una copia de la democracia estadounidense y del sistema capitalista”.

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En cuanto asumió Bill Clinton como presidente en 1993, sus expertos hablaron de “formular una política de tutelaje estadounidense” que incluía el desvergonzado apoyo partidista al presidente Boris Yeltsin. “Misioneros y evangelistas políticos, normalmente llamados ‘asesores’, viajaron por toda Rusia a principios y mediados de los años 90″, remarca Cohen. Muchos estaban financiados por el gobierno estadounidense. Zbigniew Brzezinski, antiguo consejero de Seguridad Nacional, decía que Rusia “estaba cada vez más cerca de una quiebra occidental de facto”.

Los resultados fueron, por decirlo suavemente, desastrosos. Entre 1990 y 1994, la esperanza de vida de los hombres y mujeres en Rusia cayó de 64 y 74 años respectivamente a 58 y 71 años. La escalada de la mortalidad fue “más grande que la de cualquier otro país industrializado en tiempos de paz”. Mientras se fortalecían los nuevos oligarcas, la pobreza y el desempleo no paraban de aumentar. Los precios subieron dramáticamente. Las comunidades quedaron devastadas por la desindustrialización, y se desmantelaron las protecciones sociales.

Para horror de Occidente, la popularidad de Yeltsin caía en picado al punto de que no se podía descartar un posible triunfo comunista en las elecciones de 1996. Yeltsin recurrió a los oligarcas, que utilizaron todos sus recursos para llevar adelante una campaña sin escrúpulos. Como escribió Leonid Bershidsky, fue “un suceso trascendental que socavó una democracia débil y llevó al surgimiento del régimen dictatorial de Vladímir Putin”.

Incluso se alega que, en 2011, el principal aliado de Putin –el entonces presidente Dmitry Medvédev– sugirió en privado que las elecciones estaban amañadas. Justo antes de las elecciones, a Rusia le concedieron un enorme préstamo del FMI, respaldado por Estados Unidos, que –como señaló en ese momento el New York Times– se esperaba que “ayudara al presidente Boris Yeltsin a ganar las elecciones”.

Yeltsin confió en los estrategas políticos estadounidenses –incluido un antiguo asesor de Bill Clinton– que tenían línea directa con la Casa Blanca. Cuando finalmente Yeltsin ganó, en la portada de la revista Time se leía: “Los yanquis al rescate: la historia secreta sobre cómo asesores estadounidenses ayudaron a Yeltsin a ganar”.

Sin el caos y las privaciones del gobierno de Yeltsin –apoyado por Estados Unidos–, probablemente no se podría haber consolidado el putinismo. Pero no se trata sólo de Rusia. El historial de intervenciones estadounidenses en los asuntos internos de otros países es largo.

Tomemos como ejemplo Italia en 1948: mientras se desplegaba la Guerra Fría, Estados Unidos temía que en Italia ganara las elecciones la coalición socialista-comunista. Se prohibió a los italianos que “no creyeran en la ideología de Estados Unidos” siquiera entrar al país, se orquestó una campaña de propaganda masiva que incluía hasta cartas a millones de estadounidenses de origen italiano. Y el Departamento de Estado lo dejó claro: si ganaba las elecciones el partido equivocado, “no habría más ayudas de Estados Unidos a Italia”. Los esfuerzos fueron un éxito. Fueron las primeras de muchas elecciones italianas que tuvieron interferencias de Estados Unidos.

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Otro ejemplo es la participación confesa de la CIA en el golpe militar de 1953 que derrocó a Mohamed Mosaddeq, presidente democrático y laico de Irán: el golpe se “llevó a cabo bajo instrucciones de la CIA, como un acto de política exterior estadounidense, concebido y aprobado por las más altas esferas del gobierno”, como luego confesó la agencia de inteligencia. No se puede comprender la revolución iraní de 1979 sin este golpe de Estado. ¿Y el derrocamiento asesino de Salvador Allende en Chile en 1973, a cargo de Augusto Pinochet y respaldado por la CIA?

Y hay ejemplos más recientes: el golpe de Estado contra Manuel Zelaya en Honduras en 2009. La entonces secretaria de Estado, Hillary Clinton, se negó a calificar la destitución de Zelaya como un “golpe militar”, porque eso hubiera significado la suspensión de la ayuda estadounidense que recibían incluso las Fuerzas Armadas hondureñas. En lugar de pedir la restitución del presidente Zelaya, Clinton pidió nuevas elecciones. La ayuda estadounidense, que incluía ayuda militar, siguió llegando a Honduras, aunque los disidentes eran reprimidos brutalmente, resurgían los escuadrones de la muerte y se recrudecía la violencia contra el colectivo LGBT. Y se llevaron a cabo elecciones injustas y boicoteadas a lo largo y ancho del país.

