Santiago Alba: “Los paises árabes son menos radicales que los europeos”

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Santiago Alba Rico, filósofo; 18 años viviendo en el mundo árabe; estudia la islamofobia.

Soy de la generación que huyó de la movida. Y yo, de Madrid al mundo árabe, aunque he venido a hacer campaña con Podemos: creímos demasiado en las encuestas y demasiado poco en la capacidad movilizadora de la derecha y del miedo. He disertado en Palau Macaya-La Caixa

Desde Túnez, Alba Rico es un referente intelectual de los podemitas madrileños. Así que nuestra conversación parte de su desencanto. Aprender del pasado consiste precisamente en no repetirlo, por eso tomo tres notas a vuelapluma para las próximas elecciones: 1. créete sólo las encuestas desfavorables, porque las favorables desmovilizan a los tuyos y movilizan al contrario; 2. el miedo arrastra a más humanos hasta las urnas que el amor, así que si no puedes conseguir que te amen, consigue al menos que no te teman tanto como para ir a votar en vez de quedarse un ratito más en la playa, y 3. el votante cada vez es más volátil, así que reza para que no haya un referéndum de resultado sorprendente y atemorizador el día antes.

El mundo árabe se está radicalizando porque no le dejan democratizarse?

Para empezar, los países de la UE son políticamente mucho más radicales que los del mundo árabe. Y no es una impresión personal: el último sondeo de la Fundación Adenauer demuestra que en Austria el 50% de la población apoya a la extrema derecha…

La clase media de la UE en el norte protesta por la derecha y en el sur por la izquierda.

…Y un 40% de los húngaros también apoya a la extrema derecha; en Holanda son el 33% y en Francia el 31%.

¿Y el Estado Islámico es la ultraderecha del mundo árabe?

Es la opción más radical, pero con muchas menos adhesiones que las europeas. En el norte de África el apoyo al Estado Islámico fluctúa entre el 1,5% de Túnez y el 2,7% de Libia.

¿Pero esa minoría no es la que se va a Siria a pegar tiros y la que apoya a los yihadistas?

El fascismo siempre surge de una revolución derrotada. Y el advenimiento del Estado Islámico es, en efecto, la consecuencia del fracaso de la revolución democrática árabe. Pero, aun así, fíjese qué poco apoyo tiene.

No será que el islam es violento: ¿acaso el Corán no exige a sus fieles la guerra santa?

Esa es la falacia propagada por los medios de comunicación.

¿Llama el Corán a la guerra santa o no?

El Corán dice eso y cualquier cosa: millones de musulmanes encuentran en él la justicia social, la democracia y la igualdad. El islam no es un sujeto, sino muchos. Hay cuatro escuelas coránicas y un mundo de diferencia entre el islam que se practica en Mauritania y el de Pakistán.

Pero hay uno que llama a todos a la yihad.

En el mundo hay 1.500 millones de musulmanes y usted habla de ese Corán del wahabismo como si fuera el único.

¿Es esa la raíz del terror islamista?

Y de la intolerancia y el integrismo que llevan al terrorismo. Lo paradójico es que, cuando surgió en el siglo XVIII, era una corriente minúscula e irrelevante. Su crecimiento fue fruto del pacto entre Arabia Saudí y EE.UU. en 1945.

¿Por qué se transformó en amenaza?

Porque, entonces, Abdelaziz, primer rey de Arabia Saudí, firmó un acuerdo con Roosevelt, que daba el control de su petróleo a EE.UU. y, a cambio, las ingentes rentas petroleras a Riad para difundir el wahabismo en el mundo árabe contra el panarabismo y la izquierda.

Esas izquierdas árabes se hicieron aliadas de Moscú en plena guerra fría.

Y 70 años después, el Estado Islámico es el residuo de aquel acuerdo entre la mayor democracia y la mayor teocracia del mundo.

¿Veremos democracias árabes algún día?

Mientras vendamos armas a Arabia Saudí va a ser complicado acabar con el totalitarismo integrista wahabí y sus derivados salafistas y yihadistas, que llaman a la guerra y al terror y frenan cualquier tentativa democratizadora .

¿Por qué España es poco islamófoba?

Lo es menos que Francia o Alemania, por ejemplo, y estamos a tiempo de evitar que lo sea más.

¿Somos aquí menos islamófobos porque tenemos menos inmigración musulmana?

De momento, en España sólo hay algún político islamófobo, como García Albiol, pero no un partido entero ni una política institucional, ni toda una clase intelectual como en Francia.

¿A qué intelectuales franceses se refiere?

A Michel Houellebecq, Alain Finkielkraut o Caroline Fourest, por citar los más populares.

Houellebecq a veces es misógino y reaccionario, y otras un escritor genial.

El problema es que la tele da al premio Nobel Modiano tres minutos para defender la tolerancia y a Houellebecq nueve para que se declare islamófobo. Si ponen su prestigio al servicio del Frente Nacional, tienen un problema grave y seguro que va a empeorar.

Aquí el descontento se vehiculaba por la izquierda, pero parece que se ha frenado.

Podemos ha retrocedido estas elecciones por una combinación de factores cristalizadospor el miedo y precipitados por el Brexit.

¿Miedo generalizado a perder la pensión?

Me temo que esa es una explicación tan simplista como acertada.

Si sólo tienes la pensión, vas a votar lo que creas que la amenace menos.

Por eso, Podemos debería haberle dado la vuelta a ese miedo y explicar al pensionista que el verdadero peligro de rescate de Bruselas, quiebras bancarias, preferentes, desahucios, recortes y miseria para las clases medias era Rajoy.

Pero la seguridad se la dio el PP.

Y de un modo muy transversal, es cierto. Tanto que hablábamos de transversalidad en Podemos y al final ha sido Rajoy el más transversal al captar votos: desde los de quienes nos saludaban en los pueblos castellanos brazo en alto en campaña hasta los de centroderecha catalán.

Habrá más elecciones para todos.

Y, pese a todo, Rajoy ha perdido 4 millones de votos en cuatro años. Debemos tener en cuenta que el votante no ha sido nunca tan volátil como ahora y aún lo será más.

¿Cuál ha sido su peor error?

El de Podemos ha sido creerse las encuestas y dejar de movilizar a su gente, cuando quien de verdad estaba movilizando a la suya sin que nos percatáramos era Rajoy, aferrado a su arrecife mientras a su alrededor las olas del temor a lo desconocido batían toda España.

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