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Los progresos del desarrollo humano en el mundo se sobreestiman

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Article d’Amanda Mars publicat a El País

La ONU advierte de que la mejora cuantitativa de muchos indicadores en los últimos años oculta problemas de miseria y desigualdad que se cronifican

Hoy en día hay más niños que nunca yendo al colegio, la escolarización de las niñas, en concreto, ha mejorado ostensiblemente en el mundo en los últimos años. Y la esperanza de vida ha aumentado un lustro desde 2000. Pero, ¿qué ocurre si en la mitad de los 53 países en desarrollo (que disponen de datos) la mayoría de las mujeres adultas que cursaron entre cuatro y seis años de educación primaria son analfabetas? ¿Y si una persona vive 80 años pero tiene una enfermedad crónica desde los 30?

El último Informe de Desarrollo Humano correspondiente a 2016, que el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) presentó este martes en Estocolmo, aborda este tipo de cuestiones, el lado menos brillante de los datos de mejora del bienestar en el mundo. “Nos hemos preocupado mucho por los logros cuantitativos”, admite Selim Jahan, responsable del estudio, pero advirtió de que no sirve de gran cosa mejorar las cifras de escolarización, si en realidad los niños apenas aprenden, o multiplicar el acceso al agua si esta no está en buenas condiciones.

“Prestamos demasiada atención a los promedios a nivel nacional, que a menudo ocultan enormes desigualdades en las condiciones de vida de las personas”, señala Jahan. Para avanzar, recalca, es necesario examinar más de cerca “no solo lo que se ha logrado, sino también quién ha quedado excluido y por qué”.

Porque entre los países que forman parte del triste grupo de cola en desarrollo humano, unos están muchos peor que otros, y dentro de aquellos países que experimentan llamativas mejoras en algunos índices, hay quien apenas participa de ese progreso. “Hemos visto que muchas barreras que tiene el progreso parten sencillamente de leyes discriminatorias”, lamenta Jahan.

En esta línea, el informe, que lleva por título Desarrollo humano para todas las personas, señala una serie de grupos que son excluidos de forma sistemática por obstáculos “que no son simplemente económicos, sino también políticos, sociales y culturales”. Los descolgados son las mujeres y las niñas, los habitantes de las zonas rurales, los pueblos indígenas, las minorías étnicas, las personas con discapacidad, los migrantes y refugiados y la comunidad gay o transgénero.

Jahan recalcó que algunos programas deben reorientarse, que la voz y la autonomía de los ciudadanos en esos procesos de mejora deben ganar importancia tanto en el análisis del bienestar como en las estrategias de progreso de ese bienestar. “La democracia es un valor en sí mismo, más allá de que ayude a la economía o al desarrollo”, insiste.

La gran estadística no muestra saltos relevantes del índice de 2014 al índice de 2015, ya que un barómetro tan estructural y amplio como el desarrollo humano que mide el PNUD experimenta avances y retrocesos lentos. Así que esos países que parecen arcadias felices donde vivir –Noruega, Australia, Suiza, Alemania, Dinamarca y Singapur, por este orden- son más o menos los mismos, con ligeros sorpassos fruto casi siempre de datos macroeconómicos: Noruega mantiene el trono y a Suiza, que el año pasado ocupaba el segundo puesto, le ha adelantado Australia, dejándole en tercer lugar. España ha bajado de la plaza 26 a las 27 por la subida de Italia.

El otro extremo del ranquin dibuja una realidad antagónica en las que conviven también viejos conocidos: la República Centroafricana sigue siendo sufriendo el índice más bajo de desarrollo humano, en el puesto 188, junto con Níger (187) y Chad (186).

Al riesgo de inmovilismo en las mejoras en el desarrollo de las personas se añade el riesgo incluso de retroceso. En un encuentro previo con periodistas, el director del informe fue preguntado por la ola de nacionalismo que experimentan algunos de los países más ricos del mundo, como Estados Unidos, y los efectos que puede tener en el progreso. La Administración de Donald Trump, por ejemplo, ya ha advertido de que aplicará un duro tijeretazo a las ayudas internacionales o Medio Ambiente. “No podemos predecir lo que va a pasar”, dijo Jahan, y evitó cualquier pronunciamiento político, si bien advirtió del peligro global que supone el cambio climático, un motor de epidemias y pobreza.

“El mundo ha recorrido un largo camino en la reducción de la pobreza extrema, la mejora del acceso a la educación, la salud y el saneamiento, y la ampliación de las posibilidades para las mujeres y las niñas”, señaló Helen Clark, responsable del PNUD, pero advirtió de que estos avances son “el preludio del siguiente desafío, posiblemente más difícil, el de velar por que los beneficios del progreso mundial lleguen a todas las personas”.