Chilean Army troops positioned on a rooftop fire on the La Moneda Palace 11 September 1973 in Santiago, during the military coup led by General Augusto Pinochet which overthrew Chilean constitutional president Salvador Allende, who died in the attack on the palace. Next 10 December 2007 marks the first anniversary of Pinochet's decease at the Military Hospital in Santiago, where he had been admitted a week before following a heart attack.   AFP PHOTO (Photo credit should read OFF/AFP/Getty Images)

Sin duda, las acusaciones de interferencia rusa en las elecciones presidenciales estadounidenses son alarmantes, pero también hay en juego una doble moral. Pareciera que para Estados Unidos sólo está mal intervenir en los procesos democráticos cuando las víctimas son ellos. Estados Unidos ha intervenido con total impunidad en los asuntos internos de muchos países. El día que se juzgue toda interferencia de igual forma –como un escándalo democrático, indigno de cualquier gran nación– será un gran día de verdad. 

Cuéntenles a sus hijos quién es Marcos Ana

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Doncs això, avui dia de Reis pot ser un bon dia per trobar un moment descansant de consums, àpats, televisió i tertúlies, per explicar als infants i no tant infants qui era (és i serà en la memòria de desenes de milers de persones) Marcos Ana… per gaudir dels seus mots d’amor i llibertat, per emocionar-se i per recordar… per viure de nou Marcos Ana…

“Cuéntenles a sus hijas e hijos quién es Marcos Ana. Porque de lo contrario, salvo que hayan tenido la suerte de conocerlo en alguna de sus visitas a colegios e institutos, es probable que no sepan quién es. Pese a algunos homenajes y reconocimientos recientes, este jueves (23 de noviembre 2016) eran muchos los que buscaban en Google quién es ese tal Marcos Ana. Y esa ignorancia da la medida de los agujeros que sigue teniendo la memoria colectiva de este país, sobre todo con los antifascistas, y más con los comunistas.

Y si sus hijos no saben quién es Marcos Ana, quizás tampoco sepan que hace ochenta años hubo mujeres y hombres que lucharon contra el fascismo, algunos casi niños, como él. Y que decenas de miles fueron condenados a muerte, fusilados, pasados a garrote. A punto estuvo Ana, condenado a muerte dos veces. Quizás sus hijos han oído algo de la dictadura, pero no conocen cómo eran las durísimas cárceles de la posguerra, donde Marcos Ana se dejó 23 años. Porlier, Ocaña, Burgos. Repítanles la cifra a sus hijos: 23 años. Toda la juventud, entrar adolescente y salir adulto.

 Si tienen edad para ello, cuéntenles también cómo torturaba el franquismo, las palizas que Ana y tantos antifascistas se llevaron en esas cárceles o en la Puerta del Sol madrileña, donde sigue sin haber una placa que los recuerde.

Cuéntenles a sus hijas e hijos quién es Marcos Ana, denles a leer sus memorias, para que conozcan cómo trabajadoras y trabajadores de todo el mundo fueron solidarios con los presos españoles y contra la dictadura. Todos esos países donde acogieron a Ana en los quince años que pasó llevando por el mundo la lucha por la libertad y los derechos humanos en España.

Aunque quizás sus hijas, sus hijos, les sorprenden: claro que saben quién es Marcos Ana. El revolucionario, el comunista, el poeta. Lo conocieron en Sol, cuando el 15M. Lo han visto en manifestaciones, en concentraciones, en huelgas, en actos solidarios. Puede que hasta hayan ido a su casa, su piso en Retiro que siempre ha estado abierto, donde si vas coincides siempre con varias visitas a la vez, jóvenes sobre todo. La casa abierta de quien estuvo 23 años encerrado y decidió que “si salgo un día a la vida / mi casa no tendrá llaves”.