 

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Larry Cohen, Our Revolution: “Impulsaremos una ofensiva a gran escala contra cualquier tipo de recorte social”

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Larry Cohen no tenía tiempo que perder. En el momento en que se hizo evidente que Bernie Sanders no se enfrentaría a Donald Trump como candidato demócrata, fundó, junto a un grupo de trabajadores de Sanders, una agrupación heredera de la campaña a senador del socialdemócrata. La organización, denominada Our Revolution (Nuestra Revolución) pretende impulsar las fuerzas progresistas alentadas por la tentativa de Sanders de acceder a la presidencia.

El grupo lo constituyó la legión de simpatizantes y voluntarios de Sanders –incluida una enorme lista de correos electrónicos- con el fin de crear una estructura que apoye iniciativas y candidatos progresistas en todos los ámbitos del gobierno de Estados Unidos. Cohen, veterano colaborador de Sanders y líder sindical que ejerce como secretario general de Our Revolution, respondió a la llamada de CTXT unas horas antes de la toma de posesión de Donald Trump para comentar las intenciones de la organización, su funcionamiento interno de estilo “populista” y su agenda, así como el modo en que la agrupación pretende presionar tanto al gobierno de Trump como a la clase dirigente demócrata para lograr un cambio progresista.

Empecemos con un poco de historia: el pasado mes de marzo, CTXT publicó un análisis de Nathan J. Robinson, editor de Current Affairs, que en esencia predecía que si los demócratas presentaban a Hillary Clinton como candidata, perdería porque únicamente Bernie Sanders podría derrotar a Trump. ¿Cree que ocurrió así? ¿Estaba Hillary Clinton destinada a perder?

Yo no diría que estuviera destinada a perder. En cualquier otra democracia habría resultado elegida. Ganó en voto popular por 2,8 millones de papeletas y tenemos lo que yo calificaría de una democracia muy limitada en muchísimos aspectos. Sin embargo, yo participé activamente en las primarias y diría que era evidente que plantear una campaña negativa basada en los aspectos nocivos de los republicanos le acarrearía problemas. Lo importante de Bernie desde el principio, y siempre ha actuado así –le conozco desde hace 25 años–, es que se presenta como candidato para algo. Si de algo le puede acusar la gente políticamente, es de que no hizo campaña muy en contra de Clinton, sino que se centró en su agenda: la asistencia sanitaria, la enseñanza superior, el empleo, la raza, el medioambiente, la injusticia social. La campaña se hacía esencialmente para algo. En la medida en que fuese en contra de algo, sería contra los demócratas corporativos.

Usted ha afirmado que hubo quien criticó a Sanders por no competir suficientemente contra Hillary Clinton. Retrospectivamente, ¿cree que fue una buena decisión apoyarla como candidata tras perder las primarias? En su momento mucha gente no lo aprobó.

A juzgar por el historial de Bernie, creo que detesta el tipo de política que ejerce Donald Trump en conjunto. La política de crear divisiones, en particular la de dividir a la clase trabajadora, eso lo detesta. Una de las razones por las que se presentó a candidato demócrata fue porque no quería que se repitiera lo del año 2000. Si se hubiera presentado como independiente, es muy probable que hubiera obtenido un resultado similar, aunque el hecho de presentarse como independiente le habría hecho cargar con la culpa de la elección de Donald Trump. De modo que su oposición a Donald Trump y a cualquier otro republicano fue siempre mayor que su oposición a Hillary Clinton.

Our Revolution, la agrupación heredera de la campaña de Sanders, cuya secretaría usted preside, arrancó antes de que finalizaran las elecciones. ¿Por qué fue así y cuál es su cometido como organización?

Durante la campaña de Sanders todos hablábamos de revolución política, no solo de alguien que habría sido un magnífico presidente y que es un gran líder. A lo largo de toda la campaña la idea era: “Involucrarse, organizarse tanto para temas específicos o con el fin de elegir a alguien para la junta escolar o el congreso y crear un movimiento político”. A medida que avanzaba, la campaña se centraba más en Bernie, pero en un principio se pretendía, en igual medida, crear un movimiento político de masas.  

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¿Our Revolution es heredera de esa idea, del principio de creación de un movimiento?

Así es. Gracias a Bernie Our Revolution tiene la información y los voluntarios de cada distrito electoral procedentes de la campaña, además de muchos grupos de base, aproximadamente 900. Seguimos intentando encontrar el modo de articularlo todo, y todo se complica, obviamente, cuando tienes un candidato que todos acaban adorando además de votarlo, es una fuerza unificadora. Sin esa campaña presidencial, al menos de momento, tienes que construir una unidad que se base en otros aspectos. Es mucho más complicado.