No solo a sus hijos: cuenten a todo el mundo quién es Marcos Ana, porque vamos a necesitar mucha gente para mantener viva toda la memoria que llevaba encima. La suya, la de sus padres, Marcos y Ana. La de sus camaradas caídos. La de tantas mujeres y hombres que conoció en la guerra, en la ratonera trágica del puerto de Alicante, en el terrible Campo de los Almendros, en las cárceles donde había sacas diarias y frío, hambre, enfermedad y palizas; en el exilio del que muchos ya no tuvieron tiempo para volver.

De todos es memoria Marcos Ana, de todos lleva décadas hablando en plural, siendo “nosotros”, leal y generoso. Hoy ha muerto, ya no podrá seguir recuperando los años que le quitó la cárcel. Y vamos a necesitar mucha gente buena para mantener viva su resistencia, que es la de miles de mujeres y hombres desde hace un siglo…”

Article d’Isaac Rosa a eldiario.es

 

2017: Iniciem l’any amb la veu de Marcos Ana

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Decidme cómo es un árbol,
contadme el canto de un río
cuando se cubre de pájaros,
habladme del mar,
habladme del olor ancho del campo
de las estrellas, del aire
recítame un horizonte sin cerradura
y sin llave como la choza de un pobre
decidme como es el beso de una mujer
dadme el nombre del amor
no lo recuerdo
Aún las noches se perfuman de enamorados
que tiemblan de pasión bajo la luna
o sólo queda esta fosa?
la luz de una cerradura
y la canción de mi rosa
22 años, ya olvidé
la dimensión de las cosas
su olor, su aroma
escribo a tientas el mar,
el campo, el bosque, digo bosque
y he perdido la geometría del árbol.
Hablo por hablar asuntos
que los años me olvidaron,
no puedo seguir
escucho los pasos del funcionario.

“Para la libertad” de Miguel Hernández

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miguel-hernandez
Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.

Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.

Para la libertad me desprendo a balazos
de los que han revolcado su estatua por el lodo.
Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.

Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.

Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.

MIGUEL HERNÁNDEZ

Entrevista a Guillem Martínez: “La gran ilusión”

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guillem1 Ja fa un temps que segueixo les reflexions del periodista català Guillem Martínez. Habitualment comparteixo força les mateixes i si no és el cas valoro com molt interessants i necesssàries aquelles amb les que discrepo. Aquest novembre ha publicat el llibre “La gran ilusión” que malauradament ha estat silenciat per tot l’entorn mediàtic “oficialista” que acompanya el procés independentista. Us deixo una entrevista que li van fer fa uns dies a El confidencial:

Y Guillem Martínez (Cerdanyola, 1965) volvió a coger su fusil. Tras varios años buscando las cosquillas a la Transición y a la errática cultura generada por la misma, el escritor y periodista (‘El País Cataluña’, ‘CTXT’) ha decidido coger el toro independentista por los cuernos… y que sea lo que dios quiera.

En ‘La gran ilusión (Debate, 2016) vuelve a hacer una demostración de heterodoxia al tratar con escepticismo (y humor) el choque de trenes entre España y Cataluña. Como si lo que se cociera por debajo tuviera poco o nada que ver con lo que leemos habitualmente en los inflamados periódicos a ambos lados de la frontera. O el gran teatro político del tormentoso matrimonio hispano-catalán.

PREGUNTA. Escribe que el ‘Procés’ tiene más de propaganda que de realidad. ¿Cómo le explica esto a alguien que viva alarmado por el quilombo mediático y político que genera el ‘Procés’ desde hace varios años?

RESPUESTA. Que, simplemente, se alarma por otra escuela de propaganda. Los ejes comunicativos del Govern y del Gobierno, durante los últimos años son, respectivamente, que existe un ‘Procés’ imparable hacia la independencia, sabiamente gestionado por un Govern -que, por cierto, al menos esta mañana a primera hora aún no ha legislado nada al respecto-. A su vez, por reacción a ese ‘Procés’, España se resquebrajaría ‘à gogó’, si no fuera porque hay un gobierno fuerte que no sólo practica las reformas que España necesita, sino que, por el mismo precio, defiende la democracia, la soberanía -la que no defiende en Bruselas, se supone-, la Unidad Nacional y bla-bla-bla.

Recordemos que, por ejemplo, uno de los argumentos para hacer puré al PSOE y, en ese trance, que apoyara a Rajoy, era que Cataluña se estaba independizando encima. Recuerden, en fin, que la independencia inapelable de Cataluña estaba prevista, por parte de los grandes ideólogos del ‘Procés’, para 2014. Relativicen siempre, en fin, los discursos gubernamentales, y miren con cara de póquer sus elisiones.