¿Qué ha hecho la organización desde que se formó y cómo han ido evolucionando sus objetivos?

Por el camino ha habido gente que se ofreció para presentarse a las elecciones. Parte de un compromiso implícito era que cuando alguien se ofrece, le apoyamos. Crecimos rápidamente y, antes de las elecciones de noviembre, teníamos más de cien candidatos, que es mucho para algo totalmente nuevo. Tuvimos que ingeniárnoslas para ayudar a atraer voluntarios y dinero para esas cien campañas. Porque ninguno de ellos eran demócratas corporativos, si no, no hubieran recibido nuestro apoyo. Todos tenían problemas de recursos.

El siguiente paso eran las medidas sujetas a consulta. Tenemos la firme creencia de que las propuestas, incluidas las que se pueden presentar para que el gobierno estatal o municipal las someta a votación, junto con los candidatos, son parte de la forma en la que podemos cambiar las cosas. Teníamos 15 medidas importantes sujetas a consulta, entre las que se incluía alguna relativa a dinero y política, así como a la asistencia sanitaria, el derecho a voto y la pena de muerte.

Trabajamos para movilizar a los votantes, no solo para el congreso, sino también para la gente que vive, por ejemplo, en Black Hawk, Iowa, donde apoyamos a los candidatos que querían un supervisor de condado. También trabajamos en lo que se llama la compatibilidad del pequeño donante, que tiene un equivalente gubernamental independientemente de lo que los candidatos obtengan de pequeños donantes como forma de compensar las grandes cantidades de dinero en los procesos electorales. Teníamos a 8.000 personas trabajando para que se aprobara en Howard County, un gran condado de Maryland.

La tercera cuestión eran las propuestas. Desde el principio abordamos el Acuerdo Transpacífico. Estuvimos cerca, pero no conseguimos que entrara en la plataforma del partido demócrata. Entonces nos manifestamos en contra en distritos electorales clave. Movilizamos esas bases y conseguimos que una cantidad ingente de personas, más que ninguna otra organización, llamaran a sus representantes en el Congreso. Se trataba de circunscripciones muy disputadas, y logramos que la gente les dijera: “¿Por qué no sales a la palestra, por qué no te defines? ¿Por qué no te opones al Acuerdo Transpacífico?” Esa batalla la ganamos.

A partir de aquí acabamos trabajando en otros problemas como defender la reserva india Standing Rock Sioux, o ahora apoyando refugios a escala municipal. También nos tomamos muy en serio la lucha por la asistencia sanitaria. Nos oponemos a cualquier recorte en sanidad. El lunes [16 de enero] retransmitimos en directo desde Michigan la charla que Sanders daba ante cientos de miles de personas, que firmaron para abordar dicho asunto. También estamos bloqueando los nombramientos del gabinete de Trump. Realizamos una acción directa en Des Moines, Iowa, donde un centenar de personas entraron en el despacho de Chuck Grassley, jefe del Comité del Senado para Asuntos Judiciales. ¿Por qué estaba imponiendo una vista antes de que Jeff Sessions fuera nombrado Fiscal General? Esa lucha la llevamos a Iowa, no solo a una sala oscura del congreso de aquí. Todos esto son aspectos de lo que llamaría una combinación de resistencia, además de una forma de seguir impulsando la idea de lo que podría ser este país.

¿Cómo funcionan dentro de la organización? Ha mencionado propuestas y candidatos que respalda, ¿cómo los elige?

En la mayoría de los casos son ellos los que nos eligen. Tenemos aproximadamente 900 grupos de base. La mayoría de nuestras propuestas e iniciativas proceden de dichos grupos. Un grupo puede hacer lo que quieran sus miembros, para empezar. No tratamos de controlar a ninguno. En ese aspecto es un movimiento populista similar a Podemos.

Supongamos que te presentaras para alcalde de algún sitio y quisieras apoyo nacional, obtención de fondos a escala nacional. Hay un proceso de aprobación que acaba en el comité político de nuestra junta. De nuevo, si solo quieres apoyo local, los grupos locales van por su cuenta. La junta está formada por 11 personas, todas figuran en nuestra página web. Todas son conocidas activistas. Hay un comité político presidido por la senadora de Ohio Nina Turner. Si la gente quiere apoyo a escala nacional acaba llegando a ese comité político, a menos que haya un consenso a escala municipal, en cuyo caso queda refrendado automáticamente.

¿No surgen problemas con dicho proceso de evaluación?

Hay casos en los que te encuentras con grupos que compiten entre sí y que reclaman que se realice una solicitud progresiva para recibir apoyo. Para lograr la aprobación, tendría que pasar por dicho comité o podría no haber refrendo. Dicho de otro modo, demasiados conflictos, olvidémoslo.