P. Casi todo el mundo interpreta el ‘Procés’ como un objeto desestabilizador, pero usted escribe que “ha servido para controlar la crisis de régimen en Cataluña”. O sea, que más que desestabillizar, estabilizaría. ¿En qué sentido?

R. En su sentido más peronista. El ‘Procés’, antes que un movimiento político -para el que, como su nombre indica, son necesarias políticas-, es un movimiento de fe. Consiste en creer, sin pruebas, que el Govern está haciendo lo que dice. Y en dejar de observar lo que hace. ¿Qué hace? Está haciendo, con menor soberanía y poder, lo que cualquier gobierno en el Sur. Austeridad y postdemocracia. Pero con una cohesión social mayor, y una erosión política menor que la que sufren otros Gobiernos. Sí, en la Península, al parecer, no existe la erosión gubernamental -Madrid, Andalucía, o el Gobierno Central pueden ser la prueba-. Pero yo diría que en Cataluña, gracias al aplique ‘Procés’, aún menos.

Quizás la aportación del ‘Procés’ sea eso. Un peronismo inesperado en Europa. Lo que tiene gracia. Todo el mundo observaba a Errejón a ver si se sacaba de la chistera un Perón y chorrocientos descamisados, y van y se lo saca, zas, el catalanismo conservador -sí, participan en él otros catalanismos, pero la música y la letra son del catalanismo conservador-. La ANC -Assemblea Nacional Catalana- es, en ese sentido, una institución única en Europa. Hay algo parecido en Polonia, pero es abiertamente fascista, algo que, desde luego, la ANC no es. Ni siquiera Trump tiene algo parecido a la ANC, una organización progubernamental, bastante popular, que une a la sociedad en torno a un gobierno. Y que evita su desgaste, le da la razón, le disculpa, le apoya. Fabrica días históricos/domingos peronistas.

Sobre el componente desestabilizador del ‘Procés’. El tema territorial ha sido la única divergencia, el único mal rollo permitido en los últimos 40 años. En detrimento de otros temas, como la propiedad, la calidad democrática, la corrupción. En tanto que tema único, tiene componentes estabilizadores, pero también  desestabilizadores. Verbigracia: la Unidad Nacional esa está representada en el rey. Si se rompe, el rey pasaría a mejor vida -literalmente: tendría que irse a vivir, como un pachá a, pongamos, Barbados, sin el engorro de tener que inaugurar el Año Judicial después del almuerzo, por ejemplo-. Sería desestabilizador, en fin, un proceso efectivo de indepe o, incluso, de mucho menos, un proceso efectivo de reparto de la soberanía del Estado con otras entidades, como el Estado federado, o el Municipio. Por lo que yo sé, no se está produciendo ninguna de esas dos cosas.

lagranilusionP. ¿Qué papel ha jugado la construcción léxica en el ‘Procés’?

R. Ha sido fundamental. Ha creado un nuevo tipo de emisión y recepción de mensajes políticos. No sé. Yo digo buenos días en un mitin de CDC o de ERC, y no pasa nada. Lo dice un cuadro indepe, y todo el mundo entiende que habla de indepe. Los palabros del ‘Procés’, por otra parte, son únicos en el mundo mundial, lo que tendría que ser una orientación de que no son traducibles, por lo que tienden a ser un bien para el exclusivo consumo interno. Palabras sencillas y nítidas como un botijo, tales como “autodeterminación”, han sido sustituidas por alocuciones largas y de significado, por tanto, dudoso y manipulable desde el poder. Como “derecho a decidir”. ¿Qué diablos debe de significar eso? ¿Decidirlo todo? ¿Lo que te digan?

P. ¿Cuáles son sus palabras favoritas del ‘Procés’?

R. “Crear-estructuras-de-Estado” es la monda. ¿Qué significa? Supongo que lo que te digan. En todo caso, la Generalitat está fabricando, desde 2012, estructuras de etc. como si no hubiera un mañana. Por lo que Cataluña, ahora mismo, debería tener más estructuras de Estado que el Valle de los Reyes.

“Referéndum” pasa a ser “consulta”, un palabro que solo existe en España es decir, glups, en su cultura democrática -de todos, snif, conocida-. “Independencia” pasa a ser “Estado propio” -lo que no es mucho; Baviera, Arkansas lo son; y Jalisco; y Jujuy; Cataluña lo ha sido en varias ocasiones, por cierto; Cartagena, o Jerez, o Cádiz, o Alcoi, pues también-.