Actualmente hay aproximadamente diez estados organizando comités, como es el caso de Texas, Maryland, Wisconsin, Minnesota y Massachusetts. Es probable que crezcan, lo que significa que esencialmente pueden ser Our Revolution en esos estados. Entonces acordarán ese tipo de decisiones, pero además obtendrán recursos a escala local. Hay una premisa por la que forjamos nuestro poder político en los estados y después en el gobierno municipal, no solo a escala nacional.

Otro asunto que no he mencionado es que muchos de nuestros grupos están intentando participar en la reorganización del Partido Demócrata. Algunos de ellos son independientes del Partido Demócrata, pero la mayoría quiere cambiarlo y está intentando hacerlo a escala nacional apoyando la presidencia de Keith Ellison. En California, el pasado sábado [14 de enero], eligieron a 1.100 personas para la convención estatal. Estas proceden de cada asamblea de distrito. Nosotros enviamos 100.000 mensajes de texto personales para que los ciudadanos acudieran a votar. El resultado fue que la mayoría de la gente que va a una convención estatal es claramente de base progresista. Esto no había ocurrido anteriormente.

Lo que usted describe es algo así como un proceso que se cuece a fuego lento. ¿Por qué no formar un partido político a la izquierda del Partido Demócrata, en vez de tratar de reformarlo? Sanders nunca perteneció a los demócratas, ¿no?

No, por una parte, Bernie nunca ha pertenecido al Partido Demócrata. Por otra, durante los últimos 25 años, ha participado en los caucus como demócrata para el Congreso. Esto le permitió lograr una posición de liderazgo. Eso es lo que yo llamo estrategia hacia dentro y hacia fuera. Sin duda es complicado, incluso a veces confuso. Estos grupos intentan funcionar como si estuvieran creando un partido, pero no son un partido aparte. La razón es la forma en que está estructurada lo que llamamos democracia, dificulta mucho salirse de esa dinámica a menos que tengas una base gigantesca de millones y millones.

En la medida que podamos reestructurar el Partido Demócrata, puede convertirse en un partido nuevo. En este país hay una cantidad ingente de problemas estructurales, pero también tenemos el contenido, que es por lo que la gente está verdaderamente entusiasmada. Dicho de otro modo, quiénes son los candidatos, qué defienden, cómo logramos justicia medioambiental, racial, social y económica. La clave es el modo en que se equilibra todo lo anterior. Si tienes otro partido, y tenemos muchos a la izquierda, la cuestión es cómo llegar a un punto en el que puedas ganar unas elecciones.

En Richmond, California y en otros lugares Our Revolution apoyó a ciudadanos que se presentaron como independientes y de hecho, en algunos casos, ganó. Es un debate justo que hay que mantener.

Hablemos de propuestas. ¿Cómo definiría lo que defiende Our Revolution?

Nosotros lo definimos como justicia medioambiental, social y económica. ¿Y cómo se define algo así? Intentamos proceder como hicimos en la propia campaña. Lo cual se traduce en 15 dólares de salario mínimo; eliminar la matrícula en colegios comunitarios y universidades públicas, asistencia médica pública universal y no sólo para mayores de 65 años, una política comercial totalmente diferente; acabar con los encarcelamientos masivos; establecer el derecho a votar de forma automática; como en cualquier país, sacar las grandes fortunas de la política. A largo plazo, se tiene que luchar por estos objetivos a escala nacional pero, mientras tanto, trabajaremos en asuntos acordes con pequeños donantes como la ciudad de Nueva York en el ayuntamiento, e intentar expandirlo por todo el país donde sea posible. Ese es el hilo narrativo. Del libro Our Revolution serían los diez últimos capítulos.

Usted tiene un pasado laborista. Parece que hubo una división entre la dirección de los sindicatos y sus bases durante la campaña de este año. Muchos de los miembros de los sindicatos no votaron por Clinton en las elecciones generales. Sin embargo, la dirección de muchos grandes sindicatos optaron por ella en las primarias. ¿Qué le indica este dato sobre la relación entre los sindicatos y un movimiento como el que usted está intentando formar?

Mucho. De hecho, escribí un artículo sobre ello. Está publicado en el New Labor Forum. En él preguntaba: “¿Creemos que la clase trabajadora puede ganar? ¿Creemos que podemos elegir un gobierno que defienda a la clase trabajadora?” Si es así, tenemos que apoyar a candidatos como Bernie Sanders, ya que no van a caer del cielo.

En las primarias muchas encuestas a pie de urna mostraron que los afiliados a sindicatos votaron por Bernie, independientemente de lo que el sindicato hubiera hecho a escala nacional. Un dato muy elocuente, que incluye estados clave como Wisconsin y Michigan. Debería haber supuesto una llamada de atención, por cierto. Creo que muchos afiliados están hartos. Pasé mucho tiempo en la fábrica de Carrier en Indianápolis antes de las primarias, no solo por Bernie, sino para ayudarles a crear un movimiento masivo para defender sus trabajos. Nos manifestamos por las calles de Indianápolis. Bernie acudió y habló.

Tenemos que hacernos cargo de asuntos como ese, luchar por nuestros trabajos en vez de decir cosas como: “Nos encaminamos a una economía de servicios, no se pueden defender los puestos de trabajo de manufacturación” como dijo el presidente Obama. Lo cierto es que estábamos promocionando la exportación de trabajos de manufacturación, a diferencia de cualquier otro país del mundo. Los EE. UU. tienen un déficit comercial de medio billón de dólares al año. La mayor parte procede de la manufacturación. Parte de las pérdidas de puestos de trabajo de manufacturación se debe a la automatización además de otros factores, pero hay varios millones de trabajo de manufacturación relacionados con una política comercial que en realidad favorece la exportación de estos empleos. La gente está harta, en particular los afiliados a los sindicatos. Esto ha derivado en una aversión hacia los políticos que dicen a la gente que no se va a hacer nada al respecto. Aunque no es el único factor, eso es lo que, entre otras cosas, se ha visto reflejado en las elecciones de este año. En las primarias esa es la razón por la que ganamos parcialmente Michigan, Indiana y Wisconsin, Minnesota y West Virginia.

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Muchos de esos lugares optaron por Trump en las elecciones generales.

Sí. Es cierto, algunos eran los mismos votantes. Recientemente, Bernie organizó una asamblea pública en Kenosha, Wisconsin, en el salón de los trabajadores del sector del automóvil. Lo emitieron en la NBC y era sorprendente ver que en los dos paneles que mostraron, deliberadamente, con los votantes de Trump, todo el mundo, excepto una persona de un panel dijo: ‘Yo te habría votado a ti, Bernie.’ Muchos de esos votantes de clase obrera creían, aunque fueran republicanos, en primarias abiertas, estaban deseando votarle porque en realidad creían en lo que reflejaba, él era uno de ellos, era auténtico. No vivía con los ricos, no formaba parte de la élite.

La élite llega hasta la dirección sindical, llega a la dirección de organizaciones sin ánimo de lucro que están bien financiadas y, llega a los grupos de presión empresariales que están en ambos partidos. Solo hay que observar la votación esta semana, en la que hubo, creo, 12 demócratas votando en contra de permitir que se importen fármacos de Canadá porque obtienen enormes aportaciones de las empresas farmacéuticas. Los votantes son inteligentes, entienden lo que pasa, se dan cuenta.

Usted ha mencionado la palabra resistencia. Las relaciones de fuerza han cambiado mucho desde que lanzó Our Revolution, en particular ahora que tenemos al presidente Trump y una supermayoría republicana. Sin embargo, gran parte de lo que ha descrito está relacionado con procesos que llevan su tiempo. ¿Qué se debería hacer ahora bajo la presidencia de Trump? Sanders sorprendió a algunos al decir que, al menos al principio del proceso poselectoral, estaba abierto a trabajar con Trump. ¿Está Our Revolution abierto a trabajar con Trump?

Vamos a situarnos en la realidad. No estamos trabajando con Trump, estamos trabajando contra Trump. Estamos trabajando prácticamente contra todos los nombramientos de su gabinete. Estamos pidiendo aliados en el Senado, que es donde tienen que ir esos nombramientos, para solicitar y utilizar las 30 horas completas que tenemos para oponernos a cada uno ellos. Estamos apoyando las manifestaciones del sábado [21 de enero].

Impulsaremos una ofensiva a gran escala contra cualquier tipo de recorte social como la asistencia sanitaria pública para mayores de 65 años y personas de bajos ingresos, la seguridad social y mantener la Ley de Servicio de Salud Asequible. Obviamente, no van a mejorar esta última ley. A nosotros nos gustaría mejorarla con una asistencia sanitaria universal. Podríamos continuar y no parar, pero estamos preparados para encontrarnos con una resistencia generalizada, tanto en propuestas como en aspectos como los nombramientos.

La razón por la que le he preguntado es porque el pronóstico está exageradamente en su contra, en contra de casi todo lo que ha expuesto como el programa de lo que Our Revolution defiende. ¿Hasta qué punto pueden trabajar dentro de las instituciones cuando Trump y los republicanos van a detentar el control de casi todas ellas?