“Desconexión” es mi favorita, sin duda. Suple a “independencia”. Es decir, la omite. Y no existe en ningún tratado internacional, por lo que vete a saber lo que significa. Ningún territorio, salvo en algún soneto, ha desconectado de un Estado en la historia de la Humanidad ¿Cómo se desconecta un territorio de un Estado? Al parecer, no por las vías tradicionales por las que se independizan Estados menos civilizados, al parecer, que Cataluña, como EE.UU, la India o Irlanda. El Govern, en todo caso, va señalando lo que es o no desconexión. Es decir, va depurando su significado. Periódicamente, va informando que, si no se produce, no es por culpa suya, sino por culpa del Estado. Lo que tiene guasa. No me imagino a Jefferson diciendo al pueblo norteamericano: lo siento, recojan el té del agua, que el rey George no quiere que nos desconectemos.

“Desobediencia” es otra palabra que está subiendo enteros. Ninguna autoridad catalana ha desobedecido. En el trance de ser llevados a juicio por ese delito, por parte de un Estado un tanto gore, han intentado demostrar que la desobediencia jamás ha estado en su ánimo y acción. Lo que, me temo, es cierto. La desobediencia es el sello, diría, del Procés. Si se produjera -si la Gene y la sociedad, verbigracia, optaran por el impago de impuestos al Estado- sería la señal de que el ‘Procés’ existe. Anyway. La gran palabra de ‘Procés’ es, ahora que lo pienso, ‘Procés’. Se ha convertido en un sinónimo de “independentismo”, cuando no está claro -nada claro- que lo sea. De hecho, la tradición independentista catalana tiene poco que ver, culturalmente, con el ‘Procés.’

P. Asegura que CiU hubiera tenido problemas para refundarse/sobrevivir sin el ‘Procés’. ¿Por qué?

R. CiU es un partido que había sido, ojo, ponente constitucional. Su compromiso con el Régimen del 78 ha sido más allá del deber. Posteriormente a 2010, CiU, en el Congreso, votó como una posesa la austeridad y la contrareforma. Paralelamente a ello, los casos de corrupción -si no su tradición corrupta- se fueron desvelando con mayor violencia. En parte -caso Pujol-, por los chivatazos del Estado -si uno lo piensa fríamente, la mayor consecuencia política del Procés es que el Estado ha dado por roto su pacto histórico con CiU, de manera que ha filtrado informaciones sobre CDC que se cuida mucho de filtrar sobre otros partidos-. Por otra parte, CiU, junto con PP y PSOE, está relacionada con el despiece del Estatut de 2006 -la casilla de salida del ‘Procés’-.

De hecho, Mas pactó con ZP en Moncloa pelarse la financiación proto-federal de aquel Estatut y la incorporación del palabro nación, a cambio de que ZP, ese filántropo, le diera una patada a Maragall y asegurara a Mas la presidencia. Cuando por fin accedió a Presi, inició la austeridad antes e, incluso, con mayor violencia social, que el Gobierno. En el momento inicial de los recortes, con la Llei Omnibus -posiblemente inconstitucional, si bien al TC, por lo visto, le ponen otras posibilidades de anticonstitucionalismos-, la sociedad sufrió recortes superiores, en aquel momento, a los de Grecia, que se dice rápido. En 2012, cuando CDC abraza el Procés, era un Gobierno corrupto, quemado y sin futuro. Y mira. Ha tenido tiempo hasta para refundarse precariamente; diría que al cuadro y al votante le va una CDC más católica, dura y liberal que la reformulada; ya llegará, supongo-. Incluso hubiera tenido tiempo de aprender a nadar o sánscrito. El ‘Procés’ le ha quitado presión y responsabilidad.

P. ¿No es Artus Mas un independentista de corazón?

R. De corazón, hasta Miss Alicante está en contra de que los niños lloren de hambre y frío. Por otra parte, la cultura de Mas no encaja con la cosa indepe. Con el conflicto. A menos que la cosa indepe se module para encajar en él. Posiblemente es lo que está pasando. Se ha creado una cultura indepe XS para millones de Mas, que se contentarían con cambio de financiación, con el reconocimiento como nación, y con que las izquierdas tuvieran dolor miserere. Si el Estado no mete la pata -visto lo visto, Cataluña sólo será indepe si el Estado la mete hasta el cuello, algo que está empezado a hacer; se está erosionando al optar por solucionar un problema político por la vía penal, en plan Proceso de Burgos-, me temo que el final del viaje será solucionar ese par de temas. Financiación y ‘nació’. No lo del miserere, que de eso se encarga la Divina Providencia.