Un ejemplo sería cómo paramos el Acuerdo Transpacífico. No lo detuvimos en el Senado, sino en el pleno. Donald Trump apenas tuvo nada que ver con su paralización, tal vez un 1%. Es que a Paul Ryan [presidente de la Cámara de Representantes] le fallaron al menos 65 republicanos y no pudo ganar el caucus. En el lado demócrata teníamos a 160 de 188.

He dedicado cinco años, una parte importante de mi tiempo, a luchar contra el TPP. Tuvimos que ir a las bases republicanas, a sus condados y crear una oposición entre la gente que puede que siga votando a los republicanos. De otro modo no lo hubiéramos logrado. No podemos quedarnos en nuestra trinchera y pretender ganar. Es uno de los problemas que tiene la gente de izquierdas de este país. Tenemos la obligación de intentar detener a los que están en contra de la clase trabajadora, a las agenda hostiles con las minorías.

Para lograrlo vamos a tener que salir y hablar con la gente que haya podido votar a Trump, o que votaron por otros republicanos, que son clase trabajadora en un sentido amplio, y también conseguir que la gente participe activamente. Aunque estuvieran en contra de Trump, muchísima gente no votó. Tenemos la peor participación electoral del mundo. Tenemos que organizar a la gente, a los que no votaron o a los que votaron a Trump, Clinton, Jill Stein o a cualquier otro. Esa es la estrategia para ganar, aunque sea para oponer resistencia como hicimos con el presidente Obama con el TPP durante cinco años. Tal vez no sea agradable, pero es la forma en que ganamos.

Lo lograron adentrándose en el otro bando, si lo he entendido correctamente.

Tres cuartas partes de lo que hicimos fue preparar a los demócratas para que votaran en contra. Una cuarta parte fue alentar a los republicanos para crear las condiciones necesarias para que las bases aumentaran la oposición. De otro modo no hubiéramos ganado. Podemos darnos palmaditas en la espalda todo lo que queramos, pero el objetivo clave era bloquear el TPP y que los republicanos tuvieran que decir: “no, no lo apoyamos”. De modo que en realidad se trata de construir un apoyo mayoritario. El populismo progresista de Podemos, en España, es un buen ejemplo. En este país vamos a necesitar una sólida fuerza populista como Podemos, si pretendemos crear mayorías. He leído y seguido a Ernesto Laclau y creo que esas ideas son cruciales en este país, al menos tanto como en España.

“Revolución es”

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“Revolución es sentido del momento histórico;
es cambiar todo lo que debe ser cambiado;
es igualdad y libertad plenas;
es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos;
es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos;
es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional;
es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio;
es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo;
es no mentir jamás ni violar principios éticos;
es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas”

Fidel Castro

Santiago Alba: “Los paises árabes son menos radicales que los europeos”

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Santiago Alba Rico, filósofo; 18 años viviendo en el mundo árabe; estudia la islamofobia.

Soy de la generación que huyó de la movida. Y yo, de Madrid al mundo árabe, aunque he venido a hacer campaña con Podemos: creímos demasiado en las encuestas y demasiado poco en la capacidad movilizadora de la derecha y del miedo. He disertado en Palau Macaya-La Caixa

Desde Túnez, Alba Rico es un referente intelectual de los podemitas madrileños. Así que nuestra conversación parte de su desencanto. Aprender del pasado consiste precisamente en no repetirlo, por eso tomo tres notas a vuelapluma para las próximas elecciones: 1. créete sólo las encuestas desfavorables, porque las favorables desmovilizan a los tuyos y movilizan al contrario; 2. el miedo arrastra a más humanos hasta las urnas que el amor, así que si no puedes conseguir que te amen, consigue al menos que no te teman tanto como para ir a votar en vez de quedarse un ratito más en la playa, y 3. el votante cada vez es más volátil, así que reza para que no haya un referéndum de resultado sorprendente y atemorizador el día antes.

El mundo árabe se está radicalizando porque no le dejan democratizarse?

Para empezar, los países de la UE son políticamente mucho más radicales que los del mundo árabe. Y no es una impresión personal: el último sondeo de la Fundación Adenauer demuestra que en Austria el 50% de la población apoya a la extrema derecha…

La clase media de la UE en el norte protesta por la derecha y en el sur por la izquierda.

…Y un 40% de los húngaros también apoya a la extrema derecha; en Holanda son el 33% y en Francia el 31%.

¿Y el Estado Islámico es la ultraderecha del mundo árabe?

Es la opción más radical, pero con muchas menos adhesiones que las europeas. En el norte de África el apoyo al Estado Islámico fluctúa entre el 1,5% de Túnez y el 2,7% de Libia.

¿Pero esa minoría no es la que se va a Siria a pegar tiros y la que apoya a los yihadistas?

El fascismo siempre surge de una revolución derrotada. Y el advenimiento del Estado Islámico es, en efecto, la consecuencia del fracaso de la revolución democrática árabe. Pero, aun así, fíjese qué poco apoyo tiene.