No es mucho para un Estado. Pero, por ahora, es un cambio cultural inasumible para este Estado, me parece, obsesionado por conceptos preconstitucionales, que se incorporan a la Consti vía tradición aconstitucional, vía la Ley de Reforma Política. Como es el caso del concepto Soberanía Nacional. O, no viene al tema, o sí, la monarquía.

P. Hace tiempo escribió que la relación de la CUP con la antigua CiU podía acabar en desgracia, a lo novela de Marsé: “Algo pasa entre CUP y Junts pel Sí. Posiblemente, pasa lo que siempre pasa en una novela de Barcelona. Charnego se enrolla con pija y, en el tercer acto, se produce una brutalidad inaudita protagonizada por señores de Barcelona que se han pasado los dos actos anteriores riéndole las gracias al Pijoaparte”. ¿Cuál es la situación ahora del pijoaparte en el Procés?

R. Si esto fuera una novela de Barcelona, a la CUP le rompieron las piernas cuando la investidura de Puigdemont, de manera que ahora camina como un ‘breakdancer’. ¿Cuál es la situación de la CUP? En el trance de permitir gobernar a guién permitió gobernar, perdió -es preciso señalarlo- menos dignidad que el PSOE. No obstante, diría que ahora está de oyente. Endiña algún preciosismo testimonial de izquierdas en el discurso oficial y, parece ser, votará los presupuestos. Y aquí se ha de señalar que no es importante votar los presupuestos en una autonomía, mucho menos si está intervenida. En defensa de la CUP se debe de señalar que tiene el mismo problema que otras izquierdas peninsulares. No le sienta bien la institucionalización. No se orienta. Choca con el tempo institucional. O no lo comprende. No ha encontrado en las instituciones el mojo. Lo que es un asunto que nos debería inquietar a los que esperamos algún cambio político-institucional en nuestra biografía. O, al menos, cada 90 años.

P. Colau y los comunes se han lanzado a disputar el relato del independentismo. ¿Quién va ganando esa batalla?

R. Por ahora, no es una batalla, diría. Es una ‘drôle de guerre’. Nadie se emplea a fondo en ella aún. Quizás un poco más ERC, la sucesora, no se sabe hasta qué punto -deiológico- de CDC. Sería deseable que la batalla no fuera por el Procés. Sino contra él. La situación catalana sólo se soluciona con un referéndum. Y el 80% de la sociedad catalana está, al parecer, por él. Hay más pro-referéndum, se diría, que indepes. El propio hecho del referéndum sería una ruptura política, la jubilación de conceptos como el de Soberanía nacional, que arrastramos desde la I Restauración. Sería deseable que la batalla fuera por ese referéndum. Contra el Estado que lo niega, y contra el Processisme que lo instrumentaliza y lo rentabiliza, que sabe que nunca jamás habrá referéndum bajo sus elementos de presión, que son meramente folclóricos -manis de varios millones un día al año, consumo de productos con estelada-.

Es preciso que los políticos expliquen si ese referéndum es posible, que expliquen cómo acceder a él, y si quieren acceder a él. Que expliquen su precio. Que dejen de decir, cada 18 meses, que eso se soluciona en 18 meses. Que digan, si es el caso, que son 18 años. Que digan, si es el caso, que no pueden, o no quieren. Que dejen de decir que si todos lo deseamos con fuerza, se hará realidad, como en una peli de baseball, que traten a la sociedad como adulta. El Procés es una bicoca para los políticos. Les otorga honor y estabilidad a cambio de nada, de palabras, de una declaración reiterada de intenciones. Sería deseable que lo comunes no se incorporan a esa dinámica, que no asumieran el Procés como política, sino como su aplazamiento. Que renunciaran a esa zona de confort para los políticos, esos mamíferos que buscan, de manera innata, zonas de confort.

“Revolución es”

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“Revolución es sentido del momento histórico;
es cambiar todo lo que debe ser cambiado;
es igualdad y libertad plenas;
es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos;
es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos;
es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional;
es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio;
es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo;
es no mentir jamás ni violar principios éticos;
es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas”

Fidel Castro