No será que el islam es violento: ¿acaso el Corán no exige a sus fieles la guerra santa?

Esa es la falacia propagada por los medios de comunicación.

¿Llama el Corán a la guerra santa o no?

El Corán dice eso y cualquier cosa: millones de musulmanes encuentran en él la justicia social, la democracia y la igualdad. El islam no es un sujeto, sino muchos. Hay cuatro escuelas coránicas y un mundo de diferencia entre el islam que se practica en Mauritania y el de Pakistán.

Pero hay uno que llama a todos a la yihad.

En el mundo hay 1.500 millones de musulmanes y usted habla de ese Corán del wahabismo como si fuera el único.

¿Es esa la raíz del terror islamista?

Y de la intolerancia y el integrismo que llevan al terrorismo. Lo paradójico es que, cuando surgió en el siglo XVIII, era una corriente minúscula e irrelevante. Su crecimiento fue fruto del pacto entre Arabia Saudí y EE.UU. en 1945.

¿Por qué se transformó en amenaza?

Porque, entonces, Abdelaziz, primer rey de Arabia Saudí, firmó un acuerdo con Roosevelt, que daba el control de su petróleo a EE.UU. y, a cambio, las ingentes rentas petroleras a Riad para difundir el wahabismo en el mundo árabe contra el panarabismo y la izquierda.

Esas izquierdas árabes se hicieron aliadas de Moscú en plena guerra fría.

Y 70 años después, el Estado Islámico es el residuo de aquel acuerdo entre la mayor democracia y la mayor teocracia del mundo.

¿Veremos democracias árabes algún día?

Mientras vendamos armas a Arabia Saudí va a ser complicado acabar con el totalitarismo integrista wahabí y sus derivados salafistas y yihadistas, que llaman a la guerra y al terror y frenan cualquier tentativa democratizadora .

¿Por qué España es poco islamófoba?

Lo es menos que Francia o Alemania, por ejemplo, y estamos a tiempo de evitar que lo sea más.

¿Somos aquí menos islamófobos porque tenemos menos inmigración musulmana?

De momento, en España sólo hay algún político islamófobo, como García Albiol, pero no un partido entero ni una política institucional, ni toda una clase intelectual como en Francia.

¿A qué intelectuales franceses se refiere?

A Michel Houellebecq, Alain Finkielkraut o Caroline Fourest, por citar los más populares.

Houellebecq a veces es misógino y reaccionario, y otras un escritor genial.

El problema es que la tele da al premio Nobel Modiano tres minutos para defender la tolerancia y a Houellebecq nueve para que se declare islamófobo. Si ponen su prestigio al servicio del Frente Nacional, tienen un problema grave y seguro que va a empeorar.

Aquí el descontento se vehiculaba por la izquierda, pero parece que se ha frenado.

Podemos ha retrocedido estas elecciones por una combinación de factores cristalizadospor el miedo y precipitados por el Brexit.

¿Miedo generalizado a perder la pensión?

Me temo que esa es una explicación tan simplista como acertada.

Si sólo tienes la pensión, vas a votar lo que creas que la amenace menos.

Por eso, Podemos debería haberle dado la vuelta a ese miedo y explicar al pensionista que el verdadero peligro de rescate de Bruselas, quiebras bancarias, preferentes, desahucios, recortes y miseria para las clases medias era Rajoy.

Pero la seguridad se la dio el PP.

Y de un modo muy transversal, es cierto. Tanto que hablábamos de transversalidad en Podemos y al final ha sido Rajoy el más transversal al captar votos: desde los de quienes nos saludaban en los pueblos castellanos brazo en alto en campaña hasta los de centroderecha catalán.

Habrá más elecciones para todos.

Y, pese a todo, Rajoy ha perdido 4 millones de votos en cuatro años. Debemos tener en cuenta que el votante no ha sido nunca tan volátil como ahora y aún lo será más.

¿Cuál ha sido su peor error?

El de Podemos ha sido creerse las encuestas y dejar de movilizar a su gente, cuando quien de verdad estaba movilizando a la suya sin que nos percatáramos era Rajoy, aferrado a su arrecife mientras a su alrededor las olas del temor a lo desconocido batían toda España.

Lectures d’estiu (4): “Una dolça revolució” de Josep Pàmies

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UNA-DOLÇA-REVOLUCIÓIMG_1955-e1433163605793El llibre “Una dolça revolució” del balaguerí Josep Pàmies ens parla de la stevia, una planta edulcorant amb propietats medicinals, convertida en el símbol d’una revolució pacífica que corre per jardins i balcons i també posa el gust al títol del llibre.

És la icona d’un moviment de milers de persones que troben solucions a la seva salut a través de les plantes i la saviesa ancestral. Josep Pàmies, agricultor de Balaguer, explica la seva història com a persona i activista, així com tot el procés que culmina en aquesta revolució.

Segons diu ell mateix, la seva història és la d’un pagès convencional que un dia, casualment, va descobrir que l’estaven enganyant i que, quan va descórrer les cortines, es va esgarrifar en veure que l’engany era molt més gran del que hauria pogut imaginar.”

“Una dolça revolució” és un llibre molt personal, en el que Josep Pàmies exposa la seva trajectòria vital. Al llarg dels anys ha comprovat de primera mà el mal que l’agricultura convencional està fent a la salut de les persones i al medi ambient, i això li ha fet prendre consciència dels interessos ocults que es mouen fora de la vista dels ciutadans. És per això que, desenganyat amb l’alimentació industrial que ell mateix també va produir durant uns anys, actualment dedica les seves energies a promoure un estil de vida natural i encoratja tothom a ser part del canvi que la humanitat necessita.  A les seves pàgines, trobareu les vivències i reflexions d’un pagès compromès amb temes com l’agricultura ecològica, la lluita contra els transgènics, les plantes medicinals i altres formes de sanació que actualment es consideren alternatives.

Amb la sanitat, les coses clares. ANC: prou mentides i amiguismes

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La Marea Blanca de Catalunya davant la campanya iniciada per l’Assemblea Nacional Catalana manifesta:

1.     Que el veritable i real responsable de l’estat actual del sistema sanitari públic català (sense obviar el paper del govern  central i de la UE) són els  successius governs de la Generalitat, que davant  d’una situació de crisi han reduint els pressupostos dels sectors que més poden ajudar a esmorteir els efectes de la crisis econòmica i social que pateixen les classes més desfavorides, i entre aquests sectors, la sanitat pública. Reduir els pressupost de sanitat en un 19% i alhora duplicar el personal de les unitats antiavalots dels Mossos d’Esquadra i incrementar un 80% els seu pressupost, és una decisió ideològica i política decidida pels governs de dretes encapçalats per Artur Mas i Carles Puigdemont.  Així és com responen a la crisi!

2.     Que no posem en dubte que hi ha un infrafinançament del sistema sanitari català , però resulta significatiu que una Conselleria dirigida per Boi Ruiz, avalada fins l’últim moment no  només pel govern d’Artur Mas sinó per Esquerra Republicana de Catalunya, que li va fer de crossa política parlamentària durant 4 anys,  retallés any darrera any el pressupost de sanitat i en canvi incrementés, dins  la mateixa àrea,  els contractes amb el sector privat, fins un 26%. Desballestament de la sanitat pública catalana sí, peen benefici d’uns quants. Així és i funciona el capitalisme d’amiguets.

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 3.     Per tant , la campanya endegada des de l’ANC no ens pot més que  sorprendre per la seva ‘ingenuïtat’ quan obvia per art de màgia la responsabilitat política dels nostres governs que és fonamental i bàsica, en la gestió del sistema sanitari públic. Volem pensar així per que si no, no tindríem altre remei que pensar que l’ANC amaga conscientment l’acció política d’un govern  que actua com qualsevol altre govern de la UE, inclosos la pròpia Comissió de la UE, i els governs estatals, com els presidits per Merkel, Rajoy, fins fa poc Cameron…

4.     Que el veritable càncer dels sistema sanitari públic català  és  la falta d’un autèntic servei nacional de salut 100% públic, transparent, que no amagui les seves vergonyes darrera consorcis i formes jurídiques privades opaques i gens democràtiques. En aquest sentit si que té sentit i li donem tot el nostre suport, la campanya “Fora privada de la pública”  .

 Volem que la sanitat pública  catalana , independentment de la forma política que el poble de Catalunya esculli, es constitueixi en  un servei nacional públic, i que no s’utilitzi com a focs d’artifici per a distreure la gent. No ens ho podem permetre. Ens hi va la salut i la vida.

Barcelona a 31 de juliol de 2016

COMISSIÓ PERMANENT DE LA MAREA BLANCA DE CATALUNYA

 

En comú podem!!! El Canvi ja és aquí!

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elcanvijaesaqui

Dimecres 22, 19h. Plaça Can Fabra de Barcelona

Arriba l’acte final de campanya, on comptarem amb alguns convidats especials. El 26J tenim una oportunitat històrica per fer fora el PP i les seves polítiques del Govern!

No et perdis les intervencions de: Owen Jones, Ada Colau, Xavier Domènech, Íñigo Errejón, Lucía Martín, Gerardo Pisarello, Laia Ortiz, i la música de Nacho Vegas…